Lo que nos muestra y celebra Crazy Horse durante sus dos horas de duración es ese empeño perfeccionista en busca de la sensualidad perfecta. Crazy Horse es el lugar del sueño y las fantasías, y esto no se logra simplemente con mandar un par de chicas a que se toquen con fingida excitación, sino con un arduo y minucioso trabajo sobre el acto, las luces, la escenografía, las sombras, los vestuarios, las texturas, etc. En un par de entrevistas, el director y el director artístico explican dónde radica su fascinación por Crazy Horse, pero no hace falta. En su entusiasmo endemoniado y la pasión detallista está todo dicho. Conforman entre todos un verdadero ejército erótico, y en el casting se ve que el disciplinamiento de los cuerpos y la supervivencia del más apto son su piedra angular. Ante tanto Do it Yourself y Lo Fi, un momento de perfeccionismo hiperprofesional resulta muy cautivante. El ejército erótico nos trae los mejores culos y las mejores canciones (imposible no salir cantando las canciones) y eso necesita entrenamiento y pasión. Otro tipo de documental hubiera comentado negativamente con foucaultianda o marxista estupidez el casting de culos, tallas, baile y género que se realiza en Crazy Horse. Pero Wieseman no se deja llevar por el igualitarismo deforme y sólo registra la audición con sus chistes, su cotidianeidad y sus comentarios políticamente incorrectos para el mundo exterior. Simplemente nos lo sirve para que nosotros cuestionemos (mal) o también elijamos nuestros culos favoritos (bien).
La obsesión por el detalle de Wieseman encuentra una contraparte perfecta en Crazy Horse. Y Crazy Horse necesitaba alguien que lo filmara como Wieseman. En las dos horas de la película somos testigos de este armónico encuentro: el detallismo de Wieseman y la obsesión perfeccionista de los artistas de Crazy Horse. Alguno dirá “un buen culo es un buen culo”. Tras ver esta película, quizás se de cuenta que hay mucho trabajo detrás de un buen culo, pero mucho más de un culo que trasciende, que explota cualquier fantasía y que te traslada a un mundo de sensualidades nuevo y apasionante. Ese trabajo esmerado y su satisfactorio resultado es el cine que esta vez nos regala Wieseman. Y eso es buen cine, porque todos sabemos, parafraseando a Godard, que el cine no es otra cosa que el arte de filmar culos hermosos.


Y Dumont cumple. Ambiente rural, poco diálogo, mucho verde, largas y repetidas caminatas. El misterioso exorcista es un gran personaje de este festival. Vestido como si viniera de ver a Deportivo Merlo empatar 0 a 0 con Defensa y Justicia, opera con un celestial automatismo, sin que por eso parezca un robot o un no hombre. 


La pareja protagónica de The Future es algo extraña. Parecen exasperantemente excéntricos, pero no son hipsters queriendo ser originales. Son niños. Juegan, pierden el tiempo, no sientan cabeza pero tampoco se niegan a hacerlo. Simplemente viven y dejan las horas pasar. Hasta que ese gato del futuro los manda inesperadamente a la adultez, la vejez y la muerte.














Había visto videos en Youtube y parecía que la gran producción del ya mítico Cristián Heyne se perdía en las presentaciones en vivo. Tenían los temas, pero sonaban débiles, mutilados, amateurs en el peor sentido. Pero esos fantasmas rápidamente se iban a disolver y no iba a quedar ni un cachito de ectoplasma. Después de una primera parte más acústica, con temas nuevos (incluido un tema sobre los desaparecidos, lo cual en Argentina puede ser trillado o fácil, pero en Chile no, y que materializa un deseo de expresión política que ya veíamos en las entrevistas o en sus tweets), covers (de Yo la tengo y, según mi amigo Iván porque yo no lo caché, de La casa azul), y temas viejos (su primer disco, aunque a años luz, también tiene momentos buenísimos), se armó la banda completa y repasaron MGG. Me sorprendió lo bien que sonaron, con mucho cuerpo y armonía pero sin perder la fuerza y frescura del vivo. Así pasaron la cassavettiana Feedback, una canción sobre idas y esperas, incompletitudes y delays emocionales; Los Bikers, una hermosa indefinición de ternura, masoquismo y agonía, escrita según Milton para generarnos ideas perversas sin decir nada muy consistente, el histeriqueo pop irresistible de la casaazulesca Diane Keaton, la desconcertante violencia bailable de Litoral Central, el gran hit Los adolescentes y su riff y letra mántricos que te esclavizan por unos exiguos siete minutos y Lo que quieras, no de mis grandes favoritas del disco, pero cuyo final shoegazistico ultra ruidoso sonó como deberían haber sonado los Planetas cuando visitaron nuestro país hace algunos años.

