viernes, agosto 26

Larry David State of Mind

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Me desperté en un estado mental Larry David. Me di cuenta cuando desayunaba tarareando la musiquita del programa. Supongo que habrá sido el hecho de cruzarme con ese actor Chávez en Palermo, el de Un Oso Rojo. Y con ese otro, Aute, que resultó ser el tipo que me crucé en un hotel de mil dólares la noche mientras esperaba a un chino parecido a Jackie Chan. En un momento tenía que hacer tiempo y me meto en un bar en Quintana y Callao y abro el diario y estaba el tipo que había visto en el lobby. Había una foto sentado en un sillón de esos que te hacen sentir importante y un epígrafe que decía ¨En otra vida debo haber sido argentino¨. Yo también habría querido ser argentino si me reciben en un hotel de mil dólares la noche. Pero en otra vida, si le damos unos años al karma, la Argentina no existía y era solo una inmensa pampa poblada de leones y tigres. Lo miré a Chávez y casi le digo a vos te conozco y el tipo me miró (un gesto de humanidad) y ahí me di cuenta quién era y le dije al chino; es un actor famoso y el chino ahí nomás le sacó una foto. Larry David se encuentra gente todo el tiempo como si la vida fuera una película y la calle un escenario a cielo abierto. Por qué no también nosotros?
A veces me encuentro en un Wittgenstein State of Mind. Es cuando quisiera abandonar el mundo y convertirme en jardinero de un convento. Pero para ser genuino debería primero pelear en una guerra como voluntario; escribir un tratado lógico filósofico y llevar a occidente a los límites del lenguaje. Creo que va a quedar para más adelante.
En verdad el chino con el que pasé el día es de Hong Kong y me contó una linda historia de cuando Macao, que era una colonia portuguesa, volvió a ser China, como le pasó después a Hong Kong. Una semana antes de la anexión el que sería el nuevo jefe de policía juntó en un restaurant a los jefes de las distintas familias mafiosas de la ciudad. Les explicó lo que ya sabían, que en una semana Macao sería China y le pidió que tomaran sus cosas y se las tomaran; otramente serían ejecutados en la calle no más los vieran, sin preguntar y sin anestesia. Los más sabios se fueron para Tailandia, Filipinas, Malasia y demás. En la semana que siguió, como prometió, liquidó a unos diez que no le creyeron; a sangre fría y en plena calle. Ahí nomás le pregunté si conocía a Johnny To. No lo conocía pero conocía a Wong Kar Wai. Le dije que Happy Together era la película más importante del nuevo cine argentino pero no pareció impresionarlo mucho el comentario.

dj malhumor.

sábado, agosto 20

La lechuza

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Por una extraña razón el pueblo aparecía en el mapa. Se trataba de dos casas a 500 metros una de la otra; unos galpones gigantes y vacíos y otra casa para los peones que vivían allí durante la semana. Pasé por verdaderos pueblos, con panadería y todo, que no tenían ni nombre. Parecen caprichos. Por qué este sí y por qué este no. Porque antes vivían como 500 personas; o porque antes por aquí pasaba una ruta que ya no está o porque había una gran estancia de esas que tienen adentro escuela y todo. Ya lo dice la canción, ¨everything is temporary anyway¨. Los pueblos también nacen y mueren. A veces con escándalo; a veces de muerte natural. Me acomodé bajo un techo y de la casa más cercana (en la otra, más lejos, estaban faenando un chancho) se acerco un muchacho a charlar y con leña para hacer fuego. Sin querer vimos el atardecer (los tractores viejos y los arados aún más parecían dinosaurios pastando) hablando de bueyes perdidos. Antes que se fuera la última luz me dijo que lo acompañara al galpón y me mostró una columna en el techo. Allí estaba, increíblemente blanca, una lechuza del campanario. Le conocía el nombre pero solamente la había escuchado una vez en Córdoba. En verdad la había visto desaparecer en la oscuridad pero apenas contaba. Mirar pájaros es amigarse con la fugacidad. Prepararse para algo que apenas dura. La lechuza del campanario en verdad es un ave extraordinaria pero que se la puede ver aquí y allá. Hay que saber buscarla. O que un pibe del campo te lleve a ella como sabiendo que es lo que necesitás. Esa noche iba a helar con ganas. El fuego duro lo suficiente y la lechuza dormía cuando me levanté a la mañana; dejó que la fotografiara y después se fue quizás molesta de que la despertara.

dj malhumor

jueves, agosto 11

Pablo Krantz - “Los extraños nunca dicen adiós"

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"Los extraños nunca dicen adiós"


Entre los links nacionales de descarga directa que aparecieron últimamente, sobresale el que nos lleva al segundo disco de Pablo Krantz "Los extraños nunca dicen adiós". Un álbum editado en 2001 pocas semanas antes del corralito, los cacerolazos y los muertos en Plaza de Mayo. Krantz rescata con este upload 10 canciones atemporales, con las influencias claras de los songwriters que siempre se nombran en las reseñas de sus discos: Leonard Cohen, Lou Reed, Bob Dylan y Serge Gainsbourg. Con canciones desesperadas (De maravillas perdidas), románticas (En algún lugar de Marte) o existencialistas (Creés en los milagros), “Los extraños nunca dicen adiós" fue grabado entre 2000 y 2001. Lo produjo Mariano “Manza” Esaín y entre los 18 músicos participantes están Flopa Lestani, Rudie Martínez (Adicta), Fernando Ricciardi (Fabulosos Cadillacs) y Gustavo Antuña (Buenos Muchachos).

Le preguntamos a Pablo Krantz por qué decidió poner el disco online para bajarlo gratis en vez de reeditarlo y nos respondió: "Me decidí porque lleva mucho tiempo agotado ya y porque tuvo bastante poca circulación en Argentina en su momento, pues salió en medio de la crisis del 2001 y poco después me llevé la mayor parte de los ejemplares a París, cuando me fui a vivir allá a comienzos del 2002. Es muy importante para mí que la gente lo escuche porque es como un eslabón perdido entre mi primer disco (“Demasiado tiempo en ningún lado", de 1999), que sí tuvo mucha más circulación en su tiempo, y las canciones que hago ahora. Y me doy cuenta de que, cuando tengo dinero para invertir, prefiero gastarlo en producir discos nuevos y no en reeditar viejo material. Por suerte, Internet hoy permite este tipo de circulación virtual, el disco llegó a cientos de computadoras en pocos días."

