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lunes, junio 24

Vida de Cannes IX: Qué azul era mi valle...

6 comentarios:

Inesperadamente y a pedido de nadie, retomamos las crónicas caninnas.

Antes de que empiece el festival de Cannes, escribí con bastante poco entusiasmo sobre la nueva película de Abdellatif Kechiche, llamada en francés La vie d'Adèle, chapitre 1 y 2 (Blue is the warmest color, en inglés). Obviamente no había visto la película, pero mis sospechas estaban fundadas en la filmografía del realizador. Una vez que la película fue proyectada para la prensa (la primera función es siempre para ellos), la mayoría de los críticos salieron festejando el film como una verdadera obra maestra. El mismo día, cuando la vieron el resto de los mortales, la opinión fue la misma. Se trataba de la mejor película en la competencia oficial y ya mismo deberían entregarle la Palma de Oro. Debido a mis tareas festivaleras, que suelen ir en contra de las premieres y funciones de gala, vi la película en cuestión varios días después que todo el mundo –literalmente- la declarara la obra maestra del festival.

Por motivos que desconozco (ya que no soy crítico, sino programador y a duras penas), el crítico y periodista Diego Lerer siempre me invita a participar de la encuesta que desde hace unos años viene realizando durante el festival caninno. Allí se va puntuando a las películas a medida que se presentan. El problema de esa lista es que incluye a demasiada gente, para tener sentido, debería ser más rigurosa en cuanto a los participantes elegidos. Algo que obviamente llevaría a mi exclusión, pero sería un acto de justicia por el bien de la lista y su utilidad.


Después de ver La vie d’ Adele, dude sobre la puntuación que debía darle a la película. No me parecía una obra maestra ni una mala película (aunque su lugar se encontraba más cerca de esto último), pero tampoco me despertaba ningún entusiasmo en particular. Lo poco que me interesaba la historia, se veía compensado por la belleza de sus protagonistas. Mi puntuación entonces fue un 6. Apenas pasaron unas pocas horas para que varios conocidos me reclamaran esa puntuación que yo, recordando épocas de estudiante, suponía un aprobado más que digno. Pero por las reacciones ocasionadas, parece que un 6 era un número inapropiado, como también lo era mi actitud. De seguir así, dijo alguien, iba en camino de convertirme en “el snob del día después”. Lo de snob, lo acepto como un elogio, ahora lo del día después, me dolió profundamente. Sobre todo porque como snob, no hay nada más imperdonable que llegar tarde.

La vie d’ Adele cuenta la historia de amor entre dos señoritas (jóvenes y hermosas). Está basada en un comic o historieta (como se decía en mi época), y de ahí sale su título internacional en inglés. La película mezcla un poco de Maurice Pialat (ver A nos amours), una puesta en escena que remite directamente a los hnos. Dardenne, y tiene dos particularidades pensadas para llamar la atención: primero su duración de casi 180 minutos y segundo unas escenas de sexo entre sus protagonistas, de una intensidad (y extensión) que no suelen verse en el cine mainstream.


Entonces, lo dicho; la película está bien, pero desde cierto cálculo. La historia no es original, pero hay sexo, sus jóvenes protagonistas son encantadoras (el truco más viejo de todos), su puesta en escena es moderna (con una cámara que está ahí, siempre atenta y remarcando los más mínimos detalles de lo que ocurre), y el director se toma el tiempo para capturar el transcurrir de la vida de sus heroínas, la hace con brío, vitalidad y bastante trazo grueso. No es poco para lo que fue la programación de Cannes de este 2013. Y sin embargo…

El final de la historia termina con Kechiche y sus chicas, Adèle Exarchopoulos (sí, la vida de Adèle) y Lea Seydoux, llevándose la codiciada (y anunciada) Palm d’or. 


