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domingo, abril 13
La nada misma.
Lo que debía estar no está. Esa presencia etérea como de miembro fantasma. Salí del cine y donde debía estar mi bicicleta había una nada, aire. Aire, toco aire a vos no te toco. Yastá. Se la llevaron nomás; ahora no me preocupo más. Así también a mi última novia. Un momento, largo, cuando no crees. El cerebro persiste en seguir viendo lo que no está. Un sentimiento raro, un cosquilleo, de sentirse estando donde no se debiera. Después; no sé cuánto después porque el tiempo se enrarece, la idea de haber caído en un planeta extraño; como en esas películas que empiezan con una casualidad. Se acaba la nafta en un camino solitario y hay que caminar en la noche oscura hacia una luz; golpear las manos y esperar. Estar allí donde no nos esperan; ser lo que nadie se imagino. Reagruparse; contar los muertos y heridos; ver que partes del cerebro no quedaron inutilizadas. Freud lo sabía; si algo sale bien, nos creemos los héroes victoriosos que lo sabían todo; si algo sale mal, repasamos la cadena de eventos una y mil veces viendo las mil oportunidades que no tomamos. El cerebro, ese gran tramposo, nos muestra lo que era imposible ver. Algo, o alguien ya no está, y los que cambiamos somos nosotros, como si una parte nuestra nos hubiera abandonado. Todo lo que puede decirse, puede decirse claramente. De los que estamos no falta nadie. Un poste solitario sosteniendo una cadena que ya ha perdido su sentido. Salí del cine y me habían robado la bicicleta. No aprendo más. Santiago B.
jueves, abril 10
Fragil como o mundo, Rita Azevedo Gomes
He aquí una película de una belleza inusitada. También así su melancolía y poesía. "The Saddest Music In The World" de Guy Maddin viene a mi cabeza. Escuché aplausos de fanáticos que festejaban a sus héroes en varios proyecciones durante el festival. Es la primera vez que escucho en esta semana aplausos porque algo inesperado había sucedido. Sobran las palabras para hablar de un film que hace economía de ellas y es, si posible; pura expresión.
Santiago B.
martes, abril 8
Dear Mr. Watterson de Joel Schroeder
.
A veces un medio te explica otro; lo ilumina; nos lo hace visible. Nos los coloca enfrente según nuestras posibilidades. Según la calidad, de menor a mayor, cumple su función si abre una puerta que estaba cerrada o no sabíamos siquiera que existía. Muchas veces ciertas cosas te gustan según el gusto de otras u otros. A mí el reggae me gusta según The Clash; el folklore si estoy en el campo y las historietas si me las pasan mis amigos. Todo esto un poco mezclado es el caso para mí de Calvin & Hobbes. Perdón. El mundo es grande los intereses muchos. Por eso fui a ver este documental al mediodía mientras esperaba que saliera por fin el sol. Y cumplió su cometido. Espié un mundo de la mano de admiradores respetuosos; bellas presentaciones gráficas y música para paseos en carroza. Los que conocen los personajes los conocen; los que no, vayan a ver la película. Me quedo con la actitud rebelde de un artista apegado a su ética y un final de temporada que recuerda a Wittgenstein en las trincheras. Santiago B.
A veces un medio te explica otro; lo ilumina; nos lo hace visible. Nos los coloca enfrente según nuestras posibilidades. Según la calidad, de menor a mayor, cumple su función si abre una puerta que estaba cerrada o no sabíamos siquiera que existía. Muchas veces ciertas cosas te gustan según el gusto de otras u otros. A mí el reggae me gusta según The Clash; el folklore si estoy en el campo y las historietas si me las pasan mis amigos. Todo esto un poco mezclado es el caso para mí de Calvin & Hobbes. Perdón. El mundo es grande los intereses muchos. Por eso fui a ver este documental al mediodía mientras esperaba que saliera por fin el sol. Y cumplió su cometido. Espié un mundo de la mano de admiradores respetuosos; bellas presentaciones gráficas y música para paseos en carroza. Los que conocen los personajes los conocen; los que no, vayan a ver la película. Me quedo con la actitud rebelde de un artista apegado a su ética y un final de temporada que recuerda a Wittgenstein en las trincheras. Santiago B.
lunes, abril 7
My own WARP story
Bunny and the Bull, Paul King
En una época de mi vida si me preguntabas qué música me gustaba te podía decir Warp. Respuesta corta. Se la podía gritar a una chica en un bar por ejemplo. Música electrónica de autor con aires experimentales realizada de forma independiente pero sin temores del gran público ni prejuicios acerca del bien y el mal en lo que respecta a la cultura pop. En alemán esto sería una sola palabra. En esa época tenía la idea que cierta música levantaba la cotización de mi departamento. Richard James; aka Aphex Twin, me tenía hipnotizado, y, siendo asmático y nerd, me sentí agradecido que uno de sus hits se llamara Ventolin. Era una masa de ruido inescuchable. Otras cosas no. Aphex Twin te podía hacer soñar y en un instante hacer que los vecinos llegaran con la policía por el ruido. Los compilados de Warp eran, wait for it, legendarios. Warp era un amigo que te recomendaba artistas. Algunos mejores, otros no, siempre en búsqueda. Y en un momento se pusieron a hacer películas. Vimos varias en varios festivales porque seguís las recomendaciones de tus amigos pero nunca nos cerraron del todo. Siempre faltaba 5 pal' peso. El problema es que en Warp music esa falta era un más. Un signo de la búsqueda. En Warp pelis se parece, digo se parece, más a intentos fallidos. Random: Submarine por ejemplo como una buena banda indie pero con canciones que solo están bien y son algo aburridas. Kill List, sadismo gratuito; Cuatro Leones, incorrección política con chistes más o menos. Tyrannosaur, para esa violencia prefiero a Gaspar Noé. Y así todo seguís intentando porque preferís las cosas más o menos de unos a las buenas de otros (a las supuestas buenas digamos). Entonces voy a ver Bunny and the Bull y he aquí que soy recompensado. Es claro que mi idea de Warp me hacía esperar una peli incompleta. Pumba, esta es todo lo contrario porque justamente se trata, de un cierto modo, de una curación. Un libro de Perec, o Calvino se cruzan con Michel Gondry. De música le pondría Papas Fritas. Que, si no lo saben, es una banda excelente. Dj malhumor.
