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jueves, agosto 22

Springsteen & I, de Baillie Walsh

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Atención: esta reseña no sólo contiene spoilers de Springsteen & I sino también de Promised Land, de Gus Van Sant.

Desde hace años, en el iPod, de los discos de Springsteen sólo llevo Nebraska. Aparte de ese, en la computadora también tengo Devils and Dust y nada más. A Bruce Springsteen jamás le compré un cassette, vinilo o CD. Pero hace unos meses fui a ver Promised Land, la tercera colaboración entre Gus Van Sant y Matt Damon, y las cosas cambiaron entre El Jefe y yo. Hay una escena en la que el ecologista que interpreta John Krasinski necesita ganarse el favor de un pueblo chico para que entiendan que el fracking en sus tierras no es beneficioso y entonces, en la noche karaoke del bar del pueblo canta Dancing In the Dark.
Y mientras veía ese bar, que parecía un escenario de las tantas letras de Springsteen, durante esa escena con el hippie disfrazándose de clase obrera para seducir a los rednecks, fue cuando tuve antojo por primera vez en mi vida de Born in the U.S.A. Así que salí del cine y, en un ataque de completitud, abordé la obra de The Boss.
Fui derecho al principio, para tratar de entenderlo como si fuera un artista nuevo, y encontré las similitudes con Tom Waits (no me digas que los primeros dos minutos de Jungleland no son puro Waits, y no me discutan que Poncho’s Lament de Tom Waits no suena a Springsteen); comprobé cuánto le afanó U2 en su afán por conquistar los Estados Unidos y hasta vi la tan mentada influencia en los Arcade Fire. Descubrí una discografía que me debía a mí mismo y quedé a dos pasos de ser fan.

miércoles, julio 3

The Stone Roses: Made of Stone, de Shane Meadows

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Llega a los cines el documental de rock de 2013.
Je, era en joda, va de nuevo.

Desde que los documentales llevan bastante gente a los cines el género musical ha sido uno de los que más tardó en arrimar el bochín. Pareciera que "Searching for Sugarman" el año pasado –Sundance, lanzamiento internacional, soundtrack, guita– finalmente le dio al documental musical el empujón de taquilla que le faltaba para hacer cupo con algo más que el mero recital a lo "Celebration Day (reviewed in a previous encerradosafuera).

Este año tiene dos grandes nombres de ambos lados del Atlántico para confirmar al género musical como un buen lugar en el que documentar mucho más que un recital. En la esquina con olor a hamburguesa global está "Springsteen & I" y del otro win, tomando té con scons, "The Stone Roses: Made of Stone". Este último es el primero en llegar, casi un año después del retorno de los hijos pródigos de Manchester y, casualmente, antes de una serie de conciertos en el Reino Unido.

¿Cómo hacer un documental sobre el regreso de la banda más agrandada, fanfarrona y canchera del barrio cuando vuelven de la nada y, como tantas otras glorias de los 90's, sospechada de regresar en busca de asegurarse una jubilación digna? ¿Cómo mostrar a la banda que desde 1989, sin modestia alguna, prometió todo, juró ser la mejor del mundo y construyó una carrera musical en base a dos discos y una montaña de escandaletes, rumores y los mimos constantes de la prensa especializada?

La jugada maestra fue entregarle la dirección a Shane Meadows, responsable de This is England (2006) y sus posteriores reencarnaciones televisivas. Al igual que en la película basada en sus experiencias a principios de los 80s con el movimiento skinhead, Meadows se concentra en hacer lo que mejor le sale: contar historias desde el punto de vista de cada personaje, por más ínfimo que sea, y sin dudar en incluirse como actor ocasional o, mejor dicho, uno más en la escena. Así, la gran historia del retorno no es la documentación del reencuentro de cuatro rockers gastados que deciden dejar atrás viejas diferencias, sino que es eso y también lo que pasa alrededor de ese regreso ansiado por fans. Todos esos que hoy son, después de casi dos décadas, también el tejido mismo de la sociedad británica norteña: madres, padres, empleados, carpinteros, laburantes. Ellos son capaces de dejar su vida diaria ante el anuncio de que los Stone Roses darán un concierto sorpresa después de 16 años  y sólo habrá entradas para los primeros que lleguen con un disco, remera o memorabilia de la banda. El director, entonces, retrata el regreso de la banda a partir de la espera interminable de quienes realmente merecen ese show: los que consideran que no han visto un mejor concierto en los últimos veinte años, los que religiosamente escuchan el primer disco al menos una vez por semana, los que insisten en que sus hijos vistan la gorrita tipo Guilligan de Mani y memoricen ese puñado de canciones de la banda.

