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jueves, octubre 10

Diario valdiviano I: Con este sol

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Valdivia es, sin lugar a dudas, uno de los lugares más hermosos del mundo. Y su festival, el cual suele compararse (y ser hermanado) con el FICUNAM y el BAFICI, es un lujo. Desconozco los recursos económicos del evento y al final tampoco es algo tan importante. O sí, pero no será este el momento para tratar tan espurio tema. En la última -por ahora- película de Serra, la materia fecal se transforma en oro (¿y viceversa?) y, como bien se escucha en una película de Godard, el día que la mierda tenga valor, los pobres van a nacer sin culo. Soez y todo, siempre Godard aclarando el panorama. Pasemos a otros temas.


Albert Serra y su Història de la meva morte. Así como alguna vez el prolífico y explotativo William Beaudine supo cruzar a Billy the Kid con el Conde Drácula y antes a Jesse James con la hija de Frankenstein (así como suena, no pregunten por qué la hija, vean la película), esta vez Serra imagina un improbable escenario en el que se cruzan las historias del transilvánico conde con las del escritor (y amante bon vivant o al revés) Giacomo Casanova. La primera parte de la película, no sólo repite viejas formas exitosas del cine de Serra, sino que también eleva la apuesta, mostrando las charlas a priori anodinas de un escritor amante de las palabras y los libros con su sirviente. El segmento dedicado a Casanova, es lo mejor de la película y nos hace creer que el reciente premio a mejor película que cosechó en Locarno, estaba más que justificado. Esta primera parte es luminosa incluso en sus más oscuros momentos fotográficos (increíble trabajo de Jimmy Gimferrer, Àngel Martín y Artur Tort, pero aquí no estamos para aplaudir técnicos), que logra imágenes muy difíciles hoy en día de ser respetadas (y reproducidas con justicia) por las actuales calidades técnicas y sus digitales formas de entender el cine y su proyección. En esa primera parte, repito, está lo mejor de la película y uno de los mejores momentos de todo el cine de Serra, un viaje en carreta por el bosque más verde que se haya visto en el cine (un verdor que relaciona la película con los paisajes de Valdivia) y que en su belleza, extrañamente, corta a la película en dos. En ese preciso momento, por motivos inexplicables, la mayoría del público abandonó la sala (marca de agua y especialidad de la factoría Serra), obviamente, los cinéfilos más duros (y críticos y jurados) permanecieron fieles hasta el final, a pesar de que el horario (llegando a las 24hs. horario favorito de las criaturas de la noche) hacía difícil mantenerse despiertos y con los sentidos alertas. Pero a Serra se lo quiere, aunque sea porqué hace enojar al enemigo. La segunda parte de Història de la meva mort, cuando hace su aparición el Conde Drácula (que aquí se pasea tranquilamente a la luz del día), es quizás lo más flojo de la película, aunque también de lo más extraño en toda la filmografía de Serra. Las contraposiciones entre la figura de Casanova y Drácula son muy obvias y este tipo de lecturas e interpretaciones es algo que el cine de Serra nunca necesitó. En esta segunda parte, en donde el mal se adueña de la película, es donde el film se transforma en un objeto tan extraño como discutible. Y es algo que va más allá de algunas ridículas escenas protagonizadas por el conde de marras. Sobre todo después del tan criticado, y tomado a la sorna, Drácula 3D del grandísimo Dario Argento. En fin, ya tendremos tiempo de seguir hablando de Serra y su nueva película.

Un programador argentino, de un festival que comparte con Valdivia los lobos marinos y los perros callejeros, me asegura que la película será (serrá) vista en el festival que programa. El problema, al fin de cuentas, es uno de las batallas eternas del cine. El verdadero monstruo no es otro que esa bestia siempre sedienta de sangre llamado cine de qualité. Un monstruo que está siempre esperando y observando a los directores a través de las ventanas, eternamente dispuesto a ser invitado para arruinar filmografías a pura maldad, gestos crueles, vestuarios de épocas y pelucas platinadas. La mayoría de los directores (Bonello con L’Apollonide quizás sea una excepción), al enfrentarse a esta bestia negra suelen terminar esclavizados a un cine que, a pesar de estar muerto hace años, aun se pasea vivito y coleando, siendo respetado y admirado por todo el mundo. Premios locarnianos incluidos. 
La comparación con el conde Drácula (y cualquier criatura vampírica) es demasiado obvia, lo acepto, pero aquí terminamos la discusión por ahora, ya que el sol empieza a asomarse por la ventana del hotel y este joven cronista debe, luego de acomodar su negra capa, volver a sus aposentos.