En una época de mi vida si me preguntabas qué música me gustaba te podía decir Warp. Respuesta corta. Se la podía gritar a una chica en un bar por ejemplo. Música electrónica de autor con aires experimentales realizada de forma independiente pero sin temores del gran público ni prejuicios acerca del bien y el mal en lo que respecta a la cultura pop. En alemán esto sería una sola palabra. En esa época tenía la idea que cierta música levantaba la cotización de mi departamento. Richard James; aka Aphex Twin, me tenía hipnotizado, y, siendo asmático y nerd, me sentí agradecido que uno de sus hits se llamara Ventolin. Era una masa de ruido inescuchable. Otras cosas no. Aphex Twin te podía hacer soñar y en un instante hacer que los vecinos llegaran con la policía por el ruido. Los compilados de Warp eran, wait for it, legendarios. Warp era un amigo que te recomendaba artistas. Algunos mejores, otros no, siempre en búsqueda. Y en un momento se pusieron a hacer películas. Vimos varias en varios festivales porque seguís las recomendaciones de tus amigos pero nunca nos cerraron del todo. Siempre faltaba 5 pal' peso. El problema es que en Warp music esa falta era un más. Un signo de la búsqueda. En Warp pelis se parece, digo se parece, más a intentos fallidos. Random: Submarine por ejemplo como una buena banda indie pero con canciones que solo están bien y son algo aburridas. Kill List, sadismo gratuito; Cuatro Leones, incorrección política con chistes más o menos. Tyrannosaur, para esa violencia prefiero a Gaspar Noé. Y así todo seguís intentando porque preferís las cosas más o menos de unos a las buenas de otros (a las supuestas buenas digamos). Entonces voy a ver Bunny and the Bull y he aquí que soy recompensado. Es claro que mi idea de Warp me hacía esperar una peli incompleta. Pumba, esta es todo lo contrario porque justamente se trata, de un cierto modo, de una curación. Un libro de Perec, o Calvino se cruzan con Michel Gondry. De música le pondría Papas Fritas. Que, si no lo saben, es una banda excelente. Dj malhumor.
Double Play: James Benning and Richard Linklater de Gabe Klinger
Richard Linklater es alguien que nos cae muy bien y después de este documental todavía más. Y sus amigos son nuestros amigos. Entonces nos presenta a James Benning que habíamos visto y olvidado. Porque es su propósito. Que sus imágenes se nos mezclen con la vida misma.
Sabíamos que Linklater es un experto en diálogos. Y esta película es como una de sus comedias. La misma ligereza (y profundidad). Tomarse todo muy en serio aunque con la liviandad del juego. Las afinidades electivas. Los encuentros de los opuestos que no lo son tal. Cómo no nos iba a gustar un tipo que se la pasa filmando cielos. O el juego de luces de la superficie de los lagos. Escuchar a estos viejos amigos es una delicia. Ver como son locos por el cine y así todo lo importante está en otro lado. Siempre. Esa idea que tenemos muchas veces (y como personas que escriben sobre cine y música nos puede llevar a lugares peligrosos y que no queremos) que las ideas que nos generan las películas son tan importantes como las películas mismas. Lo genial de estos tipos es que siguen haciendo mover las cosas. Y hacen otra película. And so on. Benning llegando a Austin con su equipaje en una bolsa de supermercado. La baterista de Butthole Surfers fumando su último cigarrillo. Los fragmentos de la trilogía de Before…
Veo esta película y me digo; no me jodan, hay personas que conocés de otras vidas. Si no, no entiendo…
Santiago Bardotti.
sábado, abril 5
The Punk Singer + Mistaken for Strangers: De comparaciones odiosas y trompadas
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Bafici 16,
Dj Malhumor,
The National; Punk
en
9:01 a.m.
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encerradosafuera
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The Punk Singer. A film about Kathleen Hanna, de Sini Anderson + Mistaken for Strangers, de Tom Berninger.
Hay algo que anda mal sí ves un documental sobre una cantante punk feminista comprometida políticamente y tenés la sensación constante de estar viendo Pop Idol. Hacía tiempo que no escuchaba tanto la palabra revolución y genio sin nada que la sostenga salvo la opinión de unas chicas que parecían hablar de la chica más popular de la clase y no de una artista. Algo anda mal si gente que sabés inteligente y especial aparece dando opiniones banales y reiterativas. Lo que sabemos desde la escena uno es que la piba quiere hacer ruido y hacerse escuchar. Después había que buscarle un contenido. Como se dice en un momento; queríamos hacer canciones de contenido político que se pudieran bailar. Como los universitarios de todo el mundo llenan de contenidos sus papers para aprobar materias. Queríamos demostrar que chicas de acento concheto podíamos ser profundas. Una verdadera inspiración para algunas modelos/presentadoras/poetas que trabajan en la tele. En un acto de justicia poética la novia de Kurt Cobain (que no me caía bien hasta ahora) un día vino y le metió una trompada de una. ¨Te re juro que yo no hice nada¨ se defendió la damnificada.
Comprendemos todo lo que anda mal en ese documental clisé sobre una artista supuestamente anti clisé al ver la desopilante Mistaken for Strangers. Documental on tour sobre un hermano vuelto rock star hecho por el hermano perdedor y borrachín. Nos reímos; no sabemos sí va en broma o en serio; no sabemos en verdad bien incluso quién filma; nos sentimos incómodos un poco. Todo está ligeramente desplazado. Sienta a los miembros de la banda (ah, la banda es The National) y les pregunta; ¿dónde dejás la billetera mientras tocás? ¿qué opinás de mi hermano? A su madre; ¿Ma, en qué éramos distintos? ¿Por qué el tuvo éxito y yo no? El padre contestando en un sótano en Cincinnati mientras acomoda las herramientas de su taller vale por un ensayo sociológico. Tremenda.
Dj malhumor.
Hay algo que anda mal sí ves un documental sobre una cantante punk feminista comprometida políticamente y tenés la sensación constante de estar viendo Pop Idol. Hacía tiempo que no escuchaba tanto la palabra revolución y genio sin nada que la sostenga salvo la opinión de unas chicas que parecían hablar de la chica más popular de la clase y no de una artista. Algo anda mal si gente que sabés inteligente y especial aparece dando opiniones banales y reiterativas. Lo que sabemos desde la escena uno es que la piba quiere hacer ruido y hacerse escuchar. Después había que buscarle un contenido. Como se dice en un momento; queríamos hacer canciones de contenido político que se pudieran bailar. Como los universitarios de todo el mundo llenan de contenidos sus papers para aprobar materias. Queríamos demostrar que chicas de acento concheto podíamos ser profundas. Una verdadera inspiración para algunas modelos/presentadoras/poetas que trabajan en la tele. En un acto de justicia poética la novia de Kurt Cobain (que no me caía bien hasta ahora) un día vino y le metió una trompada de una. ¨Te re juro que yo no hice nada¨ se defendió la damnificada.
Comprendemos todo lo que anda mal en ese documental clisé sobre una artista supuestamente anti clisé al ver la desopilante Mistaken for Strangers. Documental on tour sobre un hermano vuelto rock star hecho por el hermano perdedor y borrachín. Nos reímos; no sabemos sí va en broma o en serio; no sabemos en verdad bien incluso quién filma; nos sentimos incómodos un poco. Todo está ligeramente desplazado. Sienta a los miembros de la banda (ah, la banda es The National) y les pregunta; ¿dónde dejás la billetera mientras tocás? ¿qué opinás de mi hermano? A su madre; ¿Ma, en qué éramos distintos? ¿Por qué el tuvo éxito y yo no? El padre contestando en un sótano en Cincinnati mientras acomoda las herramientas de su taller vale por un ensayo sociológico. Tremenda.