- ¿Qué tan actual sentís al disco?
"Me parece un disco atemporal, porque es un disco de canciones de rock. A la distancia lo veo bastante cargado de la desesperación y la angustia de aquellos tiempos en que salió, de todos esos sentimientos que me hicieron irme por unos cuantos años del país. La gente que lo pudo conseguir en su época todavía lo recuerda con mucho amor y me pide canciones del disco en los shows. Además, en estos tiempos en que el formato canción ha vuelto con mucha fuerza a nuestro país, me parece que estos temas van a encontrar muchos más oídos cómplices que en aquellas épocas de rock chabón y bengalas perdidas."

"Los extraños nunca dicen adiós" está a sólo un click de distancia.

miércoles, agosto 10

Stop making sense

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Mil kilómetros non stop. Viento de costado, de frente; lluvia; frío y por fin el sol. Hasta que llegué al río. En Artigas crucé al Brasil con bastante miedo. No hubo un solo uruguayo que no me mirara con lástima cuando decía que iba a cruzar la frontera. ¨Solo le digo que no se regale¨. Ese fue el más optimista. Lo mismo me dijo después el viejo amarilla con el tigre; ¨sí no se regala es un bicho tímido¨. A Artigas llegué en un camión de vialidad que me levantó en medio del aguacero. Hasta allí había aguantado muy bien. Me decía que en cada segundo quería estar allí; la vivencia inigualable de la ruta solitaria, las nubes negras, los campos amarillos (cualquier fotógrafo sabe que es la mejor luz); los arroyos solitarios y cargados; los paisanos tapados con los ponchos de agua yendo al paso uno junto al otro como pandilla salvaje. Cada instante era incomparable; un instante al lado del otro mojaba. Le voy a decir a mi profesora de yoga. Y que no hay gore tex que aguante. Armé la carpa en un camping solitario y pasé la nochecita con un cuidador simpático que me preparó unos panchos. Era un pibe bueno. Tenía pinta de deportista y de hecho había sido karateca. Un primo envidioso le pagó con cerveza a unos cuantos para que le dieran una paliza y le demostraran que el karate no sirve para nada. Lo dejaron medio muerto de los golpes; eran cinco o seis. Cuando se recuperó lo agarró al primo y le pegó hasta dejarlo tirado. Lloraba mientras lo hacía me dijo; ¨soy un tipo bueno y pacífico¨. El primo se fue a vivir a otro pueblo; le perdonó la vida por respeto a su madre. Un western de la banda oriental. Mientras comíamos los panchos veíamos los noticieros de la TV brasilera. Son más sensacionalistas que los nuestros. Ahí vi las imágenes brutales de una cámara de seguridad callejera. Un tipo tiraba a otro al piso y lo golpeaba para robarle. Lo dejaba medio desmayado en el piso; le sacaba la billetera y antes de irse le ponía un revólver en la cabeza y disparaba sin más. Vi una escena parecida en Argentina; una cámara en un super chino. El tipo le saca la plata al cajero y después le dispara porque sí. Terrible. Las imágenes daban vuelta en mi cabeza. Me aterrorizaban como de chico esos documentales donde la leona alcanza a la gacela o el cocodrilo aparecía de golpe y se llevaba hacia las profundidades una cebra incauta.
Crucé la frontera pero. Un puente sobre un río brumoso. Preparado para lo peor que no llegó. No me regalé y dormí en hoteles baratos llenos de viajantes simpáticos y borrachines. Tuve mis sorpresas. Nada es tan plano como la pampa al final. Cerros, selva, más arroyos, montañas misteriosas; laderas de colores y pueblo de siluetas suizas. En Roque Gonzales dormí en un hotel sobre la terminal y mi ventana daba a la plaza; podía vigilarlo todo. Debería haberme emborrachado a morir y completar la atmósfera ¨Desde el Volcán¨. Hago todo a medias. A la mañana siguiente estaba en la otra frontera. Todo se había vuelto tropical y exuberante. El río Uruguay bajaba tranquilo. Esperé la balsa comiendo galletitas. En cámara da mucho mejor fumar supongo. Al mediodía estaba del otro lado.

Dj malhumor.

sábado, agosto 6

¡Hacé click ya mismo!

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Si no viste loudQUIETloud el documental sobre la reunión de los Pixies, SnagFilms, un sitio para tener entre los favoritos, lo está ofreciendo de manera absolutamente gratuita para que te lo calces al hombro y lo veas en tu hermosa computadora, teléfono canchero o tv conectada a la web. Vale la pena ver a estos muchachos boludeando entre show y show mientras las hermanitas Deal tejen y fuman sin parar. Pa´verlo, sólo hace falta hacer click donde dice click. De nada, che...

miércoles, julio 27

Tributo a los Strokes

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Hace un tiempo habíamos linkeado el excelente tributo al OK Computer de Radiohead organizado por el site Stereogum. Y al de Post de Björk y Automatic for the People de R.E.M.
Ahora le llegó el turno a The Strokes, con Is This It, sin dudas su mejor disco.
¡Unos capos lo de Stereogram! Justo cuando se acaba de anunciar la presencia de los neoyorquinos en el Personal Fest de este año.Y bue, habrá que escuchar el tributo...