Marcelo Alderete

Fotos: Sung Kyoung Moon

martes, mayo 22

Pecados Canninos (V)

3 comentarios:

(DESDE CANNES, REPORTA MARCELO ALDERETE, CRITICO HEMOFILICO) 
Las expectativas que se generan en el festival de Cannes son tan grandes que suele ser muy difícil superar esos entusiasmos iniciales. Las ganas de ver ciertas películas por primera vez tampoco ayuda demasiado. La ansiedad suele ser mala consejera, y algo de eso ocurrió ayer con el esperadísimo -hablo por mi, claro- estreno del Drácula 3D de Dario Argento.
Pero vamos por partes, que falta mucho para la salida del sol (get it?, Ok...).
La noche de ayer (aunque escribo esto y no sé bien de que estoy hablando) comenzó con el estreno de la última película de Raoul RuizLa noche de enfrente. Ahí estuvimos  para darle apoyo moral a la bellísima y talentosa actriz Valentina Muhr (imaginen una joven Isabelle Hupert en versión chilena), nuestra compañera de este hotel en el casi fin de Cannes. La presentación fue bastante emotiva, pese a que la introducción del nuevo director artístico de la Quinzaine, Eduard Waintrop, no fue de lo más entusiasta. Entre el numeroso grupo de gente relacionada con la película, franceses y chilenos, se encontraba la esposa de Ruiz, Valeria Sarmiento y uno de los productores franceses que contó haber estado hablando por teléfono con Ruiz y que este le dijo preferir presentar su obra póstuma en la Quinzaine antes que en la sección oficial, como ocurrió hace mucho mucho tiempo con su ópera prima.
La película no está a la altura de Misterios de Lisboa y, dentro de la obra prolífica e inabarcable de Ruiz, pertenece a aquellas que trabajan sus historias como cajas chinas y sus decorados como casa de muñecas. Guiones llenos de diálogos, por momentos graciosos, por momentos surrealistas, llenos de juegos de palabras y, una vez más, el tema de los recuerdos y la muerte.
Dejemos por ahora a Ruiz, aunque quizás continuemos con él más adelante o -como suele suceder en estas crónicas- quizás no. La obra de Ruiz es tan amplia que nosotros, los espectadores, seguramente necesitaremos más de un vida para recorrerla en su totalidad. Es difícil pensar en un director menos solemne que Ruiz, así que dejémoslo tranquilo y no realicemos ningún tipo de homenaje ni despedida. Hagamos algo mucho más simple, veámos sus películas.
A pesar de lo que uno esperaba de antemano (Drácula + Argento + Asia + 3D + Rutger Hauer) esta versión de Drácula no es un festival del exceso, al contrario, es una de sus películas mas clásicas. No estamos aquí frente al vampiro de Stoker, (Drácula es un personaje del cine y no de la literatura) este príncipe de las tinieblas es el del mito y costumbres que creó el cine.
Es cierto que las últimas películas de Argento no son de lo mejor (a pesar de que no deja de causarme mucha gracia que haya titulado una de sus películas Giallo, igualándose con Godard y su Nouvelle Vague, la película), pero uno esperaba que este Drácula fuera una vuelta a sus mejores formas, algo que lamentablemente no sucedió (o no del todo), pero sí es una gran película.
En este mundo en donde los Thomas Vinterberg y Ulrich Siedl son considerados cineastas serios y tenidos en cuenta, el viejo Argento tiene todavía mucho para ofrecer. Y si bien hablo de falta de excesos, es en relación al universo y los parámetros que definió el italiano en su obra.
Aquí hay una mantis religiosa gigante, un solo de Drácula a puro asesinato (ya lo van a ver) que termina en aplausos de la audiencia, un trío femenino a pura belleza y carnalidad como no se veía hace mucho tiempo y un tremendo Van Helsing a cargo del replicante Hauer. Y claro, el 3D. La fotografía es de un viejo conocido de la casa, el oscuramente luminoso Luciano Tovoli (googlear su obra es caer de espalda automáticamente) y el uso que hace junto a Argento de este antiguo truco de feria es algo nunca visto.