Dj malhumor.
viernes, abril 4
Bloody Manchester
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Dj Malhumor,
Johnny Marr,
musica,
recitales,
The Smiths
en
12:23 p.m.
por
encerradosafuera
No hay comentarios.:
Hacia tiempo que no veía tanta alegría. Hang the dj/hang the dj/ hang the dj/ hang the dj/ hang the dj... Muchas pero muchas veces…. Una alegría que se veía y tocaba. ¨Les pido perdón, pero sacamos un disco nuevo y queremos practicar las nuevas canciones¨. Y volaron unas cuantas pelucas. Una banda como una roca y unas canciones eternas. No digo que no daba desconfianza. O cierta pena. Los queríamos juntos. Pero empezó a tocar como para recordarnos que él era el sonido de una banda que inventó un montón de cosas. El era el sonido detrás de esas canciones que bailamos, que gritamos. Tantas veces a solas. Sí Morrissey es la melancolía ayer descubrimos la furia. Una furia manipulada, llevada a dónde se le antojaba. Y la felicidad catártica de esa música que nos gusta tanto pero tanto. No ví a los Clash, no ví a The Jam; no ví a los Smiths. Vi a Johnny Fuckin Marr.
Dj Malhumor
martes, febrero 25
Mr Fox
Cuando vuelvo por la noche al pueblo; si unas cuantas casas con no más de 150 habitantes puede llamarse un pueblo, en el camino se cruzan zorros. Las luces distantes de los puestos de estancia parecen luces de barcos que navegan en un mar oscuro. Los ingleses tienen el mar y nosotros la pampa. Luis, el chofer tiene un jopo a lo Elvis (o Pocho La Pantera como prefieran). La chica que más me gusta se llama Tricia y es una guía de montaña de Oregon. Camina como un muchachito como todas las chicas que me gustan. Bioy en algún cuento decía que en la oficina uno siempre termina enamorado de alguna y se convence que es la más linda. Tricia es bonita tout court. Antes de que yo llegara se llevó por delante una tranquera con el jeep. Otra de las camionetas volcó a causa del viento. Por las tardes leo una novela de Jonathan Frazen mirando por la ventana la octava maravilla del mundo. ¨Ya te vas a acostumbrar mi hijo, es solo un trabajo¨ me dijo mi madre. Las aventuras de Mr. Fox es una de mis películas favoritas. Y cuando no se bien que hacer la miro en busca de consejos. No resulta la mayoría de las veces. Sumándome a la campaña de Charly ¨el rock nacional es una garcha¨ fui a ver a Ciro y Los Persas en Calafate. Increíble la berretada. Sí necesitan detalles escriban que explico. Me lo merezco. No se iban más la puta que los parió. Ciro, los bises son dos canciones no 50 rocanroles de mierda. No se imaginan que linda y renovada versión de Zapatos de Gamuza Azul. En un mundo paralelo Ciro canta en casamientos y no en estadios. Sí, fui a acompañar una ¨amiga¨. Mi nueva vida tolerante me está dando dolores de cabeza. Difícil la vida patagónica que esto es lo único que llega. Encima porque lo paga el intendente. Los zorros. Mucho mejor los zorros en la noche oscura.
Santiago Bardotti (aka dj zen)
miércoles, febrero 5
La vida secreta de los sillones
Es curiosa la vida autónoma de los objetos. Hubo un momento de mi vida en que me encontré regalando cosas. Le regalaba cosas que habían pertenecido a una ex a una nueva pareja. Le regalé sombreros, macetas, cacharros, cuadros y en especial, un par de sillones. Me preguntaba mientras lo hacía qué podía significar eso. Le regalaba cosas para su nueva casa a la que se estaba mudando. Cuando esa casa estuvo lista yo desaparecí. Es mi estilo. No es la primera vez. Lo hice, una dos, ahora tres veces. Dejé cosas de mi pasado en casas que no iban a ser mías. No podían serlo desde el inicio. No iban a serlo desde el inicio. Eso es algo que sobrevolaba pero de lo que ninguno de los dos decía nada. Nunca y cada vez. Para ser justos estos sillones de los que hablo; que Carolina dejó atrás en su apuro por irse, fueron parte de un trueque. Dos sillones de líneas sencillas y elegantes por una salamandra. Cuando una noche junto al fuego en La Paloma me pregunté qué iba a quedar de esta nueva relación que ya se terminaba vi (y cuando digo vi lo vi, no es una metáfora de ninguna clase) esos sillones en la casa de Silvana; en ese living blanco; relucientes y con una vida que jamás habían tenido en mi casa llena de objetos donde vivían asfixiados. Y vi la salamandra en mi terraza también brillando de algún modo. Ambas habitaciones estaban vacías pero irradiaban felicidad. Tal vez nosotros estábamos en un tercer lugar, no lo sé. Lo que sé es que esa visión me dio tranquilidad para la ruptura que llegaba inexorable como la lluvia de esta noche. Carolina a su vez se había llevado algunos de mis muebles. Una mesa de Mayra entre otras cosas. Yo la dejé ir, a la mesa, porque Carolina siempre había querido algo de Mayra y me parecía bien. ¿Qué podía significar eso? Tampoco lo sé. En todo caso los significados no pertenecen a la clase de cosas que se saben. Los significados están ahí para multiplicar el mundo; hacerlo más rico y misterioso. Eso creo.
