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sábado, abril 20

Nobody's Daughter Haewon, de Hong Sang-soo

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Al final no vino Hong Sang soo. Una tristeza grande. A cambio estuvo casi toda su obra. Faltó esa pequeña gran película (nos negamos al termino cortometraje) llamada List, una variación sobre el comienzo de In another country (2012). Además, el festival editó un libro compilando notas, críticas y reportajes sobre el maestro coreano. En algún lado, escribimos lo siguiente:

El festival también editará un libro sobre su obra. No es un dato menor. A pesar de la importancia de HSS en el cine moderno, la bibliografía dedicada a su cine es injustamente escasa. Tampoco es mucho lo que aparece buscando por la red. Los reportajes que se encuentran no suelen ser muy esclarecedores. A Hong –parece-, y a diferencia de sus personajes, no le gusta hablar de su arte y menos teorizar sobre el. Una actitud que engrandece su figura y que parece decir que con las películas ya es suficiente. Ni desconfianza en las imágenes, ni exceso de confianza en las palabras. 

Al enterarnos que Hong no venía, la depresión nos hizo suspender un texto extremadamente largo que llevaba por título “Hombres con mochilas: un recorrido por las películas de Hong Sang soo”. Esperamos, una vez superado el cansancio festivalero, poder continuarlo y alguna vez darlo a conocer. 
Ayer vimos la última (por ahora) película de HSS, Nobody's Daughter Haewon y, como suele suceder, nos gustó mucho. En el texto sobre esta película en el libro editado por el festival, se citan declaraciones sacadas de un reportaje realizado por la revista Korean Cinema Today. En dicha entrevista Hong, como siempre, habla poco pero dice algunas cosas. Por ejemplo, estas:

Esta es la primera de sus películas en la que una mujer, una joven, es la narradora desde el principio hasta el final, en su totalidad. ¿Hay alguna razón para que Haewon, una de poco más de veinte años, sea la protagonista? También me da curiosidad saber por qué le puso ese nombre. 

Había decidido hacer una película y estaba buscando actores cuando conocí a Jeong Eun-chae. Su encanto fue probablemente la razón por la que este film se centró en una mujer joven de veintipico. Con respecto al nombre Haewon, sonaba lindo. 
Jeong Eun-chae es un nuevo nombre en el grupo de actores de sus películas. ¿Qué lo impresionó y qué descubrió de ella durante el rodaje? 

Para mí siempre es difícil describir lo que siento con un actor en palabras. Pienso que su actuación fue muy buena durante el rodaje. Trabajar juntos fue una experiencia agradable.

Jane Birkin aparece al principio de la película. Escuché que usted no sabía realmente quiénes eran ella y su hija Charlotte Gainsbourg. Cuéntenos cómo llego Jean Birkin a aparecer en la película. 

Nos estábamos preparando para el rodaje cuando Jane Birkin vino a Corea para un concierto. Me buscó y me invitó al concierto. No la conocía mucho en ese momento, pero creo que ella había escuchado de mí por Isabelle Huppert. Le dije que el primer día de rodaje era el mismo día del concierto, y ella dijo que vendría a visitar el set, y que incluso haría un cameo si yo quería. Me pareció un gesto divertido y considerado, y entonces le pedí que apareciera en la película.

Hay una escena en la cual Haewon dice: “Vendería mi alma por ser como la hija de Jane Birkin”. ¿La idea de esa línea del guión fue de Jeong Eun-chae? 

Cuando Jane Birkin vino al rodaje, le escuché decir al productor que Jeong Eun-chae era una gran fanática del trabajo de su hija, Charlotte Gainsbourg. Así que lo termine escribiendo en el guión esa mañana. Fue una oportunidad.

La ropa y el corte de pelo de Haewon también son extremadamente similares al estilo de Charlotte Gainsbourgh. ¿Fue esto una coincidencia? Me dijeron que usted personalmente se ocupa de la apariencia de los personajes en sus films. 

Fue una coincidencia. En el placard de Jeong Eun-chae encontré ropas que le iban bien al personaje. 
La aparición de los personajes Yeonju (Ye Ji-won) y Jungshik (Yu Junsang) son un guiño simpático para los fans de Hahaha (2010). Es la primera vez que personajes de uno de sus films reaparecen en otro. ¿Hubo una razón especial para presentar la personaje principal de Hahaha en Nobody's Daughter Haewon?

Necesitaba otros personajes para rodear a Haewon y elegí a Ye Ji-won sin planearlo demasiado. Antes del rodaje fui a la boda de uno de los miembros del equipo técnico y me encontré con Yu Junsang. El me dijo que tenía que estar en esta película. Bromeando le dije: “Entonces los dos van a tener que aparecer como el dúo de Hahaha”. Y ese chiste volvió a mi cabeza mientras escribía el guión por la mañana y así fue cómo ocurrió.

Continuará… (esperemos)

Agradecemos de antemano a la revista Korean Cinema Today (y al crítico Kim Hyun-min) y a la gente del BAFICI. Especialmente a Juan Manuel Domínguez, editor del libro El director desnudado por sus pretendientes – El cine de Hong Sang soo, de donde sacamos la traducción de dos de las preguntas / respuestas que aquí citamos. Obviamente, no sé le pidió autorización a nadie. Si alguien desea quejarse, nos avisa...