miércoles, julio 13

Dj malhumor en la cueva de los maleantes

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Me contó sentado en la matera que Villaverde gritó en la noche ¨Apague la luz abombado¨. Estaban en el monte cazando mulitas pero apareció un borrego y decidieron llevarlo para las casas. Las luces eran de la policía que se los llevó presos por ladronzuelos. Estuvieron un mes en la cárcel de Treinta Y Tres donde tienen comida todos los días e incluso cable. Unas mini vacaciones; eso sí, la próxima vez van adentro siete meses. Le pregunté qué hace cuando está solo. ¨Escucho radio; salgo a dar una vuelta con los perros a cazar carpincho; comadrejas o lo que encuentre¨. Durante la mañana me acompañó a la bicicletería del pueblo porque no se deja ningún gaucho de a pie. Me llevaba ahí porque tenía fiado; iba para su cuenta. Cruzamos el pueblo rápido saludando como para que no nos pare nadie. Era enternecedor ver que le debía a cada santo una vela. Los bicicleteros de pueblo son otra raza que raramente me cobran. Todos son viejas glorias que supieron recorrer las rutas. También me acogen como un par; encuentro de aventureros en medio del desierto. Era bueno ver la luz después de pasar la mañana en el rancho oscuro. Una especie de cueva de Alí Babá. Un gran hermano de gauchos retirados, borrachines y evadidos de la ley. Era de mañana pero ya corría el vino y espirituosas de varios tipos. En un momento se pusieron a payar. El loco Juan cantaba peor que el cantante de The Pastels y le daba a la guitarra de una manera tan rústica que parecía Jim O´Rourke. Más que una payada parecía la Burt Reynold´s Emsamble. El cuadro lo completaban un par de viejos que hablaban salteado y que los usaban para hacer mandados. ¨Es un shock cultural, todavía no se qué hago acá. Pago mi pena en verdad¨. El Negro que fué el que me llevó es de Montevideo pero había recalado en el pueblo por un trabajo que después perdió y ahora no tenía cómo volver. Después deslizó algo de un robo a un banco, un botín escondido y una traición. Es un acelerado y los gauchos lo serenan con su inmensa capacidad para no hacer nada. Nos habíamos encontrado mirando la inundación. Después de la lluvia de la madrugada se había desbordado el arroyo y donde yo había planeado poner la carpa había dos metros de agua. Una milagrosa lucidez de último momento me llevó a otro lado. Un último pensamiento como una soga de salvación; como en las películas de acción, en el último segundo decidí hacer la carpa en la casa vacía. Los ruidos que escuché eran las comadrejas me enteré al otro día. Un ruido menor comparado con el de mis pensamientos luego de saber del dos a cero en Córdoba. Me invitaron a tomar mate con una caña brasileña que venden en un almacén que funciona atrás de una casa y que traen de contrabando desde Brasil. Yo creo que contrabandean de gusto. Que incluso el contrabando ya no existe; que no se enteraron que hay libre circulación de las cosas y los bienes. Son fuera de la ley natos; están en el grado cero de la cultura. Como el Robinson Crusoe de Michel Tournier en mi libro favorito de todos los tiempos; ¨Viernes o los limbos del Pacífico¨. El libro que regalé más veces junto con ¨G¨ de John Berger y ¨El vino del Estío¨ de Ray Bradbury. En otra vida hubiera querido leer solamente esos tres libros y nada más. También hubiera querido naufragar y terminar en una isla desierta. Daniel es Robinson. Al día siguiente pasé por su propio rancho, ladeado por el viento, de junco y adobe. En la entrada había un charco, regalo todavía de la lluvia. El techo es bajo y nos sentamos junto a la cocina a leña. Una especie de cueva, de madriguera de fiera solitaria. Se estaba bien. Yo podría vivir aquí. Por la puerta se veía el cielo azul e inmenso. Cuando el viento y la lluvia lo tire levantará otro. Igualmente esté duró como veinte años ya. Después caminamos un poco y vimos el rancho de Villaverde totalmente quemado. Mientras mirábamos las ruinas me contó la historia del robo de las ovejas y la famosa frase. El rancho en el campo es propio de un gaucho. En el arrabal de un pueblo es más una cueva de maleantes. El grado cero; no necesitar nada. El problema son los otros. No ya las leyes a respetar o seguir. Simplemente los otros. Los que necesitan cosas; los que tienen opiniones; los que murmullan a las espaldas. Caminamos hasta el arroyo donde está el bosquecito donde saca leña y saludamos a los dos tipos que fabrican ladrillos. Hay que saludar; lo impone el protocolo. Cuando viene con caña desde el pueblo hace un rodeo para que no lo vean y se la tomen. El gaucho es generoso pero tampoco es cuestión de quedarse pelado cada vez. El Robinson de Tournier encuentra una cueva cerca de la playa y allí se entierra en un arenal pasando no se cuantos días y noches. Especie de vuelta al vientre materno. Descenso a los infiernos también; como la búsqueda del corazón de las tinieblas. Sin embargo el rancho de Daniel no tiene nada de lúgubre. Si tiene una fuerza que me asusta. ¨Yo también podría quedarme aquí y vivir sin nada de nada¨. Preparamos un arroz con huevos fritos y después como pájaro que comió, volé. Un día inmejorable. Ni una sola nube; un solcito que calienta. Daniel lagrimeó como un hombre y nos despedimos con un abrazo. Pedaleando despacio enfilé para la cuchilla.

martes, julio 5

Gitano

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Me contó que estaba en una discoteca en Montevideo y se le acercó un tipo y le dijo, ¨qué te pasa que me imitás?¨ Hablaba con una voz ronca y pastosa igual a la de él mismo. ¨Yo soy el gitano¨ se presentó; ¨Yo soy Pappo¨ dijo el otro ¨y hoy voy a tocar blues y rock ´n roll¨. Después de unos minutos lo invitó a que subiera a tocar la armónica. Como los encantadores de espíritus que solo convocan en sus sesiones a espíritus importantes, el gitano solo se encuentra al azar con luminarias. Pappo en Montevideo; Sabina en Madrid; Pablo Escobar en Medellín; ¨mi padrino¨. Pensé que iba a querer que le pagara la cerveza por sus historias pero no; el que invitó fue él y después, en el día más frío del año, me dijo que fuera a dormir a su casa; eso sí, me aclaró que al mediodía nos teníamos que ir porque venía su ex con el abogado a llevarse las cosas. Así fue que la mañana siguiente estaba metido de lleno en la vida de otro ayudando a empaquetar libros; ropa y muñecos de peluche. Deduje que se trataba de algo infantil. ¨Volví de España y me encontré con el amor de mi vida¨. Ahora el amorcito se le llevaba todo. En medio internaciones psiquiátricas, un ex marido maquiavélico; fortunas en juego y la traición pura y cruel. Te lo cuento para que lo escribas me dijo ya de madrugada. Después me mostró mi cuarto y él se acomodó en el sillón. ¨No te preocupes; yo siempre duermo acá, nací en una carpa y por eso me dicen el gitano¨.