Llegué a este camping junto al río después de muchos kilómetros de pedalear por el campo. Primero fui por un camino que serpenteaba entre Brasil y Uruguay. Literalmente. Los mojones de la frontera aparecen a un lado y el otro. El camino a su vez trata de contornear los límites de una cuchilla. Una llanura en las alturas con el cielo ahí a mano y cada tanto, como para recordar que en verdad estamos arriba, un borde. Allá lejos la quebrada del Lunarejo. Esa noche dormí en un galpón de un rancho rodeado de los perros. El día siguiente llegué a un pueblo que yo creía uruguayo y resultó ser brasileño. Me sentí el Mariachi al entrar al almacén y preguntar en qué país estaba. Seguí andando y después de bastante llegué a otro pueblo que parecía una aldea feliz. Un pueblo de gauchos rodeado de vacas y caballos. Acampé en la escuela y enseguida estuve rodeado de adolescentes que querían sacarse fotos conmigo. Otro día más por caminos de tierra y por fin el río Agapey y una aldea termal a la que llegué desde el mar. Borges decía que los ingleses tienen el mar y nosotros la pampa. Tanto se parecen. Las casas lejanas parecen barcos y los lugares para subir el ganado que aparecen aquí y allá se llaman de hecho embarcaderos. Eso pensaba mientras andaba. Al llegar al pueblo, que más bien es un conjunto de cabañas y hoteles, en el camping aunque era uno solo me cobraron por dos. Porque es así. Y me dieron dos pulseras de identificación y todo. ¿Qué significaba eso? ¿Qué Silvana debía estar aquí cómo habíamos planeado? ¿O qué yo no debo andar solo? ¿O no significa nada como la luna sobre el río, simplemente bella? Eso sí; me dio mucha risa. Sí, da risa me dijo el empleado; pero acá es así y le tengo que dar las dos pulseras. Si hay algo que el uruguayo no tolera es desperdiciar. Mientras salía me dijo, ¨Encuentre a alguien y lo invita¨. Dj Malhumor
Llegué a este camping junto al río después de muchos kilómetros de pedalear por el campo. Primero fui por un camino que serpenteaba entre Brasil y Uruguay. Literalmente. Los mojones de la frontera aparecen a un lado y el otro. El camino a su vez trata de contornear los límites de una cuchilla. Una llanura en las alturas con el cielo ahí a mano y cada tanto, como para recordar que en verdad estamos arriba, un borde. Allá lejos la quebrada del Lunarejo. Esa noche dormí en un galpón de un rancho rodeado de los perros. El día siguiente llegué a un pueblo que yo creía uruguayo y resultó ser brasileño. Me sentí el Mariachi al entrar al almacén y preguntar en qué país estaba. Seguí andando y después de bastante llegué a otro pueblo que parecía una aldea feliz. Un pueblo de gauchos rodeado de vacas y caballos. Acampé en la escuela y enseguida estuve rodeado de adolescentes que querían sacarse fotos conmigo. Otro día más por caminos de tierra y por fin el río Agapey y una aldea termal a la que llegué desde el mar. Borges decía que los ingleses tienen el mar y nosotros la pampa. Tanto se parecen. Las casas lejanas parecen barcos y los lugares para subir el ganado que aparecen aquí y allá se llaman de hecho embarcaderos. Eso pensaba mientras andaba. Al llegar al pueblo, que más bien es un conjunto de cabañas y hoteles, en el camping aunque era uno solo me cobraron por dos. Porque es así. Y me dieron dos pulseras de identificación y todo. ¿Qué significaba eso? ¿Qué Silvana debía estar aquí cómo habíamos planeado? ¿O qué yo no debo andar solo? ¿O no significa nada como la luna sobre el río, simplemente bella? Eso sí; me dio mucha risa. Sí, da risa me dijo el empleado; pero acá es así y le tengo que dar las dos pulseras. Si hay algo que el uruguayo no tolera es desperdiciar. Mientras salía me dijo, ¨Encuentre a alguien y lo invita¨. Dj Malhumor
lunes, febrero 3
Comienzo de temporada
El año comenzó con el tour de los volcanes, unos días en el horno de Bs As con Dj La Flaca, y un atardecer en Ipanema. Hubo antes un atardecer sobre el Nahuel Huapi también y una bajada por el bosque a las chapas. También me pasó el nuevo disco de Beck que es nostálgico; hipnótico y adictivo. Como un proyecto que apareció en Nodata: Untitled x Untitled. La música que nos gusta escuchar con mi amigo Cesar en su balcón de Mataderos. Hubo también una tormenta hermosa que metió miedo y nubes bajas como naves espaciales. Otra delicadeza en Nodata: Bohren & der Club of gore; Piano Nights. Imprescindible. Vi unas cuantas películas que olvidé y una de las noches me dije que jamás estuve enamorado y que no lo volvería a hacer. Hoy choripán en Agronomía y pasado ceviche en Santiago. En una librería de San Telmo compré un libro hermoso que jamás leeré; On Birds de Henry David Thoreau. Las descripciones por nuestro anarquista favorito de los pájaros que lo visitaban por las tardes en los bosques de Hampshire. Pasó también batichica por la ciudad y la vi por primera vez en jeans. Una verdadera epifanía. En el lago Correntoso remé en el agua cristalina sobre unos troncos hundidos que parecían restos de un naufragio. Me sentí viejo y joven sucesivamente; corrí diez kilómetros en la selva y tomé Martinis en la barra de un hotel. Eso fue todo más o menos. Nada más por ahora.
Dj Santi
lunes, enero 13
El Principio de Realidad.
Este año terminó con tres sorpresas u apariciones. Primero los ciervos, después el cerro Las Hermanas, después Bowie. Salí a correr por el bosque y después de sobresaltarme un poco por el ruido de ramas rotas vi una familia de ciervos completa escapándose entre el follaje. Bambi is not dead. De entre las 8000 canciones del Ipod el modo shuffle me sorprendió con la canción del año aunque ya era muy tarde para votarla: Where are we now? del gran duque. No importa porque seguramente estará entre lo mejor del siglo cuando la votación llegue. Por último, en una mañana helada (sí, helada) las paredes de piedra de Las Hermanas que se despejaban después de varios días de lluvia. Son esas mañanas en que el universo entero parece renacer. Nieve nueva sobre los cerros, el lago como un espejo y ese aire frío que cala los huesos. Fue una mañana parecida hace más de diez años en Calafate, cuando todavía era un pueblo, la que me llevó a decidirme marchar a Patagonia. Las decisiones se toman por hechos claros, distintos y aislados como ese. Ni siquiera se toman en verdad porque olvidamos esas pequeñas epifanías y tiempo después; incluso años, descubrimos qué nos trajo hasta aquí. Lo mismo me pasó con la quinta en Leloir. Los zorzales. Una tarde sentado en el jardín viendo saltar los zorzales sobre el césped recordé o supe que ya había vivido exactamente la escena y que fueron esos zorzales (son siempre los mismos) los que me habían hecho irme de la ciudad. Pequeñas escenas guardadas como talismanes. En Leloir, años después, en la cocina, le dije a Carolina que nunca olvidáramos esa noche. Le dije que por favor me la recordara cada vez que quisiera irme. Nos dijimos los dos que íbamos a recordar. Otro talismán. Como en los cuentos folklóricos cuando se trae un objeto de otro mundo para saber que no fue un sueño. Un anillo; una foto; una pata de conejo. Pero olvidamos claro. Los dos. Quedó solo la marca del recuerdo pero no el recuerdo mismo. Nos esforzamos para recobrarlo pero fue inútil. No pudimos recordar qué nos había hecho tan felices y tan seguros de esa felicidad. Y se esfumo esa noche y todo lo que había atrás. Sueño somos.
Y veinte años después aparece Silvana y me dice que todavía se acordaba de ese abrazo en el gimnasio del colegio el último día de clase. Delante de todo el mundo. Incluso su novio y los amigos del novio que me la tenían jurada. Fuck fuck fuck. ¿Qué hago ahora David? El guión perfecto para John Hughes (Cf. Talking with Girls about Duran Duran de Bob Sheffield, pág 173; los dos finales para Pretty in Pink).