Marcelo Alderete

domingo, abril 14

In another country, de Hong Sang-soo

4 comentarios:

El cine de Hong se concentra cada vez más y ahora, con In Another Country, llega a un límite difícil de superar. La historia, como ocurre con sus últimas películas, está dividida en varias partes, tres en este caso.
Todo comienza con la llegada de una madre y su hija a las playas de Mohang. La hija, para calmar sus nervios, decide escribir un guión. Ese guión es la película. Tres historias que repiten sus locaciones, actores, objetos, incluso diálogos. Este recurso, (que a priori parece provenir de un lugar infernal donde viven las ideas para guiones de todos los estudiantes de cine del mundo), funciona de manera exquisita. Estamos en el terreno de la comedia (romántica) pura. Todos los elementos del cine de Hong están aquí pero, repito, de manera concentrada. Su elemento más particular y que obviamente resalta, es la presencia de Isabelle Huppert. A diferencia de lo que suele ocurrir con el cine de nuestro bendito país, en donde las co-producciones con otros países son justificadas con las siempre extrañas e inverosímiles apariciones de algún personaje extranjero, aquí la justificada aparición de Huppert termina de transformar la película en una genialidad. Huppert entra al universo de Hong Sang-soo y automáticamente se transforma en uno de sus personajes borrachines, enamoradizos y parlanchines. Por otro lado, el protagonismo de Huppert y el hecho que -aunque sea desde la ficción- el guión sea escrito por una mujer, logran que In Another Country sea el primer título de Hong con mirada femenina, por no decir directamente feminista. La inclusión de una extranjera como objeto de atracción, también transforma la película en una hilarante crítica a los hombres coreanos y sus actitudes machistas, por otro lado tan parecidas a las del resto del mundo.
Otra particularidad de la película, es su joven protagonista, el actor Yu Junsang interpreta a un guardavida, cuyo personaje responde a ese nombre: El Guardavidas. La actuación de Yu es vital y la actividad que lo define: física; a diferencia de los eternos intelectuales que pueblan las películas de Hong. Aquí Yu, nada, canta, cocina y hace el amor sin ningún tipo de carga intelectual que se interponga a sus vitales deseos. Ante un problema sentimental que parece no tener solución (los diálogos entre Yu y Huppert son todos tan graciosos como inolvidables), el simpático Yu solo dice "Whatever" y sigue adelante o mejor dicho, sigue esperando en su carpita al lado del mar. Algo impensable en los vuelteros y enredados personajes previos de Hong. Algo que sí comparte con anteriores personajes, es la insistencia a la hora de conquistar mujeres. ¿Quién podría culparlos?
En uno de los grandes momentos de la película, Isabelle Huppert camina por un bosque rumbo a la playa, tomando de la botella tragos de Soju, una potente y exquisita bebida alcohólica coreana, como todos deberían saber. En un momento se detiene y, con toda su belleza no sólo intacta sino cada vez mayor (si tal cosa es posible), se sienta sobre una roca, toma un largo trago y una vez finalizado emite un liberador y sensual "Ahhh". Al rato vuelve a tomar otro trago y repite: "Ahhhh", segundos más tarde, nuevamente vuelve a tomar otro trago y repite por última vez: "Ahhhhh". Imposible ver esta escena y no enamorarse perdidamente de la pelirroja de Huppert. Un verdadero orgasmo cinematográfico, si me permiten el exceso. Hong Sang-soo demuestra una vez más su amor por el cine. El mejor director de cine de la actualidad. No hay dudas.

(Una versión levemente diferente de este texto fue publicada previamente en Encerrados Afuera).

IN ANOTHER COUNTRY tendrá su estreno local (¡milagro!) y durante el BAFICI se proyecta los siguientes días:

Jueves 18, 20.30, V. Recoleta
Sábado 20, 13, V. Caballito

Marcelo Alderete

Woman is the future of man, de Hong Sang-soo

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Todo se repite en la obra de Hong Sang-soo. Personajes (casi siempre directores de cine o profesores relacionados con el arte), las tramas (hombres – dos, la mayoría de las veces- arrastrando sus problemas sentimentales y existenciales, enfrentados al amor o desamor de una mujer), las situaciones y hasta ciertas imágenes (hombres con mochilas, caminatas, largas conversaciones, bares en donde se bebe y come copiosamente, pero sobre todo se bebe, calles con nieve, borracheras). Ver estas reiteraciones como un defecto o limitación, es un error. Se sabe, alguien ya lo dijo, los malos directores tienen demasiadas ideas, los grandes, sólo una. 
Aquí, las variaciones son las siguientes: un director de cine vuelve a Seúl después de pasar unos años en EUA, en busca de un amigo a quien no ve hace tiempo. Más tarde, en un bar, mientras conversan y beben (soju, claro), recordaran a un antiguo amor compartido y decidirán ir a visitarla. Después de idas y vueltas, geográficas y en el tiempo, el final encontrará a uno de los personajes masculinos, sólo, en el medio de la calle, paralizado en algún lugar entre el presente, el pasado y el futuro. Su única esperanza de abandonar ese estado, quizás, sea la que indica el título.
En este, su quinto film, se confirma una sospecha: es imposible que Hong Sang-soo dirija una película mala.

(Una versión reducida de este texto fue publicada en el catálogo del BAFICI 15).

Marcelo Alderete

sábado, abril 13

Las extrañamos, chicas!