dj malhumor

martes, junio 28

Popeye

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¨Vos tenés que hacerte conocer¨ me dijo mientras me llenaba el vaso de whisky. ¨Te puedo decir que nadie, pero nadie debe haber hecho esto; venirse a esta aldea en bicicleta¨. Cuando nos dimos la mano casi me la quiebra. ¨Se ve que tiene fuerza¨ le dije. ¨Tenía fuerza; así como ves yo pesaba noventa kilos¨. Al rato vino directamente con la botella y una foto de él con sesenta y cinco años; no hace mucho porque ahora tiene setenta según me dijo. Es muy graciosa; está posando como un Charles Atlas y la verdad que tuve que mirar varias veces para confirmar que no era trucada; puro músculo y el cuerpo de un atleta ruso pero con pelo y barba blanca como un marinero. Igual a Popeye ahora que lo pienso. Anoche dormí en una colina bajo unos eucaliptos con una vista panorámica del río y el pueblo al otro lado. Llegué hasta ahí que es una especie de confín del mundo. El río es ancho y el viento era muy fuerte; las olas eran muy grandes y por otra parte la barcaza para cruzar se rompió. Con suerte crucé la tarde siguiente. Las nubes pasaron y encontré ese lugar perfecto. Me quedé mirando el atardecer mientras allá lejos, supe después; Pavone lloraba como los gauchos que me voy encontrando; gente sentimental en el fondo. El tiempo se había detenido. Me dije, el gato puede estar vivo o muerto, solo depende de sí miro. Lamentablemente en esta aldea a la que al fin llegué hay internet y leí los diarios. Igual unos paisanos en camión que ya en la mañana esperaban la barcaza ya habían comentado de los destrozos de Nuñez; en ese momento yo veía pasar unas vacas creo; cuando terminó el partido y mi infancia; la idea de ser los mejores, siempre todo el tiempo. Ja. Ni siquiera me salvó hacerme hincha de Peñarol esta semana que perdió la final. En fin. La vida está en otra parte. El viento no me deja dormir bien y parece a veces arrastrar malos pensamientos. Me vuelvo un chico atribulado como el protagonista de la perfecta ¨A Kind Of Funny Story¨. Una de las películas que me puso en el equipaje mi amigo Pablo. Creí que era mi autobiografía. Hasta cantan mi canción favorita de la adolescencia; Under Pressure. Pibe de quince que no para de pensar, obsesionarse por todo; sentirse presionado por los padres y que no encuentra otra salida que la depresión. De esa mala sangre sale una comedia bárbara. ¡Sí tan solo la hubiera visto! Las soluciones llegan aunque a veces tarden. ¨Vos andás en camping no?¨ Volvio a desaparecer y me trajo un libraco estilo biblia que resultó un catálogo de outdoors; ¨Te volvés puto mirando eso¨. Yo le mostré el cuchillo que me regaló el loco Juan pero esa es ya otra historia.

Dj malhumor.

lunes, junio 20

Carlos, de Olivier Assayas

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Primero que nada hay que aclarar que la película que se estrena aquí y en varias partes del mundo es un recorte de la miniserie que Olivier Assayas filmó para la televisión. ¿Tamos?

Bueno, para el desprevenido que no lo sepa, “Carlos” es “Carlos, el chacal” un famoso terrorista de los años 70 y 80, que principalmente sirvió a los intereses de organizaciones radicales proalestinas. (Además inspiró la tapa de un disco de Black Grapes).

Seguramente más de uno criticará la falta de rigurosidad de “Carlos” (como, por ejemplo, el propio Carlos) o la espectacularización de la historia.
¿Pero necesitamos una película aséptica históricamente? Quizás sí, pero “Carlos” es otra cosa y está bueno que lo sea. Tampoco es, por suerte, una película de memorabilia, como esas de las que abundan, donde las referencias nostálgicas no tienen fin y te pueden aparecer Gorbachov y Reagan peleándose en la Plaza roja, mientras ven a Maradona meter algún gol en México ´86. Lo dicho: ni siquiera es una película estrictamente “histórica”. Es más bien una película que utiliza la estructura de la guerra fría, que se vale de pedazos de su historia y construye a su vez la suya propia, la cual no sólo es más divertida sino que expresa más abiertamente una mirada sobre esos años, y con algo de suerte hasta nos ayuda a entenderlos.

Si Carlos se construye en "Carlos" como una figura carismática, super cool, determinada, con un físico espectacular y extremadamente seductor, no de una manera menos esquemática se construían a sí mismas las organizaciones terroristas durante la Guerra Fría. Si las chicas de “Carlos” se calientan con su poder y sus granadas (mención aparte para el talento de Assayas para filmar estas escenas) no es algo gratuito. Todo ello expresa la forma en que se originó una buena parte de esas organizaciones terroristas, muchas veces más llevadas por la líbido y la adrenalina primero y por el dinero después, que por un background ideológico sólido y con fuerza estimulante propia.

Carlos (sin comillas), así configurado, representa en sí mismo la historia de esa multitud de organizaciones terroristas que nacieron desde el romanticismo comunista (con toda la sinceridad e inconciencia que eso implicaba) y que se fueron convirtiendo en estructuras vacías, en maquinarias profesionales y bien lustraditas, pero sin un norte ideológico preciso. En fin, que se transformaron en pymes o en grandes empresas proveedoras de atentados para manijear una u otra decisión política o económica.

En una escena, Carlos acusa a su futura esposa de estar jugando a ser terrorista. A tener un pasaporte falso, viajar por el mundo, darle un poco de adrenalina a una vida de pequeño burguesa.
En verdad, allí Carlos se acusa a sí mismo y acusa a toda la lucha armada de esa época. A todas esas brigadas internacionales que funcionaban como guardianes y promotores de una realidad cada vez más putrefacta. Que en vez de preguntarse “¿Qué pasa Secretario General?” se embarcaban en el infinito juego de los atentados sustitutos, transformándolos y transformándose en nada más que mercancía. En una especie de terrorismo de oficina.

La forma espectacularizada y carismática de “Carlos” al narrar el derrotero de Carlos, como joven promesa del terrorismo internacional, movie star luego y figura patética y decadente al final, narra en realidad el derrotero de una forma de entender la política que osciló entre el internacionalismo romántico y la tecnocracia militarista, y que muchas veces tenía la forma pero no siempre el contenido.

Más allá de las interpretaciones históricas de forma y contenido, la película funciona muy bien como thriller. Creo que puede atrapar a cualquier espectador esté interesado o no en hurgar en la historia del terrorismo. Las tres horas se pasan más rápido que lo que tardó el Glasnost en derrumbarse. Y eso ocurre porque la película asume el ritmo de aquellos años desesperados. Entonces sabe jugar entre la tensión y la explosión, entre las esperas, los planos largos y los abruptos cortes de ritmo que generan las balas y granadas. De esa manera, se conforma un thriller trepidante, carismático, glamoroso, sensual, a veces ridículo pero siempre apasionante. Bueno... como la Guerra Fría misma, ¿no?