Una vez ocurrido esto, alguien comparó el triunfo de Kechiche con el de Apichatpong Weeresathakul en el 2010 con Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives. Recuerdo la sorpresa que causó el triunfo del tailandés, pero no que alguien la haya dado como ganadora previamente. Pero esto no es lo único que separa a estas obras y sus directores. Es fácil rastrear de donde proviene (y hacia dónde va) el cine y el imaginario de Kechiche, algo que es imposible con Weerasethakul.  Basta ver el trazo grueso (gruesísimo) en la escena en la que las futuras amantes se cruzan por primera vez. En un caso se trata de un verdadero creador y en otro, de un hábil (no sé si noble, esto lo veremos más adelante) artesano. Cannes puede ubicar a ambos nombres en una misma categoría y hacernos pensar que se trata de lo mismo. He aquí su poder.

A partir de aquí, vienen una serie de datos (arbitrarios, ridículos y paranoicos, claro, para eso estamos en un blog) que aumentan mi desconfianza en La vie d’ Adèle, su director y todas esas cosas que ocurrieron en el festival de Cannes hace ya más de mil años...


- Abdellatif Kechiche empezó su carrera como actor (repito: actor, empiezan las sospechas), para más tarde dedicarse a la dirección. Su primera película fue La faute à Voltaire (2000), dura 130 minutos y trata sobre inmigrantes africanos en Francia. Más tarde siguió L’esquive (2003) y sus 117 minutos, que se vio en el BAFICI y hasta recibió un premio. Quizás se trate de su mejor película y, como suele ocurrir, la que muestra los alcances y límites de su realizador. Su consagración llegó con La graine et le mulet (2007), duración 151, ganadora del premio Cesar (equivalente francés a nuestro Cóndor de Plata, je) a su guión, actriz promisoria –o algo así-, dirección y película. Vénus noire es del 2010 y dura 162, fue un paso fallido, al menos en relación a premios o, quizás, simplemente Kechiche estaba tomando impulso (o estudiando sus errores) para su consagración mundial con La vie d’ Adèle. La duración de esta última es de 179 minutos (o 177, varía según las fuentes). Obviamente, a AK le gustan las películas largas.

- Un chequeo rápido en IMDB nos muestra que con sólo 5 largometrajes, Kechiche cosechó 36 premios en diferentes festivales y esas cosas. Es probable que se trate de un récord. Si el cine fuera un deporte, Kechiche sería un atleta de élite y millonario. 


- Pensando en las comentadas, y bastante espectaculares escenas de sexo (hay algo de viejo voyeur obsesionado con la belleza de sus actrices, en la forma en la que están rodadas estas escenas), no seré yo quien se queje de esto ni tire la primera piedra, le dejo la palabra al (cuando me conviene) amigo François Truffaut:

Esta es la ley del cine normal y el cine tramposo. El cine normal, el de Louis Lumiere, necesita un mínimo de elementos para emocionar. El cine tramposo, para paliar la falta de talento, echa mano de peleas violentas y falseadas, de escenas eróticas y de diálogos teatrales.

- En cuanto al realismo de las escenas eróticas y el nivel de exposición al que se entregan las actrices en la película, no me sorprende. Creo que los actores son una raza dispuesta a todo y que no falta mucho para que uno de ellos se mutile en cámara o algo peor. Obviamente, dichas escenas son lo mejor de la película. Lo dicho: actores...


- Léa Seydoux fue tapa de la edición francesa de Les inrockuptibles, número que salió antes de que comenzara el festival. El terreno se estaba preparando para la película y para terminar de transformar a Lea en la nueva actriz francesa de moda. Joven, bella y con aires de chica moderna, Léa no se privó de llorar en la conferencia de prensa de la película. Repetimos, por si no quedo claro: actores...

- Durante los días del festival se entregan gratuitamente varias revistas, desde las Variety a Hollywood Reporter, hasta otras más ignotas. Entre ellas, mi favorita se llama Gala, que se encarga de informar sobre la farándula asistente a Cannes. Está llena de fotos de ricos y famosos y es, básicamente, la revista Hola en versión caninna. A pesar de tanta frivolidad, ellos también tienen su encuesta de críticos (nombres bastante ignotos) y en esa encuesta también todos declararon a La vie d’Adèle como obra maestra y ganadora indiscutible.  