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Tratando de recordar qué pensabamos de Hong Sang-Soo de quien se hace una retro en este BAFICI encontramos esta joyita retro de una de nuestras chicas allá por el año 06:

Filosofía pelada. A tale of cinema, Hong Sang-Soo. La clase de película que si no te gusta quedás mal con todo el mundo y recibís comentarios hirientes de los que saben (imaginen a Quintín con la posibilidad de decir un título en francés y encima homónimo de una obra de Duchamps como había sido la película anterior del mismo director: Virgen desnudada por sus pretendientes) y que si recomendás a alguien te considera una tilinga que se quiere hacer la que no solo va a la universidad, sino que encima estudia e incluso entiende algo. Lo que estoy segura es que, como dijo nuestro jefe de gobierno y filósofo pelado de sí mismo, este film coreano es a todas luces, afrancesado. Durante la proyección me sentí como en una cena con los padres de un nuevo novio; no entendía bien de qué se trataba y cómo iba a terminar. No sabía muy bien si quería estar ahí, por qué y si no era mejor al final estar sola mirando el cable en casa y en pantuflas. Debo decir que al final fue saliendo adelante, que incluso los personajes me parecieron simpáticos y que hoy me levanté a la mañana pensando que la pasé bien. Particularmente me parece que el tono irónico de todo el tiempo genera una intranquilidad que no ayuda porque pensás que se refiere a vos que no entendés. Pero la verdad, al final, me gustó y voy a volver a cenar con este chico y su familia. Miss Mundo.

Una especie de mensaje para nosotros mismos desde el pasado; gracias chicas! Como a Laura, Marcela, Ludmila y Miss Mundo misma. Las extrañamos.

sábado, marzo 30

Postales charrúas III: Montevideo, capital de Corea (del sur)

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El día 26 de marzo, pasadas las 11 de la mañana, por las calles de Montevideo se escucharon bocinazos. Los motivos de esta urbana manera de expresar alegría, se debían a que el BAFICI acababa de anunciar la visita de Hong Sang soo a tierras porteñas. Un motivo de júbilo justificado. Sobre Hong y las implicancias de su visita (que básicamente opacan todo el resto de lo que pueda ocurrir en cualquier festival) nos ocuparemos más adelante. Un par de días después se exhibió aquí, en el festival de Montevideo, la ante-última película del autor coreano. La luminosa y divertida In another country (ya hay una más: Nobody's Daughter Haewon y –dicen- otra en camino). La sala de la Cinemateca uruguaya estaba casi llena, lo cual era de esperar, y al final de la función nos fuimos todos felices. No es ninguna sorpresa. Felicidad es lo que generan siempre las películas de Hong. Sobre todo las de esta última etapa. Al volver a verla, confirmo que Joon Sang Yu (para quienes vieron la película, es quien interpreta al bañero) es, después del argentino Tony Leung -claro-, el mejor actor del universo. Diría también uno de los más guapos, pero prefiero no hacerlo y evitar maliciosos comentarios sobre mi persona. Aunque el más guapo siga siendo, también, el ya nombrado Tony Leung. 
Sobre la película, como de casi todo lo que mencionamos en este texto, hablaremos más adelante.
Es sabido que las casualidades suelen venir encadenadas. El día de nuestro arribo, descubrimos un restaurante coreano recién inaugurado a pocas cuadras de nuestro hotel.
La colectividad coreana en Montevideo es más grande de lo que uno podría suponer. Una simple recorrida por el centro nos lleva a descubrir un par de restaurantes e iglesias coreanas. Cerca, Corea (del sur), siempre estuvo cerca.
Sobre el local recién inaugurado, podemos decir que una de sus mozas es una chica uruguaya que habla coreano con una corrección inesperada (aseguro con un caradurismo al que por suerte, creo, ya los tengo acostumbrados) y es, como todo el mundo, fanática del K-pop. La comida de este lugar (del cual no recuerdo el nombre, pero al cual volveremos) no está mal, pero el restaurante que no hay que perderse es Arariyo. Verdadera comida coreana, con una atención que me hizo sentir en mi Incheon natal y en el cual probé por primera vez un delicioso postre llamado hongsi.
Sirva este pequeño adelanto cinéfilo-culinario (seguramente en el bello idioma coreano existe una palabra que unifique estos dos placeres) como un precalentamiento al banquete hongsangsooniano que nos espera a nuestra todavía lejana vuelta a Buenos Aires.
(Acerca de las recientes noticias sobre la tensión entre Corea del norte y Corea del sur, sólo tengo para decir, según mis amigos coreanos, que no es para tanto, que se trata de exageraciones de la prensa occidental. Esperemos que así sea.)
Abandonemos a un maestro para pasar al otro.
Dentro de la programación del festival hay un corto sobre la figura de Godard, realizado por el director de fotografía Fabrice Aragno (el de Film socialisme y la inminente y futura ganadora del festival de Cannes Adieu au langage) y con guión escrito por el mismísimo JLG. Su pomposo título es Jean-Luc Godard – Quod erat demonstrandum (que significa algo así como: lo que se quería demostrar o probar) y es uno de los grandes momentos del festival para la peña godardiana. Ya informaremos al respecto, una vez que la veamos.
Debido a obligaciones laborales, me perdí su primera función y tengo miedo de que ocurra lo mismo con la segunda. Esos miedos, junto a los excesos culinarios del banquete coreano me llevan a tener pesadillas durante la noche.
En esas pesadillas se aparece sentado al lado de mi cama, el mismísimo Jean-Luc Godard, quien mientras se fuma un terrible habano me mira a los ojos y me dice:
“Mentiroso”. Sin ningún tipo de reacción de mi parte, el irónico franco-suizo continua con su acusación: “Mentiroso” repite, “por que en todas estas crónicas en las que decís contar la verdad sobre tus días en el festival de Montevideo, ni una sola vez escribiste sobre esa chica coreana con la que vas a todas partes”.
Me despierto sobresaltado por el ruido de la ventana que, cual película de terror clase b, se abre y cierra ruidosamente. Me asomo a la ventana y en la esquina, iluminado por la luz de la luna llena (je), la desgarbada figura de Jean-Luc me mira, todavía acusador y, a pesar de la distancia, alcanzo a leer en sus labios, nuevamente, la palabra mentiroso. Me vuelvo a despertar y esta vez sí, abandonamos el mundo de los sueños y los recursos trillados.
Acepto la lógica de los sueños, pero no logro entender cómo es que Godard me habló en un perfecto castellano y mucho menos con acento uruguayo.
Trato de recuperar el sueño, pero es imposible. Bajo al desabitado hall del hotel y empiezo a escribir esta crónica, en la cual les prometo a partir de ahora, contar toda la verdad y ver si de esta manera, consigo exorcizar el terrible y acusador fantasma del Godard uruguayo.