Carlos se exhibe en las salas Arteplex Belgrano, Centro y de Villa del Parque. También en el Sunstar de San Isidro. Además, en la sala Lugones a partir del martes 21 comienza una retrospectiva del cine de Assayas con copias en 35mm.

Las marimbas del infierno, de Julio Hernández Cordón

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Un marimbero sin público y perseguido por la mafia de las marimbas, un lumpen adicto al pegamento y un metalero ex satánico y ex evangelista se juntan para conformar una improbable banda de heavy metal marimbero. De esa sinopsis podría salir una típica tontería indie sobre personajes excéntricos, o podría salir algo más que eso.

Una parte de la película quizás responda a la primera opción, aunque con una mirada de cariño y empatía.
Pero por suerte la película no se queda ahí. Es sobre todo una obra que festeja la posibilidad de la creación desde la nada, desde los márgenes o directamente desde las ruinas. Alfonso, por ejemplo, no tiene más que su marimba, pero en lugar de olvidarse de eso y conseguir un trabajo común y corriente, lleva su aparatoso instrumento (con su lema “Siempre juntos”) en largos planos a través de las calles de su barrio, para guarecerlo de las mafias y seguir tocando. El chiquilín (gran personaje), es un lumpen bueno para nada, pero no deja pasar la oportunidad de la banda para darle rienda suelta a su pésima voz y carencia total de ritmo. Y para el metalero ésta es una
oportunidad, extraña pero oportunidad al fin, para reencontrarse con su música. Los tres viven una existencia sin rumbo, patética y medio slacker, pero no renuncian nunca a hacer lo que les divierte (casi digo “a sus sueños”, pero no sólo sería cursi sino inexacto, porque no sé si son sueños lo que tienen).

Una de las escenas más divertidas de la película es cuando el chiquilín va en busca de una especie de subsidio estatal para nuevas formas artísticas. Lo asesoran y le prestan un traje para aparecer más presentable con las autoridades. Pero el traje le queda grande y los pantalones se le caen. Se cansa y tira los pantalones por ahí. El intento por salir de la marginalidad y hacer entrar a la banda al sistema se cae por su propio peso.

La película sólo tiene dos problemas. El primero es que es difícil su disfrute sin subtítulos para el público argentino. La calidad del sonido no es óptima y el acento guatemalteco a veces se escapa. El otro, menos técnico, se produce cuando la película exagera algunas excentricidades buscando el efecto cómico. Pero afortunadamente son momentos aislados. En general la película gana, y lo hace porque propone esa mirada empática pero no demagógica de la marginalidad. Gana porque apuesta por la posibilidad creadora y la ilusión, y no por la documentalización conmiserativa. Porque es cierto, se burla un poco de sus personajes, pero también les da ese aura de bricoleurs que se la rebuscan con lo que tienen para no dejarse succionar por el vacío. Y de eso puede salir cualquier cosa. Como un grupo de heavy metal con marimbas. Y ya con eso sólo vale la pena acercase hasta el gaumont más cercano.

Las marimbas del infierno (Guatemala, 2010) se exhibe en el cine Gaumont en estos horarios: 13:00 , 19:50 , 16:25

domingo, junio 19

Exilio

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¨Decile a ese viejo choto que me pague lo que me debe¨ me dijo el torcido y me envolvió los chorizos en un papel de diario. Me llevé litro y medio de Tannat y unas facturas para el desayuno. Después pasó una semana sin saber bien cómo. Vimos Santos-Peñarol y el western de Ed Harris y Vigo Mortenssen: ¨Never is a long way from here Mr. Braggs¨. Nos encantó. Un mundo nítido como los cielos del lejano oeste; claro y distinto como las ideas cartesianas. Salimos en chiva de compras y fuimos hasta la playa un par de veces; los surfistas solitarios como únicos habitantes esperando las olas. Tuve unos cuantos sueños enigmáticos y escuché en silencio las enseñanzas de mi gurú cimarrón. Por la noche desde el rancho se escucha el mar. ¨Todos nos llovemos malhumor¨ me dijo; ¨el día que aprendas eso tal vez dejés de rumiar pensamientos como una vaca vieja¨. Por la mañana escuchamos una radio de Rocha donde pasan payadores. Hay uno que canta una canción increíble de un ciclista que hace la vuelta de Uruguay a fuerza de grapa que toma en las bares de cada pueblo que va enumerando como en un poema de Borges. Muy gracioso. La mayor parte del tiempo él habla y yo escucho. Nunca conocí a nadie que tuviera tanta razón; que sus razonamientos fueran tan definitivos; como levantarme todas las mañanas y tomar mate con Kant. Sus razonamientos son evidentes y me puede convencer de cualquier cosa; de que hay habitantes en Alfa Centauri (y que habla con uno por las noches); del Kharma y Dharma; de la ley de recurrencia como él la llama o que un colombiano del que escuchó hablar por primera vez en Alaska sabe cómo es definitivamente todo. De las trasnoches desveladas me quedan dos canciones: Reflections of the televisión de The twilight sad (hipnótica) y Lavander de Go-Betweens (acojonante). Me enseñó a amasar fideos y preparamos un estofado de avestruz. En la heladera nos espera un lomo de carpincho para el domingo. Una tarde vino un tipo a presentarse porque se había venido a vivir al pueblo y el sobrino le recomendó que viniera a presentarse. No sé cómo pero como introducción contó que se había divorciado y por eso estaba acá. Se había ido con una chiquilina de veinte y la chiquilina lo terminó dejando. Su mecánico le dijo; ¨no le dé más vueltas; ese es un cheque que ya cobró, ya lo disfrutó; ya está¨. Entonces se vino al mar para ordenarse. A la canción de Twilight Sad no paro de escucharla. Me recuerda a The Mission aunque ya no recuerdo nada de The Mission. Ni siquiera me gustaba mucho esa banda salvo una canción. Creo que tocaron en Buenos Aires pero no estoy seguro. Creo que fui incluso al concierto pero puedo estar confundido. Jamás pensé que podía olvidarme de algo así. Mientras tanto me entró un mensaje de Miss Malhumor. Dice que está en Alburquerque. Es un lugar al que quisiera ir; como a Spokane y Tallahassee. Algún día haré el tour de los nombres estrafalarios.

dj malhumor.