El cerro nevado apareció cuando cruzaba a Chile y me dirigía a Osorno por tercera vez en tres semanas. Una de las tardes me la pasé en un mundo separado del otro por un río sin puente. De este lado la estancia y los paisanos. Del otro el mundo del turismo con sus familias de pic-nic. Tuve que esperar unas horas sin duración hasta que me cruzaron en un bote. Una travesía ontológica. A la noche en el camping encontré a tres pibes también en bicicleta. Macanudos. Compartimos una comida mientras hablamos de viajes y escuchábamos Californication (sí, en mi mundo ideal los pibes escuchan a El Mató y Radio Dept.) Macanudos los pibes. En marzo se reciben de ingenieros. Les dije que antes sabía qué era un ingeniero (alguien que dirigía obras de proporciones gigantescas; alguien que pensaba puentes y maneras de desviar los ríos) pero que ahora no. Les dije que me había enterado que ahora las empresas, de la clase que sean, querían ingenieros. Me dijeron que sí, que probablemente. Entonces les pregunté en qué querían trabajar. La respuesta de los tres fue que en cualquier cosa donde les pagaran bien. Ja. Recordé a Bob Patiño en una escena muy fuerte de los Simpson diciéndole a Krusty mientras amenazaba matarlo que jamás en toda la historia de la humanidad ninguna civilización había considerado a la ingeniería como una vocación. No me pasa a menudo pero muchos nombres me vinieron a la cabeza para este post: Osorno three times; Reality Check (mi homenaje a Schneider TM); Los ingenieros; Lo Perecedero o tan solo este que lleva puesto. Santiago Bardotti (aka Dj malhumor).
jueves, diciembre 26
Felicidades
Mi más grande temor en la vida ha sido siempre tener que trabajar. ¿Se entiende no? Del catalogo de declaraciones rockeras para sobrecitos de azúcar siempre recordé al pibe de Green Day diciendo que habían trabajado duro para no tener que trabajar. Por eso cuando Mark me dijo con un whisky en la mano, en su living, grande como todas las casas de todos los miembros de mi familia juntos, ¨You never had a proper job, hadn´t you? Fantastic¨ sentí que había hecho muy bien las cosas. Cuando de vuelta en Bs As le conté a Carolina fue el comienzo de una discusión interminable peró. Cómo fue que desde la maravilla inicial yo fui a parar a ese lugar de no me importa nada de vos y ella a ese lugar de qué vas a hacer de tu vida es otro misterio. Necesitamos diez años. En la misma discusión yo traje a colación que había dormido tanto en una mansión como en el piso de un departamento de un ambiente y que en verdad yo estaba bien en cualquier lado. Yo le contaba esas cosas como los gatos traen ratones a la puerta de la cocina. Como una muestra de mi amor. Irónico. La vida hace chistes todo el tiempo. Los ratones en la puerta fueron el basta. Yo lo sabía. Todos sabemos. Los gatos saben también que los ratones en las puertas están mal. No sabemos interpretar. Los dueños quieren creer que es un regalo; en verdad los gatos dicen: ¨así soy yo, cazo ratones y pájaros, nadie me va a domesticar¨. Ver la obra maestra ¨Mr. Fox¨. Volví a encontrar a Mark y Joan este diciembre. Subimos una colina, anduvimos a caballo junto a un río verde y tomamos vino mirando el atardecer. Mark a veces me sorprende con preguntas cómo; ¨Tenemos una cena en el Jockey Club; ¿deberíamos llevar flores?¨. Hubo una cena con notables de la zona y mi presencia es siempre un misterio. Cuando terminó todo me fui a leer el libro de Richard Ford que encontré en la biblioteca (y me traje). Richard Ford es nuestro nuevo Raymond Carver. Cuando leo los cuentos contenidos en Rock Springs me vienen ganas de escribir sobre mis fracasos. De onda eh, sin rencor. Para colmo Ford escribe sobre paisajes que parecen patagónicos. Pero mientras para nosotros las montañas y los bosques son el escape (qué me importa que Buenos Aires se derrita!) para Ford son la condena.
El cordero lo preparó Rosendo a quién no le quisieron contar que de aquí se iban a las Malvinas por miedo a ofenderlo. Era difícil explicarle que solamente iban a ver pájaros y no a hacer acto de soberanía. Me preguntaron sí hicieron bien. Les dije que para mí también Rosendo era indescifrable.
Dj Malhumor.
domingo, diciembre 22
Hey Moon
Termino el año hipnotizado por esta canción: Hey Moon. Es la versión de John Maus. Un artista apenas conocido versionando la canción de una artista, Sally Nilsson, todavía más desconocida. No podría ser mejor. ¨Se que pasó mucho tiempo desde la última vez que nos vimos¨. Hacía tiempo que no presionaba tanto la tecla again and again. Para hacer todo más irreal andaba pedaleando por el valle de la luna; acampé en un oasis en el desierto y dormí bajo el cielo más claro del planeta. ¨Hey Moon, It´s just you and me tonight¨. El resto del mundo duerme. En los comentarios a una de las versiones del video alguien escribió: ¨estoy obsesionado con esta canción¨. Toda la obsesión del mundo concentrada en un punto. Es raro porque hacía tiempo que no me siento tan liviano peró. Por la noche lavo la vajilla en el río como si fuera lo más importante que haya hecho en mi vida. Sally Nilsson es una sueca que se parece bastante a Carolina. Hizo unos cuantos discos sola en su habitación. Una especie de Miranda July helada. Los ojos de Carolina. ¨Tiene una sonrisa que nunca le llega a los ojos¨. Ponele la voz de Tindersticks. La Luna sacudió al sol y lo sacó de su órbita. ¨Hey Moon, It´s just you and me tonight¨.
Dj Malhumor.
lunes, noviembre 18
La otra vida de Lloyd Cole y las tortugas.
Cuando llegué al pueblo le pregunté a un pibe flaco y con un peinado algo extraño dónde podía encontrar la casa de gran hermano. De verdad. Era una monja que daba alojamiento barato. Me dijo que no sabía pero nos pusimos a charlar. Estábamos parados en medio de la calle justo en la esquina enfrente de la plaza. Así estuvimos un buen rato hasta que una camioneta roja nos tocó tímidamente la bocina. Era la clase de lugar dónde todo el mundo pensaba; ¨deben estar hablando algo importante, no los vamos a molestar e interrumpir la conversación; qué nos apura¨. Me dijo dónde estaba el camping y me empezó a contar que en el río, unos 5 km a la salida del pueblo, había unas piletas naturales donde uno podía zambullirse de cabeza y nadar a gusto. Incluso había unas tortugas. A medida que hablaba sentí el splash y me sentí yo mismo zambullirme y me sentí el nene del disco de Nirvana. Creo que ahí sentí el bocinazo de la camioneta roja. Hacía una semana que no me bañaba y venía de recorrer unos caminos tan hermosos y alejados como polvorientos por zonas donde hacía 8 meses que no llovía y había ríos secos que se habían convertido en arenales . El desierto te hace comprender la experiencia del bautismo por el agua. Quedamos encontrarnos más tarde para tomar una cerveza.