Marcelo Alderete

Fotos: Cecilia Barrionuevo


domingo, septiembre 2

Postales coreanas VIII - El final

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En la última postal coreana me despedía diciendo que todavía quedaba mucho por contar, fotos que mostrar, etcétera, pero a pesar de ser cierto, las cosas no van a ser así.
Después de mi paso como jurado en el PIFAN, me dirigí a Seúl en donde estuve una semana trabajando en colaboración con la gente del KOFIC (Korea Film Council) para el armado de una selección de películas de nuevos directores coreanos. Dichas películas serán exhibidas –obviamente- en la próxima edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (¡primicia exclusiva para los lectores de Encerrados Afuera!).
Mis días en Seúl fueron menos glamorosos, pero igual de excitantes que los pasados en Puchon. Mi rutina diaria había sido planificada desde mucho antes de mi llegada y junto con Woody Kim (mi jefe y ángel de la guarda) la cumplimos con un rigor militar.
A las 8:30 de la mañana Woody me pasaba a buscar al hotel y de ahí a los cuarteles generales del KOFIC en donde sólo parábamos cuarenta minutos para almorzar y seguir hasta las 18:30. En el medio, reuniones, visionado de películas y armado de presupuestos para que todo rinda al máximo. Al final de la jornada se preparaba la siguiente, y así.
Las noches, por supuesto, quedaban libres. Gracias a esa buena estrella que me acompañó durante todo el viaje, varias de las personas que conocí en el festival se quedaron unos días extras en Seúl. Entre ellos, Bo Mi Hong, programadora de PUCHON, Pierce Conran, irlandés que vive en Corea y escribe para la página Twitch, y Sten, con quien compartí las tareas de jurado durante los días del PIFAN. Unas breves palabras sobre Sten Saluveer: Sten es estonio y vive en Japón, trabaja como programador para el festival Tallinn Black Nights, produce películas y es músico amateur.
Uno de los momentos más inolvidables durante el festival, ocurrió cuando, en el medio de un Q & A (preguntas y respuestas) después de la proyección de una película japonesa en competencia, Sten pidió el micrófono y frente a una sala llena realizó su pregunta en japonés. En el momento exacto en el que Sten habló, ochocientas personas giraron sus cabezas y en toda la sala se escucho un “¡uuuhhh!” de admiración y sorpresa ante este personaje de metro ochenta de altura, rubio y con lentes Tom Ford, que habla un idioma tan ignoto a la perfección (al menos desde nuestra visión occidental). También el director de la película se sorprendió y la charla entre ellos se extendió por varios minutos. Todos seguíamos extasiados escuchándolos hablar, aunque no entendiéramos nada de lo que se decían. Háblenme ahora de nacionalismos. Fueron poco los días que compartimos con Sten, pero los suficientes como para considerarlo un hermano en este mundo de los festivales de cine.
Seúl es una ciudad moderna o mejor dicho: nueva. Un lugar que se renueva constantemente, sin por eso olvidar la preservación de ciertas áreas. A diferencia de Buenos Aires; una ciudad vieja y rota, en la que lo que se rompe, se arregla hasta que se vuelva a romper y así, sin ninguna idea de planificación a futuro. Buenos Aires -tan melancólica ella- admira y vive de un pasado al que maltrata en el presente. Seúl cree en el futuro respetando su pasado.
Las noches en Seúl eran divertidamente rutinarias. Salir a caminar por ahí en plan turista, para más tarde comer en algún lugar y de ahí terminar inevitablemente en algún bar.
Fue una de esas noches, después de visitar una muestra dedicada a la historia de la publicidad en Corea, que alguien del grupo nos propuso ir al bar en donde Hong Sang Soo filmó The day he arrives (2011). En ese momento, después de evitar el desmayo, logré concentrarme lo suficiente para no gritar como un demente y sólo decir: “Si, claro, vamos”. Algunos del grupo argumentaron que quedaba medio lejos, que era difícil de encontrar, que no era gran cosa, etc., el sentido común prevaleció y hacia ahí nos dirigimos. Tenían razón los que decían que quedaba lejos y que era difícil de encontrar, pero estaban muy equivocados los que sostenían que no era gran cosa. Después de dar vueltas y avanzar y retroceder varias veces, dimos con el callejón sin salida en el que se ubicaba el bar en cuestión.
Al llegar nos recibió su dueña, Yoem Ki-Jung, con un asombrado: “¿Por qué vienen acá?”. Adentro del bar solo había seis personas y el grupo de la dueña, que no llegaban a ser cuatro más. Imaginen el rostro de esa gente al ver entrar a un estonio, un argentino, un americano y un irlandés acompañados de dos coreanos. Suena casi como el mejor comienzo de un chiste de la historia. Ni bien nos sentamos la dueña nos explicó la mecánica del lugar, que consistía básicamente en ir hasta la cocina y traerse las bebidas que uno quisiera.
Al rato de estar bebiendo, la anfitriona se sienta en nuestra mesa. Todos les cuentan que yo soy argentino, ante lo cual Yoem Ki-Jung me dedica su versión de No llores por mi Argentina, logrando, obviamente, todo lo contrario. Entre su repertorio también está Somewhere over the rainbow, cantado en un particular y sentido inglés. Pero daba lo mismo lo que cantara Yoem, cada vez que empezaba con una nueva canción, yo lloraba. Y no hablo de lágrimas que se podían disimular, hablo de verdadero llantos desconsolados que no había manera de ocultar, excepto yendo al baño al lavarme la cara y disimular mis ojos cada vez más rojos (y no sólo por las lágrimas).
En la entrada al baño, para empeorar las cosas, había un afiche de The day he arrives medio roto.
La noche siguió, pero de esa parte sólo tengo imágenes sueltas. Sten tocando el piano, gente en la mesa que se dormía sentada sin ningún tipo de pudor, solo para despertarse al rato y seguir bebiendo. Otros que cambiaban de mesa para sumarse a brindis ajenos, más canciones de Yoem Ki-Jung, más lágrimas del argentino llorón y así, hasta que en algún momento nos fuimos entre abrazos y promesas de volver a vernos.
Antes de venir a Corea, mi amiga Luna (una coreana que extrañamente elige vivir en Buenos Aires) me dice que tengo que conocer el país para entender algunas cosas que sólo he visto en las películas. No sé si la frase es del todo cierta. Lo que sí sé es que el cine de Hong Sang Soo nace de su talento único, obviamente, pero la materia prima de donde proviene está en este tipo de lugares. Después de todo, quizás tenga razón Luna.
Hubo otras noches y todas fueron divertidas y particulares, pero ninguna como la noche en la que conocimos el bar en donde Hong Sang Soo filmó gran parte de The day he arrives. ¿Cómo superar eso?
Si un día de estos abandono todo y me retiro a un fumadero de opio (viejo sueño de juventud desde que vi Érase una vez en América) no hay duda que en mis sueños opiáceos este es el lugar al que voy a volver eternamente.
El resto fue más trabajo y más noches de caminatas, bares y soju. Y despedidas, claro, la parte más dura de todo viaje. Aunque siempre hay un momento en el que uno sabe que tiene que irse. No volver, irse.
La noche que me despido de Sten, lo hacemos como si fuéramos a vernos al otro día, aunque es probable que nunca nos volvamos a ver en persona.
El día que me voy, Woody me pregunta que quiero hacer. Le digo que, por extraño que parezca, me gustaría ir al cine ya que desde mi llegada a Seúl no había podido hacerlo. Paradójicamente, el motivo fue que estuve encerrado mirando películas. Woody no lo duda un segundo y arregla todo para que vayamos a ver The Dark Knight Rises al I-MAX ubicado en el World Cup Stadium (impresionante estadio construido para el mundial de fútbol Corea – Japón 2002). Mis últimas horas en Seúl, y yo viendo un blockbuster hollywoodense. Cinéfilo se nace, se vive y se muere. Contra eso no hay nada que se pueda hacer. Después de la película, nos fuimos a recorrer el bohemio barrio en donde vive Woody y listo.
Hasta acá llegó el viaje.

