sábado, noviembre 3

27° Festival de Cine de Mar del Plata: homenajes a Narciso Ibañez Menta y Manuel García Ferré

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Nos vamos acercando a la fecha de largada del festival de cine de la ciudad costera y lógicamente las novedades inundan nuestro escritorio de trabajo. Un repaso por las últimas noticias nos dice que dos de nuestros héroes de la infancia tendrán focos dedicados a su obra. Acá hay uno que se escondía con una Anteojito debajo de la mesa cuando sonaba la música de El hombre que volvió de la muerte, así que le cierra que la nueva versión del festival albergue homenajes a Manuel García Ferré y a Narciso Ibañez Menta.

El creador de El pulpo negro será recordado en el centenario de su nacimiento. Su hijo, Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador estará presente para evocarlo en este homenaje en el que además se proyectará un gran clásico nacional del cine de terror: La bestia debe morir dirigida por Román Viñoly Barreto, con la actuación de Ibañez Menta junto a Nathán Pinzón y Laura Hidalgo.

En el caso del creador de Oaky, se exhibirá casi toda su obra cinematográfica, que hizo reír y llorar (y también reír y llorar de manera irónica) a varias generaciones de argentinos: Anteojito y Antifaz –mil intentos y un invento-; Corazón: las alegrias de Pantriste; Ico, el caballito valiente; Manuelita, la tortuga y Petete y Trapito.

Para acompañar esta ola de nostalgia auténticamente nacional y popular se proyectará Titanes en el ring  (film de 1973, con la actuación de Martín Karadagián y su troupe de luchadores), y dos títulos de los Superagentes, aquel power trío tragicómico integrado por Tiburón (Víctor Bó), Delfín (Ricardo Bauleo) y Mojarrita (Julio De Grazia): Los Superagentes biónicos y Los Superagentes y el tesoro maldito.

La propuesta infantil se agranda con un espacio dedicado al grupo de cortometrajes del Taller de Cine El Mate (de Vicente López) y una selección de trabajos de Ojo al Piojo, el festival itinerante de Rosario. A estos títulos se suma una película argentina nunca estrenada en cines: Manekenk de Juan Schröder, con Marilina Ross. Desde México llegará el film El secreto del medallón de jade y los cortos Defectuosos y Lucy contra los límites de la voz. Cuba se hará presente con el largometraje Y, sin embargo (Cuba), con Eslinda Nuñez y Silvio Rodríguez, mientras que España aportará el largo Las aventuras de Tadeo Jones y los cortos Viaje a la tierra del quebracho y Via tango.