Esperemos a Godard, pero Argento se suma a Ken Jacobs como uno de los directores que mejor utilizan el 3D como recurso, sin tomárselo jamás en serio. Ellos saben que la cosa va por otro lado. Aquí todos los decorados son puro artificio, pero esto no es Avatar, es un universo en donde lo falso se ve falso y a mucha honra. Ver la película es como mirar imágenes de esos libros troquelados con cuentos para niños. Una especie de profundidad de campo que funciona por capas.
¿Desde qué lugar se puede criticar a este Drácula¿Desde el de la lógica narrativa? ¿Desde su desfile de lugares comunes? ¿Diciendo que el doblaje suena falso? Minucias. Todas esas cosas son para cineastas que no tienen más para ofrecer que cierta representación de la realidad de un mundo, que ellos piensan que es "el" mundo. Lo de Argento es otra cosa, es cine. Hay que hacerse un favor y dejarse llevar. ¿Qué es Argento, sino el Antonioni del cine de terror? Ya no es rojo, ni es sangre, es Argento. (Este extracto será publicado en breve en un libro titulado,: "Argento explicado a los tibios", y que bufen los eunucos).
Volviendo a la presentación en sí, hay que decir que tuvo todo el suspenso del cual carece -o no le hace falta- la película. Como suele suceder con las funciones de gala, los tiempos se estiran, uno piensa que no va a entrar, que algo malo va a suceder, y algo así ocurrió.
Thierry Fremaux (¿Van Helsing o Drácula?) comenzó la función introduciendo a todo el equipo presente en la sala, y con un video sorpresa y bastante rutinario que resumía toda la obra de Argento. Tomémonos un segundo y enumeremos solo algunas de sus obras: Suspiria, El pájaro de las plumas de cristal, El gato de las nueve colas, Inferno, Rojo profundo, y así... Es como decir "la historia del cine contemporáneo según la Generación VHS". Quien esto escribe soltó lágrimas durante todo este momento. Ver a Argento tan cerca de uno, no es algo fácil. Es demasiado fuerte ver al responsable de buena parte de tu cinefilia a pocos metros y compartir con él una película.
Terminada esta introducción, comienza la película. Imaginen una sala con 2300 espectadores con lentes 3D, la imagen es hermosa. Arranca la película y ya sobre los títulos vemos que algo esta mal. El 3D no se veía como tal, por algún motivo técnico que se me escapa, (mis conocimientos no llegan a tanto y si alguien me lo explica, se lo agradezco). La cuestión es que se encendieron las luces y pasó un rato largo hasta que hizo su aparición Fremaux, quien, previo pedido de explicaciones a una persona encargada del área técnica (quien seguramente trataba por primera vez con Thierry Fremeaux), subió al escenario para explicar lo ocurrido, en francés, claro. Mis nervios e ignorancia hicieron que todo el momento sospechara que la función se había suspendido. Ante lo cual mi terror, (el verdadero, el horror, el horror) me volvió a hacer brotar las lágrimas. Pero la cosa no fue así, la función se reanudó y todo siguió su curso natural. Una noche, como suele decirse, llena de emociones, mis queridos príncipes y princesas de la tinieblas.
Me despido una vez más, en esta ocasión dedicando esta humilde crónica a todas las personas responsables de las  áreas técnicas de todos los festivales de cine del mundo. Verdaderos héroes y criaturas de las tinieblas quienes, como el transilvánico chupasangre, viven condenados a estar en las sombras, viendo como los demás disfrutan las luces del éxito. Pocos lo saben, pero ellos son la verdadera sangre que hace funcionar a estos circos romanos modernos llamados festivales de cine.