En el colectivo que me lleva al aeropuerto, me siento atrás de dos señoritas chinas. Una de ellas llora desconsoladamente. Aprovecho su llanto para ocultar el mío. Durante el viaje pasan por la ventana del micro paisajes que hasta ese entonces no había visto. Grandes extensiones de agua y pequeños islotes que remiten a esas películas coreanas que transcurren en zonas rurales.
Todo aumenta la tristeza de la despedida.
No entiendo porque llora la joven china, pero la comprendo.
La última vez que llore tanto al irme de un lugar fue cuando me fui del BAFICI, pero ahí había pasado más de diez años de mi vida.
En Corea solo veintiún días.
Ahora si, entre tristes y patéticos lloriqueos, se despiden definitivamente estas postales coreanas.

Será hasta la próxima.

Marcelo Alderete

sábado, junio 23

Pecados Canninos (XI) - Final

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Fue hace poco, pero parece que el festival de Cannes, ocurrió hace miles de años, en una galaxia muy lejana… Pero como por estos lados no nos preocupan mucho las novedades, ni las noticias de último momento, nos disponemos, ahora, a realizar un balance de esta edición 65º del festival de Cannes. Y que mejor para eso que concentrarnos en su Palmarés (simpática forma de referirse a lista de películas premiadas), pero antes…
Escribí hace tiempo (y lo repito, ya que el público se renueva…) que Cannes es el mejor y a la vez el peor de los festivales de cine. La primer parte de esta afirmación responde a su historia y su halo mítico. Algo que Cannes logró a través del tiempo y que ningún otro festival supo o quiso (hay una decisión política detrás de cada festival) construir. Este lugar hace que todo el mundo quiera ser parte del festival. Desde los consagrados hasta los noveles. El ganador de la Cámara de Oro, Benh Zeitlin, director de la discutible pero visualmente impactante Beasts of the southern wild, al recibir su premio, llamó al festival “El templo”. Este espacio de centro del mundo cinematográfico, lugar en el que hay que estar, punto de partida de la agenda del resto de los festivales de cine del mundo, transforma a Cannes en algo más. Un lugar en donde conviven las más personales de las obras con el último producto de marketing hollywoodense. Un mercado atendido, en algunos casos y cada vez menos, por artistas. Hoy en día no está bien visto escandalizarse por esto, al contrario, es algo aceptado, una forma de sobrevivir, y no solo de los festivales. Ya nadie apuesta por el extremismo. Y Cannes, con una película-escándalo por edición, ya tiene cubierta su cuota de riesgo. Así están las cosas por ahora. 
La parte mala incluye o se desprende de la parte buena. Al analizar los títulos seleccionados, uno se da cuenta que la calidad intrínseca de las películas no es lo prioritario. Tratar de discernir los criterios artísticos de Thierry Frémaux, su agenda, es algo que todos los críticos intentan en algún momento dilucidar con resultados casi siempre poco satisfactorios. ¿Cómo justifica Frémeaux la inclusión de películas como The taste of Money de Im Song-soo o The paperboy de Lee Daniels? No lo hace. O le encuentra méritos y justificaciones dentro de la lectura final y total de la programación. Quién mejor que él, parece decirnos, para explicarnos lo que pasa en el mundo del cine. Aunque para hacernos entender eso, sea necesario mostrarnos también ejemplos mediocres. Lo dicho, la selección de Cannes es algo difícil de discernir. Y todo esto sin considerar los gustos personales y/o caprichos. Quizás, en esta parte tan humana se encuentre la respuesta a casi todo. Pero imposible enfrentarnos a esto. La desazón sería demasiado grande.
Entonces, vamos con el Palmarés, que fue el siguiente:

Palme d'Or:
AMOUR (LOVE) dirigida por Michael Haneke

Grand Prix:
REALITY dirigida por Matteo Garrone

Mejor director:
Carlos Reygadas por POST TENEBRAS LUX

Mejor guión:
Cristian Mungiu por DUPÃ DEALURI (BEYOND THE HILLS)

Mejor actriz (compartido):
Cristina Flutur y Cosmina Stratan por DUPÃ DEALURI (BEYOND THE HILLS) dirigida por Cristian Mungiu

Mejor actor:
Mads Mikkelsen por JAGTEN (THE HUNT) dirigida por Thomas Vinterberg

Premio del jurado:
THE ANGELS' SHARE dirigida por Ken Loach

Empecemos por el principio. Amour de Michael Haneke. Desde su primera proyección ya fue la favorita para llevarse la Palma de Oro. Hay algo indiscutible en esta película. Desde su historia (una pareja de ancianos enfrentando la muerte de uno de sus integrantes), sus actores Jean Louis Tringtignant y Emmanuelle Riva, su puesta en escena, todo. Inclusive cierto humanismo que no suele aparecer en el cine de este austriaco, más acostumbrado a mirar a sus personajes desde cierta distancia y altura. Pero es toda esta grandeza previa lo que termina funcionando en contra. Mas que nunca vuelve a ser pertinente Manny Farber y su teoría del arte (cine) elefante blanco, un cine que exige para sí mismo toda la grandeza del arte en mayúsculas vs. el arte termita, representado por películas que se mueven en el margen, cerca de los géneros considerados menores. (Digo esto simplificando de manera brutal las ideas de Farber). Amour es, sin dudas, un representante perfecto de lo primero. Haneke continúa algo que, de manera menos lograda, comenzó con La cinta blanca (2009). Esto es, trabajar en el género de “la obra maestra” y ubicarse con una sofisticada prepotencia en el parnaso de los maestros del cine. De alguna manera, Amour, es la película perfecta para ganar en Cannes y en cualquier otro festival del mundo (Oscar incluido). El cine de qualité, cambia de forma y vuelve a atacar, siempre.
Por otro lado, para el jurado era la película de consenso frente a otras propuestas más arriesgadas y personales. Amour, obviamente, fue comprada por un distribuidor argentino. Inclusive antes de alzarse con la codiciada Palma. Lo que habla una vez más de la obviedad de todo el asunto. Amour exige su lugar de película importante y lo hace con mejores armas que las usadas anteriormente por Haneke, no suena a poco, y sin embargo... Volveremos sobre esta película (Por amor, creo que será su título local) una vez que se estrene en las salas argentinas.

Como suele ocurrir en los últimos años, la programación de la competencia oficial de Cannes estuvo armada mayormente con directores consagrados o de cierto renombre (merecido o no): Michael Haneke, Abbas Kiarostami, David Cronenberg, Hong Sang-Soo, Wes Anderson y Leos Carax con su sorprendente reaparición.
Este año, esa primera línea cumplió con creces. Y  presentaron películas notables por una u otra razón. Haneke inclusivo, hay que decirlo. Demostraron un cine vivo y que en algunos casos plantean nuevos horizontes para las obras de sus respectivos autores.