Así es que desde los primeros minutos, Meadows se deja presentar por Ian Brown mientras, detrás de la cámara, registra cuando la banda se junta en un hotel y se prepara para la conferencia de prensa en la que anuncia su retorno, hasta entonces imposible. Luego, a lo largo de la película, el director aparecerá para sumar con su imagen y relato a lo que es la gran historia del regreso de The Stone Roses.

El resto del documental, no resta, es lo que uno espera: cuatro o cinco canciones enteritas y en el orden correcto (con un final que es oro puro); pantalla dividida para ver a los cuatro tocando al mismo tiempo mientras intercambian miradas; la revelación de que están ensayando canciones nuevas aunque no nos muestren ni medio acorde; las imágenes de la banda “nunca antes vistas” –pendejos con granos, primeros recitales, fotos pedorras- y los etcéteras de rigor.

Meadows logró una película prolijísima y con un exceso de tino admirable porque, este documental bien podría haber sido una oda al fanatismo,algo que por suerte no sucede y termina siendo una oda al fan, el individuo y su relación con el fenómeno cultural. Aplauso aparte para el diálogo en off de Hitchcock al principio por brillantemente lateral y sinestético.

Confieso que esperaba cerrar estas líneas con “este documental es sólo para fans de…” y así lo haré. Pero igual, para mi sorpresa y con mucha alegría, puedo decir que no es únicamente para fanáticos de The Stone Roses sino también para seguidores de Shane Meadows. Y por esto, no le echaré la culpa a la banda ni al director: la culpa claramente es de las canciones.

TXT y foto: Beto Jet-O
http://betojet-o.blogspot.com/


jueves, abril 18

The Act of Killing (Joshua Oppenheimer)

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En una de las escenas más éticamente cuestionables, pero no por eso menos fascinantes de The Act of Killing sucede lo siguiente. Después de recrear el incendio de una aldea comunista, una niña no para de llorar. Además de extra, es la hija de uno de los asesinos que protagonizan la película. Su padre le pregunta, sinceramente extrañado: "¿Por qué llorás? Si es una película, nada más”.

Lo primero que aparece en The Act of Killing es el horror de la impunidad que ni siquiera se percibe como impunidad. Mercenarios que mataron a miles de personas durante el genocidio político indonesio aparecen muy alegremente contando sus crímenes como quien cuenta un golazo que hizo hace 40 años. Le puse el cable acá, limpiábamos la sangre ahí, había mucho olor. Son tipos ni siquiera muy concientes políticamente, ni siquiera realmente anticomunistas, más que nada eran freelancers, “hombres libres” como se insiste desde el gobierno y los medios, gángsters. En terminos de banalidad, Eichmann es un poroto. Y ahí ya surge alguna cosa. ¿Cómo puede un criminal narrar su propia historia? ¿Qué distancia se puede tener frente a semejantes crímenes?

Después viene la representación. Los criminales acuerdan filmar una película de estética hollywoodense para contarle sus hazañas a las nuevas generaciones. A pesar de su fuerza represiva, el poder indonesio nunca relegó el papel de la propaganda, de las películas y los noticieros que ayudan a escribir la historia. En esta producción, los criminales no sólo se interpretan a sí mismos, también interpretan a sus víctimas. La evolución que provoca la representación en cada uno de ellos es diversa y fascinante. Para alguno todo continúa siendo un juego, para otro un nuevo capítulo en la historia de mentiras creadas para cubrir las atrocidades sin que eso implique remordimiento alguno, pero para otro, para Anwar Congo, ese personaje horriblemente humano, y que al comienzo de la película se mostraba orgulloso de sus asesinatos pero con un atisbo de duda, con una preocupación mayor por la justificación, empieza a tambalear. Con la representación comienza a crecer en él una nausea, un malestar inexpresable; el síndrome del padrastro de Hamlet. Seguir creyendo en la inocencia de la representación es un poco más difícil después de ver The Act of Killing. ¿Qué es la historia? ¿Cómo construimos la historia? ¿Cómo nos construye la historia? Nunca el imbrincado triángulo entre hechos, representación e historia tuvo una puesta en escena tan contundente. Donde empieza uno y termina el otro se revela como un límite totalmente artificial. La memoria, o como quieran llamarle, está por ahí, en el medio de esa ensalada de sangre y efectos especiales.


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lunes, octubre 22

Instrucciones para ver Led Zeppelin Celebration Day

2 comentarios:

Esta es una película sobre música. La música es de una banda de los 70's que ensaya viejos éxitos durante seis semanas. Se van a juntar por una noche solamente para tocar frente a un montón de gente. Esa noche, la única, están filmando y justo a estos viejos les sale todo muy bien. La banda se llama Led Zeppelin y lo que vas a ver es Celebration Day.