+ info: www.mardelplatafilmfest.com/

viernes, noviembre 2

La flautista de Hamelin

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Me tocó el sillón y allí me tiré y me puse a terminar de ver La Presa; una película francesa de uno que huye todo el tiempo. Se escapa de la cárcel y corre y corre. Literalmente. Corre por su vida a toda velocidad. Lo persigue una policía. En Francia las policías son super models Yo también corro. Ayer me fui corriendo hasta la laguna de Rocha. La laguna se había abierto paso y sale al mar. Sí, sí, es hermoso. Y antes de ayer cruce ese canal con el agua al pecho y la bicicleta en los hombros. En la orilla de la laguna revoloteaba una enorme bandada de rayadores.
La corriente tiraba hacia el mar y en la boca entraba la rompiente y las olas. Daba un poco de impresión visto desde el agua. Había unos pescadores a lo lejos. Si me iba a hundir con el equipaje y la bici hubiera preferido hacerlo a solas. El piso arenoso era inestable y unos cangrejos chiquitos me tocaban aquí y allá los pies. Una garza mora pescaba más adentro. Cuando estuve con todas las cosas del otro lado salté de alegría e hice gestos de gol. Gran momento, como cuando bailo solo algún tema de Loveless encerrado en el living; si, todavía hago esas cosas. Cuando bajaba el volumen en alguna de las escenas se escuchaba una chica cantar. Al principio se confundía con el audio de la película. Yo estaba con auriculares. En la cocina Walter tenía la televisión encendida. Era una uruguaya de voz hermosa sola con su guitarra en un programa de trasnoche. Quién es le pregunté a Walter que no estaba mirando y le daba de comer a los gatos. Una loca me dijo. Walter es algo básico. Me levanté y miré. Tiene rulos y anteojos por si alguno la conoce y me quiere contar. Después cantó en inglés pero no me volví a levantar del sillón y me debo haber dormido. Hace unos meses dormí en un barco en el puerto de Corumbá. Llegué hasta allí después de dos días de navegación por el río Paraguay. Corumbá está en Brasil en la frontera con Bolivia, junto al río, junto al pantanal y al pie de un morro. El emplazamiento es algo muy especial. La ciudad es especial. Llegamos a eso de las cuatro de la tarde.
Era un carguero que llevaba algunos pasajeros. Había armado mi carpa en la cubierta y quería quedarme a bordo una noche más; como si me diera algo de miedo bajar; como si no estuviera preparado. El puerto es en verdad un embarcadero al pie de la ciudad a la que hay que subir por una calle empedrada entre casa viejas. Leía en la carpa ya de noche y escuché también una chica cantando. Una voz también hermosa pero no venía de una televisión sino de un bar allá arriba. Cantaba en castellano y yo creí que era una chica argentina pero tal vez me equivoqué y era uruguaya y tal vez era la chica que escuché ayer acá en La Paloma. Esas cosas pasan. La voz me hizo levantar y me llevó hacia la ciudad como el flautista de Hamelin. Caminé bajo los faroles y llegué a un bar con un cartel Noche de los Songwriters. Tenía que ser ahí. ¿Cuántos bares con songwriters puede haber en Corumbá?? Ya no había ninguna chica cantando. Había un pibe que lo hacía bastante bien hasta que patinó con los covers de Radiohead. Me pedí una cerveza y pregunté quién había estado cantando. Una chica brasileña se presentó y la elogié dudando que fuera ella. Ella terminaba de cantar pero en portugués. Después de mi cerveza y hacer tiempo volví al barco y sí, más tarde, escuché voces de una fiesta en alguna terraza y otra vez la voz de la chica que venía de otra parte. Ya nos veremos las caras pensé. Así las búsquedas. Siguiendo una voz lejana en una ciudad desconocida; al pie de un morro, junto a un río inmenso. Dj malhumor.

jueves, noviembre 1

BARS 13: The Last Will and Testament of Rosalind Leigh, de Rodrigo Guidiño

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Rodrigo Guidiño fundó en 1997 la revista canadiense Rue Morgue y hace algunos años que viene involucrándose en distintos proyectos, escribiendo, actuando, dirigiendo cortos, pero recién este año su labor como director lo llevó a hacer The Last Will and Testament of Rosalind Leigh.

Leon, con toda su pinta de cafisho, acaba de heredar la casa de la madre que murió. En los últimos tiempos, la señora estuvo un poco fanática religiosa. El fanatismo religioso y las películas de terror ya son un lugar muy común, pero intento no dejarme llevar por mis prejuicios. A continuación, el hombre quiere mudarse a la casa, pero pasa una noche un poco incómoda, llama su ex-pareja para que lo ayude a pasar el tiempo, ve cosas en el jardín, entra en trance para hablar con muertos y una larga lista de cosas que son típicas de este tipo de película, aunque hubiesen faltado cosas que se caen solas, apariciones inexplicables, etc. No se entiende qué quiso hacer el niño Rodrigo con esto.

Con una sola persona en cámara contínuamente, que sólo hace contacto con otros personajes que nunca son puestos en pantalla, suena complicado de mantener a un espectador atento. Con sólo ochenta y cinco minutos de duración, esta película parecería haber sido filmada a medida que se iba escribiendo, sin importar qué pasaba antes: primero la historia va para un lado, después para otro, pero no a modo de giro en la trama, sino como si algo le hubiese faltado en el medio que justifique por qué ese cambio. También es un poco irritante el uso de los elementos de la casa que, a modo de advertencia, van mostrando qué pasará a continuación. En lugar de ser guiños al espectador o advertencias, son recursos que terminan haciendo de The Last Testament (…) algo completamente predecible.

En mi vida cabecée dos veces en el cine y, gracias a Guidiño, ahora hay una tercera.

Ludmila Iara K.