Una segunda línea, compuesta por quienes de hacer bien sus deberes terminarán siendo parte de la elite (aunque a veces puedan terminar olvidados con el tiempo, o con una carrera más o menos exitosa, pero que, seguramente, poco aportará a la historia del cine). Ellos fueron este año: Carlos Reygadas, Matteo Garrone,  Cristian Mungiu, Jeff Nichols, Ulrich Seidl, Sergei Loznitsa  y en (muy) menor medida, Thomas Vinterberg,  Jacques Audiard y Walter Salles.
Haneke (cuando era bueno) supo pertenecer a esta categoría, hasta finalmente lograr el buscado ascenso.
Este segundo grupo, que por otra parte arrasó con el palmarés, no estuvo a la altura. Ninguno de ellos, cada uno con sus respectivos, (y en algunos casos ya repetidos) recursos y universos particulares, lograron superar obras anteriores, y mostraron un alarmante estancamiento, cuando no retroceso. Con algunas excepciones, para bien o para mal, sobres las cuales retomo más adelante.
Y una tercera línea dedicada a nombres ignotos, de ser posible, de algún país con no mucha tradición cinematográfica. Posibles futuros descubrimientos de Cannes, lugar de donde deberían provenir los nuevos nombres. Este grupo, directamente, no existió. O, aún peor, estuvo compuesto por películas menores en todo sentido, que apenas si lograron ocupar un lugar de relleno. No sé trata de un cine menor o de baja intensidad, sino de un cine directamente irrelevante. 
Cannes, como casi todos los festivales del mundo últimamente, no hace otra cosa que perpetuar el status quo del mundo cinematográfico y logrando hacer cada vez es más difícil el acceso a nuevos directores. Un club de amigos, con todo lo que esto implica.
Las excepciones para bien o para mal que mencioné anteriormente, fueron los siguientes:
Empecemos por Thomas Vinterberg. El único lugar en donde su cine parece tener alguna relevancia es en Cannes. Así y todo, The hunt es una mejora en relación a esa infamia llamada Submarino (2010), película en la que el danés se enlistaba en esa secta de directores que asesinan bebes (a veces niños) para hacer avanzar dramáticamente sus películas. No hay más aquí que un director con “alma de ejecutante”. Algo que por estos lados, parece ser visto con buenos ojos. De todas maneras, el premio a The hunt fue a su actor. Un premio menor, sin dudas y detengámonos acá: pocas cosas más tristes que la gente de cine hablando de actuaciones. 
Ulrich Siedl, inicia con Paradise: Love –dice-, una trilogía sobre tres mujeres de una misma familia que toman vacaciones por separado, o algo así. Ante cada obra de este señor uno abandona toda esperanza ni bien comenzada la película, y esto vuelve a ocurrir con el primer plano de Paradise: Love pero, extrañamente, con el pasar de los minutos la  historia de una señora cuarentona en busca de sexo (y algo de amor) de unos vigorosos muchachos negros en las playas de Kenya, una historia que hace prever lo peor, llega hasta lograr ciertos momentos de humanismo. Inclusive cierta mirada  cariñosa y nada despectiva, ni juzgadora, algo impensable en trabajos anteriores de Siedl. 
Hay más en esta película: turismo sexual, relaciones de clase, temas raciales, todo lo suficientemente complejo como para no dedicarle más tiempo y espacio. Por ahora digamos que cierto cariño que muestra Siedl sobre su personaje protagonista, ya es suficiente para lograr, quizás, su mejor obra.
A Carlos Reygadas, y su Post Tenebras Lux, le toco el lugar del escándalo. Espacio que supieron ocupar en otros años, y no siempre por motivos cinematográficos, obras tan dispares como Melancholia (2011) de Lars von Trier y Vincent Gallo con su notable y ya mítica (exageremos en nombre del cine) The brown bunny (2003). Como se ve, gente complicada.
Post Tenebras Lux cuenta de manera episódica la vida de una familia mexicana. Su forma narrativa escapa a todas las convenciones y, de alguna manera, remite a The tree of life (2011) sin dinosaurios, pero con un diablo. Reygadas dice haber filmado antes su película y habrá que creerle. Otro punto de comparación, o posible referencia o pista, podrían ser algunas de las películas de Jonas Mekas. Cierta idea de registrar instantes personales, escenas familiares, momentos a priori anodinos, y transformarlos en cine. Una gran diferencia es que en Mekas la maquinaria cinematográfica no existe (producción, equipo técnico, etc.) y sí en Reygadas.