- A la hora de los agradecimientos, Kechiche nombró a Claude Berri (un productor y director de qualité fallecido en el 2009 y un prócer para algunos en la historia del cine francés, la más oficial, claro) y a Wild Bunch (agentes de venta internacionales que también participan en la producción de algunas películas). Como a la mayoría de los agentes de venta, primero les interesa el dinero y después las películas. Aunque también hay que decir que en su catálogo se encuentra Film Socialism (2010). Con eso, los muy malditos, ya se ganaron el cielo.


- La empresa que adquirió los derechos de distribución de La vie... para la Argentina, es la misma que se encargará de llevar a las salas una versión restaurada y con escenas en 3D de Los bañeros más locos del mundo, de Carlos Galettini.

- Un dato que, creo, todos pasaron por alto, en La vie d’ Adèle actúa Alma Jodorowsky, nieta de Alejandro Jodorowsky. Desconozco el significado de esto y también el de la presencia multitudinaria, en cuerpo y espíritu, de la familia Jodorowsky en esta pasada edición del festival de Cannes. 

Y con este misterio, me despido de esta nueva y atrasada crónica caninna. Espero volver pronto con menos arbitrariedades y más alegría.

Nos vemos.

Marcelo Alderete


domingo, mayo 20

Pecados Canninos (IV)