BARS 13: Acción de policías, de César Bigus

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Policías en acción es un reality que nos ha dado grandes momentos, al menos cuando las cosas no se ponen demasiado morbosas y sangrientas. Siempre hay alguna escena que nos saca una sonrisa, como es la de “Altos pantalones” o aquella en la que el hombre se justificaba por pegarle a su mujer diciendo “Le das casa, les das de comer, ¿qué quieren? ¿Amor también?”, aunque este último es otro tipo de risa, claro.
En el caso de la película escrita y dirigida por César Bigus, la risa aparece, pero mucho menos de lo que quisiéramos. Un productor (el mejor personaje de todo el largo) quiere hacer un reality con dos policías, se citan en un lugar y ahí mismo comienza el show. En el medio de las negociaciones aparece un pibe lleno de sangre, van a investigar, encuentran que hay una flaca que está viva, le da el nombre de otro posible sobreviviente que, en realidad, es un científico loco que inventó el viagra y ahora quiere llenarse de plata (cómo odio que las películas argentinas digan “rico” en lugar de “millonario”) a costa de generar una plaga de violadores. En realidad no es taaaaan así, sino que inventó algo que hace que los hombres se quieran empomar a todo lo que camina, para morirse al rato de un infarto. ¿Y la plata? Bueno, este pibe tiene algo de Jonas Salk y también el antídoto al “amandrilamiento”, que planea venderlo a grandes sumas.
La cámara está en mano contínuamente, para enfatizar la sensación de reality show, en algunos momentos se hace una pausa porque hablan los protagonistas, a modo de documental y las escenas que no aportan absolutamente nada a la trama aparecen cada dos por tres. Si bien la idea no me pareció nada del todo brillante, sí parecería tener mucho potencial para armar un radio edit y sacarle, al menos, unos treinta minutos de metraje. Y, ya que están, que le saquen muchos de los forzadísimos chistes.

Ludmila Iara K.


BARS 13: Masks, de Andreas Marschall

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Art Brut tiene una canción titulada “My little brother just discovered rock 'n roll” en la que Eddie Argos nos cuenta esto que le acaba de pasar a su hermano, que ya no escucha singles sino que se inclina hacia los b-sides y los bootlegs. La banda es inglesa pero hacen base en Alemania, el mismo país de origen que la película escrita, dirigida y editada por Andreas Marschall durante el 2011. El señor Marschall también hizo los pósters publicitarios de Nekromantic y Nekromantic 2.

Si yo tuviese un hermano más chico (de hecho, tengo una hermanastra) y quisiera introducirlo en el bello (a su manera) mundo de Dario Argento, definitivamente empezaría por Masks. Andreas no sólo copia fielmente el estilo del tano, sino que la historia tiene una gran reminiscencia a Suspiria: Stella, una alemana que está más buena que una tostada con dulce de leche y Nutella (que es de Ferrero, italianos, no alemán como piensa mucha gente), quiere hacer carrera como actriz. Como los prejuicios nos indican, si sos un terrible Scania, no podés actuar bien. Por esta razón comienza a tomar clases en la escuela de Matteusz Gdula, un polaco que terminó suicidándose en 1973, después de un incidente en la institución. De hecho, la película comienza con un flashback muy ilustrativo del sudor, y sobretodo la sangre, que requería el método. Como en la de Argento y las bailarinas, la protagonista vive una serie de hechos extraños, replanteándose qué hace ahí. Por supuesto que no abandona las clases y las víctimas van cayendo una a una.

Desde el comienzo, sabemos que no estamos frente a algo muy original: los títulos, la música, la escena fundante, la chica que sale corriendo por la puerta a los diez minutos de comenzada la película, gritan papá de Asia Argento por todos lados. Sin embargo, esto no molesta porque no se oculta bajo el “homenaje” ni el “tributo”, sino que está todo explicitado de una forma en la que acusar a Marschall de plagiador sería algo incorrecto. Prefiero pensar que “continúa con la tradición” de lo que aquel genio de Roma nos dio con Rosso Profondo, la mencionada Suspiria e Inferno y no el que sucumbió ante el mercado del 3D (aunque YA quiero una fecha de estreno en este país para esa película).


BARS 13: Abracadabra, de Alejandro Iglesias Mendizábal

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Cuando Fermín llega a su casa, encuentra a su esposa Mariana en pleno acto sexual con Bobby. Ante el engaño, su reacción es tomar un cuchillo y clavarles un par de puñaladas, para quitarles la vida. Los entierra para borrar las evidencias, pero, para su sorpresa, la mujer vuelve en forma de zombie, siguiéndolo a todas partes, dando lugar a varias escenas graciosas.
Lo mejor de este corto de Alejandro Iglesias Mendizábal (México, 2011) es cómo muestra, vía montaje paralelo, a Fermín intentando deshacerse de los cadáveres y cómo la situación puede ser analogable a un truco de magia en el que se desaparece a dos personas, hobby en el que el oficinista jamás prosperó.
Es bueno ver que existen directores que saben reconocer cuál es el metraje necesario para contar una historia, haciéndolo de manera impecable y sin grandes errores, aunque el final nos resulte un poco cursi.

Ludmila Iara K.