La película fue recibida en su primera función para la prensa con abucheos (ay críticos,  vergüenza debería darles…). Lo cual, obviamente, despertó la adhesión enfervorizada de otros sectores del gremio. La típica película que a la hora de las puntuaciones (las benditas e irritantes estrellitas) sus votos se polarizan entre el 1 y 10, con pocas paradas en el medio. Reygadas es un cineasta inasible, autor de obras tan disímiles y enfrentadas como Batalla en el cielo (2005) y Stellet licht (2007) Un director con un universo tan personal y propio que se hace difícil, a veces, contextualizarlo. Mucho más frente a la velocidad que imponen los festivales a la hora de emitir juicios.
Su película junto a la de Leos Carax fueron las obras más arriesgadas en un festival, ya lo dijimos, cada vez más adocenado. Ese fue su merito, y quizás también su límite. No es Reygadas un director inocente (tampoco debería serlo, claro), ni mucho menos lo es su cine. La libertad que muestran por momentos sus imágenes, se ven a veces frustradas por cierto calculo. No hay ingenuidad, ni una escritura surrealista en escenas como en las que aparece el diablo o en la que un personaje se arranca –literalmente- la cabeza. Otra de las películas sobre las que habrá que volver.
Poco hay  para decir de Ken Loach y su The angels’ share. Sus últimas películas solo están logrando socavar su obra anterior. Ya nada queda de aquel cineasta (aunque fue hace mucho tiempo, alguna vez lo fue) autor de Poor cow (1967) o Kes (1969). Ni siquiera quedan rastros de ese héroe de la clase trabajadora que a principios de los 90 realizaba simpáticas y combativas películas como Riff raff (1991). Hoy se trata de un director oficialmente consagrado. El que más películas tuvo en la competencia oficial del festival de Cannes en su historia, dicen los fríos números. Lo que se desprende de ese dato, no es algo bueno. Hoy en día, Loach es el portavoz oficial de una Inglaterra que en la superficie, parece haber hecho las paces con sus propios demonios. Quizás Loach no hace otra cosa que confirmar la maldición que Godard echara alguna vez sobre el cine made in UK. Lo seguro es que sus películas se alejan cada vez más del cine, o peor, cada vez perfeccionan más algo que podría definirse como mainstream de autor. Un cine narrativo y simpático, lo suficientemente bien realizado como para no dar vergüenza y funcionar –al menos durante los festivales de cine- como remanso y alivio frente a un cine más arduo. Es el final terrible al que suele conducir eso llamado “el cariño del público”. Como siempre, como casi todo, se trata de una cuestión de elecciones. Ken Loach ya las hizo y logró adaptarse y aceptar con una sonrisa, un mundo que antes había mostrado como terrible. Al hacer esto, eligió quedarse del lado de los poderosos y desde ese lugar ejercer su paternalismo, no solo con sus personajes, sino también con nosotros.
Debería decir algo de Matteo Garrone y Reality, pero el paso del tiempo y el cansancio con el que vi la película, solo logran que recuerde un constante fastidio por esta historia de un participante de reality show. Como suele ocurrir con la televisión y sus fenómenos, el cine parece no tener nada que decir al respecto. Pido disculpas al señor Garrone, será en otro momento.
Jacques Audiard, quien después de llamar la atención mundial con la poderosa Un prophète (2009), intenta esta vez realizar un melodrama brutal y solo termina logrando una película bruta, en el peor de los sentidos, con De rouille et d’os. El año pasado nos indignábamos con la inocencia nostalgiosa prefabricada de El artista (2011), ahora viene Audiard para confirmarnos que todo puede ser peor.
Hay que agradecer al jurado no haber caído en ninguna justificación localista e ignorarla olímpicamente a la hora de los premios.
Lo que no hay que perdonar a este jurado, es haber dejado de lado los mejores trabajos de esta edición. Hay que ser demasiado ciego para no ver los méritos de Like someone in love de Kiarostami, película que solo en su primer plano secuencia ubica a su director muy por encima de sus premiados colegas. O el inesperado retorno de Leos Carax con la sorprendente y vital máquina narrativa que es Holy motors. Ni que hablar de esas enormes miniaturas que son In another country de Hong Sang-Soo (a esta altura, y sí, hay que repetirlo, el mejor director del momento) y Moonrise kingdom de Wes Anderson. O el fin del mundo visto a través de los vidrios de una limusina que gira por la noche en Cosmopolis del inefable David Cronenberg. Todas ellas geniales muestras del talento (y dominio de sus recursos y universos) de sus respectivos directores.
La lluvia que acompañó a casi todas las jornadas del festival se justificó al final: eran las premonitorias lágrimas de los cinéfilos sospechando lo que sería el palmarés final. 
Así termina, una vez más, otra edición del festival de Cannes. El secreto de su programación sigue sin revelarse. Quizás por estar tan a la vista.