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(REPORTA DESDE CANNES, MARCELO ALDERETE, CANIBAL CINEFILO)
Otro día más en donde mis actividades laborales me mantienen alejado del cine. Suena paradójico, pero es así. También es cierto que a pesar de todo -y sacando dos funciones del mercado de las que huí raudamente-, pude ver la que hasta ahora es la mejor película en lo que va del festival y hacerme con mi entrada para asistir al evento cinéfilo de este festival: el Dracula 3D del maestro Dario Argento.
La mejor película, en lo que va de mi festival, es Mekong Hotel de Apichatpong Weeresethakul. Al terminar esta crónica,  espero poder demostrar que Argento y Weeresethakul son directores muy similares, aunque sea desde las antípodas de sus obras y visiones cinematográficas. ¿Será esto posible? ¿Acaso los extremos no se tocan y acaso las dos caras de la misma moneda no son, al fin y al cabo, la misma moneda? Y se me acabaron los lugares comunes, aunque eso, comunes, es lo que justamente no son ni Dario ni Apichtapong. Pero empecemos desde el principio.
A veces pasa: un día, sin previo aviso, aparece una Valentina en la vida del cinéfilo solitario que se toma el colectivo para ir al Palais. Valentina es una actriz chilena que estudia en Londres gracias a una beca, y vino a Cannes para la presentación de La noche de enfrente, última película del gran Raúl Ruiz, en donde Valentina actúa. Aunque ella dice que aparece solo en un par de escenitas. Pienso en más de una actriz argentina que basaría su carrera en haber aparecido aunque sea un segundo en una película de Raúl Ruiz. Valentina nos confirma que (leer con acento chileno), el hotel donde paramos, nosotros y ella, es una "puta mierda". Y habrá que creerle nomas.
Junto a Valentina tomamos el 20, y previo tour didáctico por la zona del festival (un servicio gratuito que Alderete Producciones brinda a las chicas lindas), nos dirigimos a buscar entradas, enterándonos que los actores acreditados retiran sus tickets en una oficina diferente. Al salir de allí, se nos acerca otra actríz, esta vez española. Christina nos escucha hablar y nos pregunta si somos argentinos y nos ponemos a conversar e intercambiar teléfonos, mails y esas cosas que hacen la vida social mucho más efectiva. Pero dejemos a las bellas actrices por ahora, que de esto no se vive (mentira) y sigamos un rato más con la vida social, que hoy fue un día cargadito en ese aspecto.
En el transcurso de la jornada, nos cruzamos y charlamos con los chilenos AFA, Raúl Camargo y Carlos Núñez R. Más tarde, por la noche, ya de vuelta al hotel, veo que me saludan de un bar y no eran otros que el eminentísimo Sr. Jurado de Un certain regard Luciano Monteagudo, cenando con él, (que raro escribir esto) el ex- director del BAFICI, el señor Sergio Wolf, quién se burló de mis penurias y quejas por no poder ver muchas películas. "¿Viste lo que pasa con la cinefilia cuando hay más responsabilidades?",  me dijo. Y tiene razón. En las responsabilidades comienzan a morir los sueños de los cinéfilos. Monteagudo nos contó divertidas anécdotas de su tarea de jurado y nos aseguró que Tim Roth es una buena persona. Con Sergio le dijimos que no se confíe demasiado, mirá lo que le paso a Harvey Keitel por confiarse. Y así, caminando al lado de Wolf hasta la terminal de micros y esperando junto a Valentina la llegada del 20, termino un nuevo día.
Y me estaba yendo sin hablarles de la nueva película de Apichtapong.  Ahí vamos, antes de que nuevamente me gane el cansancio.
En las listas previas que circularon con los títulos para este festival de Cannes, la de Apichtapong no estaba en ningún lado. Hasta que, de repente, apareció en una sección al costado de las competencias oficiales. Hay algo de lógico en esta decisión de Fremeaux, ya que el canon de normalidad de su festival seguramente no concibe a Mekong Hotel como una película. Y algo de eso hay (ay!) aunque no dicho de manera peyorativa.  Es tal el estado de gracia de Weeresethakul hoy en día, que incluso sus ensayos o apuntes son superiores a muchas de las películas que participan en este festival en las secciones oficiales. Mekong Hotel funciona de la misma forma en que lo hacía el corto documental A Letter to Uncle Boonmee, previo al largometraje El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives). Aunque al final las dos obras terminen funcionando de manera autónoma. En Mekong Hotel hay una pareja de actores dialogando entre ellos, quizás en el descanso de un rodaje o ensayando el texto de esa misma película, grandes planos de paisajes en donde sus figuras se recortan, allá a lo lejos en la inmensidad, una madre y una hija hablando entre ellas y un músico que ensaya y olvida una canción, interpretada en su guitarra acústica, frente a la mirada atenta del mismísimo Joe y -aquí viene la sorpresa- personas que aparecen comiendo carne humana debido a un cambio sufrido en sus metabolismos. Si señores, la próxima película de Apichtapong, podría ser una de terror.
Y hablando de terror, el terreno queda preparado y manchado de sangre para la llegada del Dracula 3D, esperadísima nueva película de Argento que se presenta hoy a la trasnoche. Lo único que pido es no estar cerca de mis conocidos si llega a hacer acto de presencia el mismísimo Argento. Mis lágrimas podrían comenzar en ese momento y detenerse recién dentro de cuatro festivales. Y sabemos que el 3D no se lleva bien con las lágrimas.
Al empezar a escribir esta crónica les prometí unir los nombres de Weeresethakul y Argento, pero ahora no recuerdo bien ni cual, ni cómo era mi teoría. Algo sobre la creencia en lo sobrenatural en los dos autores, sobre la intima relación entre el cine exploitaiton y el cine arty... Pero no, no hay caso, no logro recordarlo. Se los debo. Lo que indica dos cosas: una, mi falta de inteligencia; dos, mi cansancio y tres, la poca palabra que tengo. Ah, eran tres las cosas indicadas...
Nuevamente, y contando las horas para la medianoche de Argento, los despide desde la frontera misma de Cannes pero siempre del lado de adentro, este humilde cronista.
(Con todo el amor y garra que le estamos poniendo a este festival, no sé que espera Thierry Fremeaux para ponernos un auto con chofer a disposicion, si lo ven por ahí, avisenle).