Look At What The Light Did Now, de Anthony Seck

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Que Feist tiene una voz hermosa no es nada nuevo. Que sus dos discos son increíbles, tampoco. Incluso vale la pena buscar sus colaboraciones (en Dark Was The Night y con Kings Of Convenience, o Broken Social Scene, en sus inicios). Será por eso que este documental decide no mostrarnos nada de eso. En su lugar nos habla de una Feist tímida, reservada, que necesita ayuda para expresar todo lo que quiere trasmitir en sus recitales. Para lograrlo se vale de una mujer que, en mi opinión, tiene el mejor trabajo del mundo: maneja el show de sombras que se proyecta durante el recital. Mediante sus manos, arcilla, pintura de colores; recrea un escenario específico para cada canción. El resultado es sorprendente, pero para un documental nos queda chico. Es cierto que en el ínterin nos muestran partes de las sesiones de grabación de The Reminder, se agradece. Incluso hay entrevistas a viejos conocidos, como Chilly Gonzales o Kevin Drew, nuevamente se agradece. Pero cada vez que entrevistan a Feist se siente la distancia, casi confundida con frialdad. Ese es el tono del documental. Todo lo que muestra es hermoso, perfecto, pero tenía la misma sensación que al estar tras el vidrio de una vidriera. Es una lástima, porque verla en vivo parece una experiencia fabulosa y esto es lo más cercano que tenemos. No me malinterpreten, ver el montaje de I Feel It All, hecho con la suma de varios recitales, por sí solo vale
la entrada, pero da la sensación que había mucho más por explorar.
En una línea: ¡Qué linda es Feist!, pero yo me quedo con "la chica de las sombras".

Gustavo Mellado

Páginas de interés:
Sitio del documental: http://www.listentofeist.com/lawtldn


martes, junio 14

Dj che ataca de nuevo

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Sé cuando salgo pero no sé exactamente a dónde apunto ni por cuánto tiempo. Cruzo el río y entro en otro mundo; como dijo Rodrigo Faisán, es un país de colgados; l´uruguay vo´. Los dos primeros días hizo un frío mal. En lo de Ramón me dormí una siesta en el sillón del living y después salí a caminar. De aquel lado recibieron el regalo de las playas y las islas. Cuando después bajé llegando a Colonia encontré las barrancas al río que son increíbles como las playas de arena vacías. Una vez que te animás sabes que podés dormir donde quieras y acampé frente a la marina y la ciudad vieja con la mejor vista posible. La luna colorada desapareció en el río. Lástima no ser poeta y haber nacido en el veinte. El domingo me metí en la ruta 50 rumbo a Tarariras. En el bar del pueblo un tal Gerardo me invitó un sándwich de chorizo seco y pan casero. También recibí indicaciones para agarrar la picada de Benitez y llegar a la Colonia Suiza. Comí cazuela de mondongo en la vereda y acampé solo junto al arroyo. Crucé las rutas 5, 6, 7 y 8. Crucé un gato del pajonal también. Una figura marrón pasó adelante tan pegada al piso que parecía que se arrastraba; por todo lo demás parece un gato café con leche algo más grande. Pero habla otro idioma; es arisco y antes se hace matar que volverse mascota. Vive de robar gallinas y duerme en cualquier parte. Me cae bien claro. Una de esas noches soñé que siguiendo la calle Emilio Lamarca al fondo hay una serranía donde se pueden ver gavilanes. El día siguiente vi dos y unos cuantos halconcitos en los cables que empiezo a pensar que es siempre el mismo y me cuida. En San José encontré un hotel por cuarenta pesos. Crucé el río Santa Lucia y le metí derecho por la ruta 81 que tiene la virtud de no pasar por ningún lugar importante. Me tomé un vaso de vino clarete en San Bautista y llegué cuando menos lo pensaba al pie de la sierra. Allí dormí y desperté entre la niebla. En Pan de Azúcar casi tiro al piso un puesto de panchos y en Piriapolis almorcé entre el mar y el Hotel Argentino. Esa noche dormí frente al océano con la idea de que la marea iba a subir y me iba a llevar. De todos modos estaba muy cansado para moverme y me entregué nomás pensando que es agua, nada más que agua.

dj malhumor

sábado, junio 11

Vacas al río

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Cumplí mi sueño de cowboy y me hice un fuego bajo la luz de la luna. No hay todavía luna llena pero ya me había explicado Ceferino que mejor que una linterna es acostumbrarse a la oscuridad; después de un rato los ojos ven. Cruzar la balsa fue atravesar mundos. Pasé por Punta del Este pedaleando; no podía dejar pasar la oportunidad y mandé un par de mensajes; ¨saludos desde Punta¨. Ese fue mi codeo con el jet set; ja. Me metí en un bar cuando el cielo se oscureció de golpe y pensé que otra vez se venía la lluvia. Pero no; eran las cenizas chilenas que pasaron también por acá; al rato el sol brillaba y parecía primavera. Con viento a favor en un rato estaba en la balsa de Laguna Garzón. La balsa es literalmente eso; una balsa arrastrada por un bote viejo por un paisano taciturno. Del otro lado el camino es de tierra y ya no hay más nada. Increíble que se haya mantenido así. Kilómetros más kilómetros de campo y mar; algunas chacras y las vacas titilando en dirección del océano. Con la última luz llegué a la laguna de Rocha donde se termina el camino. Ya podía verse encendido el faro de La Paloma donde en el bosque me espera Néstor. Caminé alrededor de la laguna porque parecía que iba a poder pasar nomás y así fue la mañana siguiente. Normalmente el mar sube y entra por un canal bastante profundo. Pero se abrieron las aguas y pasé arrastrando la bicicleta un poco. Le iba a encantar a Néstor la imagen. Me dormí algo inquieto porque podía ver los relámpagos de una tormenta enorme en el horizonte. Parecía lejos pero nunca se sabe. Desperté en medio de la noche y ya no se veían más que estrellas. Como no me podía volver a dormir me puse a leer un libro que me recomendó B Fleishmann en Viena. El libro lo compré en Paris el año siguiente cuando me encontré con un norteamericano de Road Movie que me iba a hacer millonario. Más raro que la ficción. Sí lo cuento no me lo creen. No funcionó el negocio extraordinario pero estuve en Paris, me invitaron una cena en el barrio latino y me compré el libro de Izzo que aquí estaba por fin leyendo. Está buenísimo. Un inmigrante italiano convertido en policía de segunda en una Marsella decadente. Noir noir. Como las noches son largas lo largué todavía en la oscuridad. Mañana para encontrar a Néstor voy a preguntar por el almacén del Torcido. Lo escribo con mayúscula porque es un tipo importante el Torcido; el almacén tiene escrito su nombre y lo conoce todo el mundo. Solo en Uruguay puede pasar algo así. El Torcido no es ni un caballo ni le dicen así porque su mirada es torva. El tipo es así nomás; torcido; un hombro le empieza en el Oeste y el otro le termina apuntando al sur. La última vez hasta le saqué una foto. Es muy simpático y amable. Porque es gratis me volvió a decir cuando le pregunté por Néstor; ¨dos cuadras pasando la curva¨ y para allí salí.