Y llegamos, ya era hora, al final de estos Pecados Canninos. Es momento de los agradecimientos.
Todo esto no hubiera sido posible sin la ayuda, colaboración y apoyo de las siguientes personas:

Encerrados afuera, por el espacio y la confianza. No solo me dejaron entrar a su casa, me dieron las llaves y me dejaron hacer lo que quisiera. Lo cual me produjo orgullo, claro está. Y debería decir responsabilidad, pero no creo que esta gente conozca el término de esta palabra. Por algo nos llevamos tan bien.
Pablo Conde, quien se encargaba de subir, adornar las notas y soportar mis reclamos de diva al ver que a veces tardaban más tiempo del que creía necesario. Pablo, you complete me...
Y last, but not least, a la imprescindible Cecilia Barrionuevo, quien se encargaba de recibir mis textos (ilegibles mamotretos) y con paciencia absoluta desentrañaba significados, corregía ortografías y aclaraba conceptos hasta transformarlos en algo decente. En síntesis (y le robo esta idea a alguien, pero no importa), hizo todo menos escribir estas notas. Cada uno de estos Pecados Canninos debería haber llevado las firmas de los dos. Que no haya sido así, es una injusticia de mi parte. Te prometo, Ceci, que en un futuro no muy lejano me voy a comprar un diccionario de ortografía y otro de gramática para hacerte la vida más fácil. Ya que esta parece ser tu tarea en mi vida, hacerme todo más fácil. Y mejor, claro.

Listo, hasta aquí llegamos. Me despido de estos Pecados Canninos que tantas alegrías me dieron. Terminar cada jornada contándoles a ustedes todo lo que había visto y hecho, funcionó como un cable a tierra y me ayudó a mantener la cordura en un lugar y momento en donde esto hace mucha falta. Para una persona como yo, no es poco. Al contrario.
Hasta luego entonces.

Marcelo Alderete (quien pronto volverá con nuevas aventuras).

Continuará...