Era la noche perfecta; serena y clara. Esas noches que te hacen pensar en que está todo bien. Esas noches que te hacen pensar que todas las decisiones tomadas alguna vez; incluso las más dudosas fueron acertadas porque te trajeron hasta aquí; a un lugar, una plaza, donde está todo en su lugar y no existe el mal. ¨La verdad es que la extraño¨ me dijo después de un rato largo de hablar sobre bueyes perdidos. Yo también la extraño le dije. Las extraño a todas. Empezando por Mayra, mi novia legendaria (cf, Pulp, Separations). Y de ahí para adelante todas. Gabriela, Betina, Carolina, Karin, Silvana (primera y segunda época); Lorena (ver a Lorena caminar te hacía creer en la existencia de la levitación); Sarah; Cecilia; Ellen Page; la peruana; a una chica de Halifax que vi una sola vez en Montreal (platonic) a Tina (destiempo); Ruth Infarinato. Extraño incluso a alguna con sentimientos encontrados como los vientos cruzados de Neuquén. (Esto no puedo haberle dicho porque estaba en Córdoba y faltaba para Neuquén). A Cecilia incluso la rescaté del olvido total. Me enamoré en lo que duró una caminata entre Puan y Primera Junta saliendo de un teórico de Filosofía Antigua. Era la más aguda de todas y la dejé ir porque me dio miedo. La peruana era una pelirroja muy sofisticada que conocí en el Bolsón. Con unos ojos que encandilaban me dijo ¨Sin duda el mejor disco del año es el de Explosions in the sky¨. Perdí su mail, su teléfono y olvidé el nombre. La fui a buscar a Ezeiza pero tampoco sabía el vuelo en que se iba a Lima. Las extraño a todas le dije. A veces en orden cronológico; a veces random. En mi otra vida estoy felizmente casado. Dijo Lloyd Cole. Es algo con lo que vas a tener que convivir le dije yo a su vez. Demasiado espacio entre un pensamiento y otro y por ahí se cuelan los fantasmas. Quedamos para el día siguiente para ir a las piletas y nadar con las tortugas.
El camping estaba casi al final de pueblo en una especie de bosquecito. Juan, el dueño, me aconsejó que pusiera la carpa debajo de una mora que caía como un sauce. ¨Es única, nunca vi otra mora como esa¨ me dijo. El comentario me pareció de una cortesía absoluta. Como si el lugar me hubiera estado esperando. Juan es un joven de casi 80 años que fue sastre en la calle Florida, vivió en muchos países y se casó con la hermana menor de su esposa cuando enviudó. ¨Era lo más práctico¨ me dijo. Me cortó el pelo bajo otro árbol mientras su gato me robó un salamín que tenía para el camino. Dj malhumor (aka Santiago Bardotti).
sábado, noviembre 2
Bajo el volcán.
Hace un tiempo recibí un mail del hijo de Mary. En un mail general; emotivo y a la vez formal, contaba que su madre había muerto rodeada de sus seres queridos luego de un breve y fulminante cáncer. Conocí a Mary brevemente hace unos años en un tour por la Patagonia al que llegó por casualidad. Era irlandesa como su amiga Katy que vivía en Nueva York y la había llevado (también se había llevado a sí misma por así decirlo) por equivocación. Ambas habían sido enfermeras todas su vida y eran dos personas muy educadas, amables y humanas (no todos los humanos son humanos). Las dos tenían más de setenta años y de golpe se encontraron en un tour para caminar en las montañas por días enteros. El único equipo que tenía Mary para enfrentar el duro clima patagónico eran unos zapatos abotinados y la ropa rústica que usaba para cuidar su jardín en Cork. Delicioso. Lejos de protestar con la compañía de turismo que las había enviado decidieron disfrutar de la aventura. Todas las mañanas se levantaban con el resto del grupo para desayunar juntos, vernos prepararnos contentos y al atardecer vernos regresar demolidos. Ellas se quedaban disfrutando el aire de la montaña y del paisaje imponente. ¨No puedo dejar de mirar esa cosa¨ me dijo Mary risueña señalándome el macizo del Payne majestuoso que esa semana permaneció sin nubes para nosotros en una rara brecha de buen tiempo. Otra noche, volviendo caminando por la ciudad vacía de Calafate tuvimos una conversación de persona a persona. Me contó de su viudez, de sus hijos crecidos y felices con sus familias viviendo en diferentes partes de Inglaterra y de sus días cuidando su jardín. Lo recuerdo como un momento de conexión claro y distinto, esos instantes especiales como cuando uno se enamora o conoce a una persona que lo hace sentir diferente. No tenemos nombres para esa clase de relaciones y momentos. Solo tenemos palabras para el amor romántico. No está del todo mal. No recuerdo bien qué fue lo que yo mismo le conté. Seguramente fui lúcido por unos segundos con mi propia vida durante esa breve caminata nocturna para volverme un estúpido como siempre la mañana siguiente. Después del viaje Mary me escribió repitiéndome que me esperaba en su jardín en Irlanda al que no pude llegar a tiempo. ¨No puedo dejar de mirar esa mole inmensa¨ me dijo palabras más palabras menos. Como ahora que estoy bajo el Volcán. No puedo dejar de mirarlo y tengo la compulsión extraña de querer estar todo el tiempo bajo su órbita. Hay un disco que escuché mucho llamado Under the Influence. Pero no recuerdo de quién. Podría googlear supongo. No es importante. Ya próximo a la zona de los volcanes en el sur de Mendoza conocí a un personaje que venía bajando en bicicleta desde Colombia. El camino nos juntó y sin quererlo seguimos por unos días el viaje juntos. Es un manipulador positivo y generoso que maneja a la gente a su alrededor con sus estados de ánimo y pura voluntad de que el mundo sea según su idea. En el proceso da todo lo que tiene. Hasta que terminé pagándole las comidas y escuchando sus idas y venidas mentales interminables. Con la claridad que dan los espacios abiertos podía ver su comedia y tragedia, verlo llorar de rabia (genuina) o juzgar injustamente a todo el mundo. Así y todo no podía apartarme. No solo por sus cosas buenas sino porque parecía que el destino quería que cabalgáramos juntos. Ayer salimos de caminata y un malhumor repentino lo hizo regresar. Pude continuar solo aunque hizo todo lo posible para que no. Me sentí de golpe liviano. Vi cruzar por el camino una mancha marrón que tomé por un perro. Al regresar un paisano me preguntó si había alcanzado a ver el ciervo. ¿Qué había visto en verdad sí yo vi un perro? ¿Puedo decir ahora cuando regrese a la ciudad que vi un ciervo? Bajé pensando en eso y todavía no me puedo decidir.
Santiago Bardotti. (aka dj malhumor)
domingo, octubre 27
Las palabras y las cosas.
Cuando entré a la provincia de San Luis encontré unos convenientes carteles para extraterrestres. Junto a la Iglesia del primer pueblo había un cartel diciendo claramente y para que no quedaran dudas: Iglesia. Y más adelante, en medio del campo: Zona Rural. Otros carteles no son tan explícitos; por ejemplo uno decía ¨Terminantemente prohibido acampar o hacer pic nic¨. Debería decir algo más claramente: ¨Prohibido hacer gronchadas o cosas de negros¨. Eso era ya en la parte del campo monono. De golpe, el camino entre los cerros se hizo empedrado y con farolitos. Parecía que había entrado a un country todo estaba diseñado según la idea del campo que tienen las señoras con programas de cable de decoración de interiores. Pero esto era el exterior. Después me contaron que estaba a los pies de la casa de gobernador y todo se hizo más claro. En otra época contaba con un vocabulario afrancesado para decir que esto no es una pipa. Pero fui perdiendo las palabras. Y en efecto, un poco más adelante, encontré una aldea alienígena. Una eco aldea donde moran entre otros seres increíbles , Vladimiro, el payaso punk y un crono biólogo parecido a Frank Zappa en sus momentos brillantes (muchos) y a Fito Paez en sus momentos de debilidad.