dj malhumor

jueves, junio 9

Who Is Harry Nilsson (And Why Is Everybody Talkin' About Him)?, de John Scheinfeld

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Pocas veces un título tuvo tanta relevancia; el documental de John Scheinfeld (al que pueden recordar de documentales como The U.S. vs. John Lennon) se encarga de contestarnos las dos preguntas, aunque la segunda es una consecuencia directa de la primera. Al escuchar el nombre de Harry Nilsson, a algunos se les vendrá a la cabeza Midnight Cowboy, con "Everybody's Talkin'"; a otros, "One", posiblemente en la versión de Aimee Mann para Magnolia; pero para unos cuantos el nombre no resonará en ningún lado. No lo consideren una falta, está lejos de asemejarse a no haber leído o visto un clásico indiscutido; sencillamente Harry Nilsson no tuvo ni tiene la difusión, o el reconocimiento, que se merece. Las razones -que son muchas- aquí se explican con la típica estructura de documental, pero que sea típica no significa que esté mal empleada. Las entrevistas nos aportan las distintas facetas de Nilsson, y contrastan a la perfección con sus propias palabras, o canciones. Palabra clave: canciones. Porque Harry Nilsson tenía una voz increíble, pero era, ante todo, un gran compositor. Esa dicotomía lo acompañó toda su vida, alternando entre composiciones propias y discos de covers (pero no se imaginan qué covers, reversionó muchas canciones de Los Beatles en una sola: You Can't Do That, a lo que Lennon dijo que era el mejor cover que alguien podría haber hecho). Es la que hace que lo conozcamos por Everybody's Talkin', aunque no la haya compuesto; o que nos suene Without You (sí, la de "I can't live, if living is without you..."), pero no sepamos que es su voz, y que tampoco fue escrita por él. En fin, podría escribir mucho más sobre este personaje, pero para eso tienen el documental (se consigue por ahí, sin subtítulos, pero conozco a alguien que está trabajando en eso). Si quieren escuchar algo mientras se baja el documental, como para ir con algo leído, bajen el compilado Personal Best, es el único en el que Nilsson eligió las canciones, de hecho era lo último en lo que estaba trabajando. Podría ir más lejos y decirles que si no tienen ganas de ver el documental, igual se bajen ese compilado, ni bien escuchen cuatro canciones, querrán ver el documental.

En una línea: ¿Te acordás del documental de Daniel Johnston? Este tendría que haber ocupado su lugar en el último BAFICI, pero pasó sin pena ni gloria.

Gustavo Mellado

Páginas de interés:
Sitio del documental
Blog de fanáticos

sábado, mayo 28

You are a tourist

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Descubrí que hay un tren que llega hasta a Tucumán por 45 pesos. Increíble pero real. Tarda unas 24 horas. Empecé a viajar entonces. Podía tomarme ese tren y desde Tucumán hacer una ruta que va hasta Andalgalá en Catamarca atravesando unas montañas y desde ahí a Londres (Londres, Catamarca); de ahí a Antofagasta de la Sierra vía Tinogasta. Miro el pronóstico del tiempo; máxima 6 grados, mínima -10. Iron Man al que encontré la semana pasada me dijo que era la mejor época para ir. Tendría que dudar del juicio de alguien que cruzó Canadá en invierno. El camino sigue al salar del hombre muerto; ahí se perdió el otro demente. Me inquieta querer estar ahí. Solo. Me inquieta más el deseo que la situación. El querer estar ahí como otro quiere comprarse un auto. No, el salar del hombre muerto puede esperar. Bajaré rumbo a Talampaya y de ahí regresaré a las mucho más amables sierras cordobesas. Me puedo quedar en la casa de Carmen a terminar unos trabajitos pendientes; leer junto al fuego y pasar algo de frío por qué no. Dudo. ¿Qué me pasa? Ese desierto me da miedo. Cuando me decido es tarde. No hay pasaje hasta fin de junio. Ya estaba decidido de antes de todos modos. Le escribo a Néstor; le pregunto por García. Me voy a Uruguay. También hay soledad por ahí. Y gauchos amables. Esta vez voy a cruzar la frontera a Río Grande; después voy a bordear el río Uruguay y volveré a la tierra del yaguareté. Tal vez haga tiempo de cruzar a Paraguay y me encuentre con algunos contrabandistas. O lo visite a Ulises en Posadas. Mientras tanto volvió Andreas; estaba contento de haber visto a su padre antes de morir. Me dijo que no fue lo único que pasó. Pedro volvió de Kenia para proponerle matrimonio a su ex. Funcionó por mail pero no en persona y lo dejaron con el anillo de clavo. Neurosis desplegada a nivel planetario; con la inclusión de aviones y tecnología digital. Mi cuñado anda desolado porque el padre de su amigo se pegó un tiro. La mala hierba se las arreglas para seguir jodiendo hasta el último segundo. Fue el mes de los padres muertos. El efecto mariposa. Soñé con Gabriela. No se había casado, no había tenido hijos y había vivido unos años locos en Canarias. Exactamente lo contrario de su vida real. Se la veía feliz. Se la ve feliz en la realidad aunque da la sensación a veces que anda tirando. Me desperté triste y todavía no sé porque. Después descubrí lo del tren y todo lo demás. El título es el single de Death cab for cutie. Traté pero no entiendo la letra. La iré descubriendo supongo.