Fito Paez, como Cortazar o Sábato, son momentos en el desarrollo del artista. Que deberían desaparecer a riesgo de cosas feas. Me recibieron con los brazos abiertos y como nunca lo merezco. Los alienígenas son seres de historias variadas y con muchas peripecias. La crono psicología estudia el tiempo en la cabeza. O, por ejemplo, por qué tenemos días buenos y días malos; cambios en el humor que más vale parecen cambios metafísicos. Estudia por qué, en un segundo, todo lo que iba para bien vira para mal. O viceversa. Cuando bajaba a Las Quijadas a toda velocidad paré a mirar unos pájaros y al retomar el camino la bicicleta estaba pesada, la tormenta se venía encima y hacía frío. En un segundo. Otra vez dije unas palabras que no debería haber pronunciado y una historia se terminó para siempre y no solo; se convirtió en otra cosa. Dj malhumor y el payaso punk se reconocieron de inmediato. Al principio se miraron con recelo, muy propio de sus caracteres desconfiados. Después compartieron un whisky como grandes amigos que eran. Por la noche se celebró una fiesta con un costillar exquisito. La Argentina es el único lugar del planeta donde las comunidades eco friendly son carnívoras. Casas hermosas echas de barro, paja y botellas; paredes curvas y distintas; cada casa como un rasgo de personalidad. Cada objeto que había tenido una función convertido en otra cosa. En algún momento, Charly Zappa me contó al pasar que la arquitectura (la arquitectura monona por ejemplo) solo ha estado al servicio de crear necesidades innecesarias. La arquitectura verdadera es un impulso del hombre para enfrentar los elementos. En un momento salí a la oscuridad de la noche y uno de los hijos adolescentes se puso a tocar un piano viejo. Tocaba unas notas que me recordaba al pianista belga Wim Mertens. La música perfecta que llega cuando llega; siempre de improviso. Unknown kid at night practicing with the piano.
Santiago Bardotti (aka Dj Malhumor).
sábado, octubre 19
La cabeza del chivo
Son días larguísimos. Varios días adentro de uno que se van desplegando. O sucediendo en etapas como cuando se sube una montaña y a cada rato hay una nueva vista que supera a la anterior. A veces cierro los ojos y miro hacia atrás y una estela de imágenes me lleva al mismo momento en que desperté y empecé el día. El movimiento del bote que no se va. Abrí los ojos y vi las sierras y el dique y el cielo amenazante. Rápido estaba bajando al pueblo que dormía y un panadero gentil y solidario con los que viven a deshoras me dio pan que todavía estaban preparando. La tormenta se quedaba en las montañas y yo me iba al desierto. Pero llovió en el desierto. Avancé en una especie de desfiladero entre nubes. Mientras llovía en otros lados a mí me tocaron apenas unas gotas que me refrescaban. Al sur un cielo púrpura que nunca había visto. Un ciervo salió al camino y yo anduve y anduve mientras escuchaba a Brendan Canning (aka BSS). Viejos amigos. Después me pierdo un poco. Una larga bajada, un auto solitario en el espejo retrovisor, caranchos revoloteando. A mitad de camino, justo cuando las sierras a mis espaldas habían desaparecido, hacia el frente relucían las Sierras de las Quijadas. Después lo encontré a Guillermo en la entrada de una reserva provincial en medio de la nada y esperando a nadie como un personaje de Kafka. Charlamos, hablamos de la soledad y comimos chivito que había quedado del día de ayer. Mientras me decía lo difícil de soportar tanto silencio desmembraba la cabeza del bicho. Le sacó los sesos, le cortó la lengua y la peló. Yo comí cerebro en homenaje a Lecter. Después seguí y entonces era otro día con sol y al Norte una tormenta gigantesca que encontraría por última vez al atardecer. Esas nubes algodonosas que se ven desde los aviones y una gran masa central de algo, como una galaxia, puro volumen en el cielo. Llegué al parque y aparecieron las torres rojas y un gran valle que cambiaba de color según descendía el sol. Y los desfiladeros y las golondrinas planeando como aviones de guerra en un videojuego. Y ese silbido de los cientos de pájaros haciendo un eco increíble y yo solo ahí. Y se fue la luz y la luna ya estaba arriba y cuando caminé hacia el otro valle estaba la tormenta otra vez ahí todavía más majestuosa ahora con unos toques naranjas del sol que se fue. Y caían rayos, y retumbaba y yo miraba y miraba…
Santiago Bardotti
jueves, octubre 10
Ciudades de la llanura.
Me bajé del tren del otro lado del río para continuar el viaje. El Paraná se mostró infranqueable. O demasiado ancho para contratar un bote que me cruzara o por el túnel demasiado peligroso para hacerlo en bicicleta (además de prohibido). Una ciudad chica o un pueblo grande. Se iba la luz del atardecer ya. Un cielo de llanura y campo en todas las direcciones. En el Oeste del gran Buenos Aires donde nací algunas veces se podía ver ese cielo. Solo muy de vez en cuando y como un regalo que hacía soñar con otros lados. Por eso nunca me gustó el suburbio. Ni ni (ver How I met your mother y el problema de enamorarse de una chica del suburbio). El tren es demasiado largo para la estación así que bajé ya en el descampado recibiendo las cosas que me tiraban desde el furgón. En seguida me estaban conversando. En verdad la segunda parte del viaje comenzó antes de salir en la baticueva de Román donde Hugo le colocó a la bicicleta el portaequipaje delantero de su fabricación. La baticueva es un lugar increíble. Una especie de loft con muchas bicicletas en la pared expuestas como una galería de arte moderno. Había muchas más colgadas y estantes con toda clase de partes y uno en especial con cascos extraños. Las bicis eran todas distintas. Holandesas, inglesas, de carrera, auroritas o de heladero. Y muchas muchas más. Un gran tablero con fotos, notas y anotaciones varias; una biblioteca, una mesa central como para realizar una disección y una computadora con una pantalla enorme. A un costado la cama de Román. Más allá una cocina muy iluminada y todo lo necesario para un dandy. Un gran cartel de neón también: Polanski World. Con el pelo largo y los anteojos algo cuadrados estoy en mi faceta Woody así que parecía una reunión de directores pederastas.