Dj malhumor.

miércoles, mayo 25

Avenida Belgrano

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Me encontré con Miss Malhumor en su nueva oficina. En verdad es el departamento que dejó una anciana que vivió allí hasta hace muy poco. Parece un museo. Es un departamento irrecuperable. Aunque impoluto hay que derribarlo entero; exorcizarlo. Sacar el empapelado; quemar los muebles, tirar los cuadros, arremeter a martillazos contra los azulejos. Hay una biblioteca con unos cien libros. Solo pude rescatar uno llamado ¨El Caballo Criollo¨. Es una antología de viñetas históricas, datos fácticos y apariciones en la literatura del gran pingo argentino. Por la ventana se ve la avenida Belgrano. Los autos pasan a lo loco. A mitad de cuadra hay un edificio espléndido de corte neocolonial; el mismo estilo que el Ex Banco de Boston en Florida y Diagonal Norte. Hoy vi otro edificio en ese tipo en la calle Sarmiento en pleno Once. Un edificio de más de diez pisos rematado en una torre como para encerrar un loco. Apenas pude mirarlo porque la calle baja y la bici iba rápido. Estuve a punto de atropellar a varios. Los ciclistas en la bicisenda somos el nuevo azote de dios. La vista a la avenida Belgrano me recuerda que hay mil maneras de ver el mundo. Es ruidoso pero me gusta. Me siento bien. La vieja o murió o está en un asilo; no sabemos; no preguntamos. Hay retratos de gente que nunca conoceré. Bajamos y nos comemos un mondongo en el bar de la esquina. El bar está vacío y huele a humedad. El dueño es un gallego y me explicó que el edificio de enfrente es el centro asturiano. El tipo debe abrir solo por fuerza de la costumbre. Somos los únicos clientes; en la calle no hay nadie y difícilmente entre alguien más. Me puedo imaginar unas cuantas mesas ocupadas al mediodía pero no ahora. La tele está prendida. Miss malhumor está espléndida. ¨Me importa todo un huevo¨ me dice. Sí le digo. ¨No voy a hablar más¨ me dice cuando quiere agregar algo. Nos reímos. Le cuento mis planes. Voy a salir de la puerta de casa con la bicicleta y me voy a visitar a Darcy en Montreal. Puerta a puerta le digo. Voy a ver sí está. ¨Genial¨ me dice. Yo te compro una nueva bici sí necesitas me ofrece. Claro le digo. Mejor que te vas, es más fácil. Sí le digo. Me cuenta que en Junio tiene un casamiento en Texas y en diciembre uno en La Paz. El último casamiento que estuve fue en Mallorca le cuento. Me acuerdo dice. Le digo que estoy algo nervioso aunque no se bien las razones. Se te va a pasar. Sí, siempre pasa le digo. El mondongo está buenísimo y lo liquidamos en un ratito. Estás espléndida le digo. Se ríe.

domingo, mayo 22

Transatlántico.

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Salimos el viernes por la tarde. A la rampa donde bajábamos los botes llegó un isleño en canoa con dos perros que saltaron a tierra y se pusieron a husmear todo con aires de compadrito. El tipo se puso a charlar ahí nomás. Dijo que se venía sudestada. Ojalá que aguante le dije y agregué que no anunciaban lluvia hasta el domingo. Yo les creo a los bichos y no a los tarados esos me dijo. Hacía mucho tiempo que no escuchaba tarado como un insulto. Los caracoles están poniendo los huevos altos; se viene una subida grande y las hormigas no paran de trabajar. Esta noche llueve. Espero que no, volví a decir; no lo quería contradecir pero tampoco quería que se aguara el asado. Fue una travesía de barcos grandes. Ya instalados durante la noche una sombra gigante pasaba por el canal. Todo el mundo se acercó a la costa a mirar el espectáculo. Una torre apenas iluminada avanzaba como flotando sobre el agua y en la oscuridad absoluta el casco largo como un par de cuadras lo arrasaba todo. El italiano dueño del lugar dijo que lo estaban sacando de un astillero. Había estado varado por unas cuantas horas hasta que subió el río. A la madrugada me despertó un ruido lejano. Una draga trabajaba quién sabe dónde en alguno de los canales grandes, quizá en el mismo río de La Plata. La mañana siguiente nos metimos por el canal hambrientos. Me gusta el nombre. Me recuerda Puerto Hambre en el estrecho de Magallanes. Soy un optimista nato. Los colores del otoño son los mejores lejos. Amarillo, naranja y rojo. Navegamos despacio hasta que detrás de unos sauces apareció la luz. De golpe el río enorme. Entonces sentimos el viento Norte y justo enfrente nuestro otro barco gigante como de varios pisos esperaba que le den entrada en el Paraná. Subimos despacio junto a la orilla. Cuando el barco por fin arrancó, aunque estaba a unos cuantos cientos de metros recibimos las olas. Más vale unas ondulaciones suaves como un eco. Se siente la masa de agua; el monstruo dormido; nosotros haciéndole cosquillas en el lomo. No hubo sudestada; salió el sol y nos comimos una pizza en el almacén alegre (así se llama). Tan embrollado está el mundo que hasta los caracoles andan desorientados.

dj malhumor

lunes, mayo 16

Gripe.

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John Self, alter ego de Martin Amis en la novela Dinero dice que su mejor remedio para la gripe es meterse bajo una frazada gruesa a sudar como loco durante la noche mientras se baja metódicamente al menos media botella de scotch. Mi abuela también decía que el whisky mata los gérmenes y creo que lo mezclaba con miel. En el chino de acá a la vuelta venden un Whisky marca Glasgou (¡genial!) por 8.50 pesos argentinos. Casi un poema.
La gripe me da que pensar. No se sí entregarme a ella o darle batalla. Me hace pensar también sí así será el fin de mis días (y los tuyos). Daremos batalla o simplemente aceptaremos que llegó la hora? Los lacanianos argentinos deberían hacer más caso a la gripe a la hora de evaluar el poder de la biologia. Un día no tenés energía para nada, el otro día sale el sol y todo parece posible; escalar el Everest, conquistar a esa chica; encontrar la canción perfecta. En otras épocas me dejaba abatir sin más; experimentaba una pequeña muerte y renacía al tercer día. Como Amis, dejaba el sudor en la ducha y empezaba de cero. Esta vez me mantuve en pie a fuerza de pastillas. Pero la nube sigue acechando y estoy en el medio. Ni tan enfermo ni tan sano; insoportable. Mejor dejar que avance la fiebre, delirar durante la noche y sentirme Rimbaud en Africa.

Dj malhumor.