Lo que debía ser una simple compra por internet de un accesorio tomó el aire de conspiración y contracultura. Hugo me mostró fotos de sus bicicletas como otros hablan de sus guitarras. La primera noche dormí en el quincho de un club y a la mañana siguiente salí cortando por los caminos de tierra siguiendo las vías de otro tren. En la llanura los pueblos como islas destacan por la cruz o la torre de la iglesia. Es una linda sensación cuando aparecen. Después llego a la plaza donde siempre me hacen preguntas. Pensé que podría hacer un gran libro de fotos con los rostros de las personas que me van indicando el camino. Ayer anduve varios kilómetros por la ruta vieja hasta que me topé un pueblo inmovilizado por el tiempo. Unos quinientos metros más allá va la ruta nueva y el sonido del tráfico y los camiones como en un mundo paralelo. De este lado los pájaros y los tractores a paso de hombre. Una extraña sensación de ver el mundo en dos velocidades al mismo tiempo. En el pueblo adiviné que una puerta en una casa muy vieja era el almacén porque había un par de bicis en la entrada. Al lado había un taller. Dos tractores arrumbados, un cuatriciclo de la segunda guerra mundial si es que los hubo. Atendía un pibe y entre él y un cliente que recién había llegado en un Renault 12 me explicaron como continuar por el campo. Después fue un tipo en un café del siguiente pueblo; después una pareja en una 4x4 que crucé y por último un tipo con cara de bueno en un camioncito. Sería un buen libro ese de la serie de todos los retratos que me han traído hasta aquí. Incluiría también todos los mapas que me han dibujado en papeles varios. Pero los he tirado. Ingrato. Con el tiempo aprendí a preguntar. Antes le preguntaba a cualquiera y aceptaba cualquier respuesta. Por ahí no se puede. O es peligroso. Descubrí que nadie en general dice que no sabe. Se contesta lo que se sabe aunque lleve a otro lado. Otros saben muy bien un camino pero más allá una nube negra. Mejor no se meta; puede estar malo. Y ahí va que encuentro al tipo en el café y me dice, ¨como no muchacho es un camino hermoso y no se va a perder¨. Y fue un camino hermoso claro. Crucé un hurón y vi huellas de un Aguará Guazú. En verdad fue otro pibe que me dijo que entre a ese bar que hay un hombre que sabe. Y el que pregunta en verdad a veces hasta prefiere que le mientan. Que le digan que no vaya; que vaya por la ruta como todo el mundo que es más fácil. Todos andamos perdidos y queremos que nos digan algo que nos tranquilice. En el ipod Alcoholic Faith Mission.
Santiago Bardotti.
jueves, septiembre 19
Serenata de cinco cuerdas
Mazzy Star sacó un disco después de 17 años. Hace 15; Laura, que era mi mejor amiga y compañera de aventuras, me escribió desde San Francisco diciendo que casi se suicida por mi culpa. Terminar la residencia fue como terminar la secundaria. Los siete que éramos fuimos expulsados en distintas direcciones. Éramos todos muy distintos pero nos unía el hecho que no podíamos tomarnos el psicoanálisis en serio como todo el resto. Laura terminó en San Francisco. Le regalé para el viaje On the road de Kerouac y So Tonight That I Might See de Mazzy Star con la siguiente anotación; en este disco está una de mis canciones favoritas ever. Se trataba de Five String Serenade. Vengo a enterarme hoy, que justamente esa canción no era del dúo Kendar/Sandoval; responsables de esa banda de dos personas, siendo Hope, en palabras (mejor dicho, en la sigla) de Foster Wallace my PGOAT por mucho tiempo. Siendo PGOAT; Prettiest Girl of All Times. Mazzy Star es para muchos (para mí) el dream pop o el neo folk mucho antes que llegara Devendra; para otros (Laura) simplemente sad pop. Puede ser. Me escribía Laura que esos primeros días en San Francisco vagaba por las calles en estado neuronal. Es un estado en que me he encontrado muchas veces; antes y después. Los impulsos son muchos; todo es nuevo y la capacidad de procesar a un nivel superior la información nula. Algunos lo llaman Choque Cultural también. Otros lo llaman simplemente tristeza, o home sick y es más o menos parecido a cuando un novio/a anuncia, out of the blue; que se va. A Laura la había dejado un novio y se había mudado a otro país todo al mismo tiempo. No son épocas para escuchar a Mazzy Star. O sí. Que se yo. Con Laura fuimos compañeros de correrías por años. Cuando la conocí recién se había casado como muchos en la residencia en una especie de acto reflejo que era, ¨termino la carrera y me caso¨. La mayoría tenía menos de 25 y la mayoría se separó durante el primer año. En las guardias pasaba de todo. Escucho Among My Swam mientras escribo y vuelvo a pensar que la voz de Hope hace creer en el mundo. Escuchar Mazzy Star/Hope Sandoval es, si posible, ver a tu primer amor por primera vez cada vez. Al menos ese primerísimo instante en que pensas que te quedarías ahí para siempre. Después, los discos a veces se hacen largos y los amores no duran. Mi PGOAT se terminó yendo con el pibe (uno de los dos) de Jesus & Mary Chain y en esa época hasta hubiera querido que me adopten. Con Laura, años después, por aburrimiento, pudrimos todo. Ella empezó a hacer escenas de celos (no estaba celosa sino aburrida) y yo una noche le dije que se dejara de joder; subiera al departamento como corresponde y lo hiciéramos de una vez por todas. Murakami avant la lettre. No subió. Five String Serenade resultó ser un cover de Arthur Lee, frontman de Love. Otra banda y otra historia completamente diferente. Escuché Seasons of Your Day anoche en ese estado de duermevela ideal para la ensoñación y el arrepentimiento.
Dj malhumor.
lunes, septiembre 16
El álbum azul
En su última novela, Ricardo Piglia, habla de Weezer y de su primer gran disco; el álbum azul del nerd pop. Cuenta también, sin decirlo, que era amigo de Jacoby y que alguna vez vio a Virus. Es un raro momento en una novela que empieza a lo Piglia y termina a lo Henning Mankell; es decir, cuesta abajo, una tristeza. Empieza como una novela y termina como una declamación. Como apuntes para otra novela que tal vez escriba algún día. Aburrido, cansado; Piglia. En estos días justamente me preguntaba qué música escucharan los escritores que nos gustan. Me lo preguntaba después de leer ¨Los sinsabores de un verdadero policía¨ de Bolaño. Qué gran novela sobre novelistas y poetas desquiciados. Qué gran novela sobre la pasión. Y me decía, alguien, un joven por nacer quizás, alguna vez escriba ¨Los detectives salvajes¨ del punk rock. Una genealogía inexacta, aunque verdadera, de bandas olvidadas que nacieron para brillar solo por una noche. O para no brillar en absoluto. Una genealogía Bolaño Borgeana de cantautores inexistentes. Y entonces, pasó por mi cabeza el pensamiento, que Bolaño; con toda esa sensibilidad para las vidas desperdiciadas parecía ajeno a la rebeldía del rock, del punk, del post rock. En fin, de cualquier música que nos guste y revele.
Fresan en cambio tiene el buen gusto pero lo ha perdido su esnobismo. Creo. Fresan es el amigo que le va bien. Good for him; bad for us. El hecho permanece que no tenemos al cronista de todas esas vidas de muchachos y chicas desbocadas. Fabián Casas escribiendo sobre Zeppelin tiene grandes momentos peró. Casi como si hablara de San Lorenzo. Los demás parecen sociólogos hablando de tendencias. Piglia descubre en el pibe de Weezer un gran gesto. Deja el rock para ir a Harvard. O el MIT. No me acuerdo. Me quedo mucho más con el gesto del pibe de White Town que en el camino inverso dejó la academia para hacerse dj y puto.
Now I know your heart, I know your mind
You don't even know you're bein' unkind
So much for all your highbrow Marxist ways
Just use me up and then you walk away
Boy, you can't play me that way
Well I guess what you say is true
I could never be the right kind of girl for you
CHORUS:
I could never be your woman
I could never be your woman
I could never be your woman
I could never be your woman
Dj Malhumor.
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