Hay un disco, sublime, mi favorito de todos los tiempos y el segundo que sacaron, se llama Led Zeppelin II. Está lleno de canciones perfectas, de esas que podés cantar cada parte de guitarra, cada línea de bajo, cada chin pum de la batería y hasta cada gemidito del cantante. Del resto de su producción me gusta casi todo, pero no puedo perdonarles que hayan tardado tanto en grabarla. El sonido perfecto de II se hace re latoso en Houses of the Holy, pretencioso en Physical Grafitti y garchosamente ochentero en In Through the Out Door. Bueno, es necesario explicar esto porque en esta peli suena TODO como si fuera un solo disco. Y todo suena bien.

Advertencia: Si la ves en un autocine abrochate el cinturón de seguridad porque con "No Quarter" podés llegar a terminar adentro de otra película. Te arroja a un flash como el que podría generarte "El viaje de Chihiro", ponele. La secuencia "No Quarter" puntualmente, es el momento "Inception" del film, el instante en que descuido mediante podés llegar a sumergiste en un flash dentro de un flash dentro de otro flash.

"Celebration Day" es una evolución de "The Song Remains the Same", aquel documental con la banda tocando a duras penas en 1973, todo con ese sonido bien de otros tiempos. O sea, otros tiempos: una época en que el rock'n roll en vivo significaba sonido choto, guitarristas intoxicados que pifiaban de puro zarpados y vestuarios de dudosa ingesta visual. Si no me crees tratá de volver a verla, pero en tu casa y lo más sobrio posible. La nueva película de Zeppelin tiene lo mejor de un blockbuster y a la vez le da la vuelta. Por ejemplo: parte del pochoclo es que la gente en pantalla sea linda y acá hay dos galanes. No son galanes obvios, de hecho son dos viejos. ¡Pero qué churros están John Paul Jones y Jimmy Page! Como los buenos vinos. Y el joven de la banda, el que por rango etario debería llevarse el papel de guapo es el baterista Jason Bonham hijo del difunto Bonzo. Tiene la edad justa y lo ves toda la peli sentado en su puesto. Al final, cuando sale a saludar, la cosa pega la vuelta: te das cuenta de que estuvo parado todo el tiempo. El pendejo es un enano. Por algo el padre lo apodo Corcho. Justicia divina.

Spoiler alert
: Robert Plant no es lo que puede parecer a ojos masivos. Desentonando a propósito con la imagen de El Rockstar de los '70, sexy a su pesar, acá aparece con una chivita pasada de moda y el pelo en una permanente alla Mona Giménez. Es tan hediondo, pedorro y para atrás que resulta un acierto. A través de este recurso narrativo que podría parecer frívolo, en realidad la película obliga al público a concentrarse sólo y nada más que en la voz de este viejo tan mersa en su look como genial en su arte. Un riesgo que garpa porque "Celebration Day" se trata de la música.

Spoiler alert 2
: A lo largo del documental, el director, Dick Carruthers deja ver a través de un gran uso de los primeros planos que Led Zeppelin siempre fue la banda de John Paul Jones. Él es el jefe y queda claro. El flaco se la pasa mirando a Jimmy Page con cara de "si la cagás sos boleta". Una especie de exclusiva mundial que nadie se veía venir: bajo le gana a guitarra. Y tomá.

Spoiler 3: Acá cuento el final de la película,así a lo bestia porque esto es rock n' roll y me la banco. Cuando termina se descubre que esa noche Jason Bonham fue el hombre más feliz del planeta y si no llorás es porque sos re garca.

Beto LaRompe
corresponsal exclusivo en este lado de la pelotudez

martes, mayo 8

Todas las canciones me hablan de ti – “As Canções” (Eduardo Coutinho)

1 comentario:
por Bruno Milán.


“Edificio Master” (2002) de Eduardo Coutinho, estaba lleno de momentos memorables, pero entre todas las entrevistas una se destacaba visiblemente sobre el resto: en ella un octogenario ex vendedor de seguros cantaba “My Way” de Sinatra entre lágrimas y  carraspeadas, mientras agitaba el puño al aire de forma épica. Breve y sin nada de artificio, el canto tembloroso de Henrique se convirtió inmediatamente en uno de esos momentos mágicos de la historia del cine, uno de esos momentos en los cuales emocionarse no conoce tanto de decisiones estéticas o éticas, sino que implica cuestiones aún más elevadas y trascendentes: el pertenecer o no al género humano. Pura y total catharsis aristotélica.

Lejos está Coutinho de ser un director oportunista, pero claramente percibió que allí había algo a explorar. El germen de “As Canções” puede haber nacido ahí, o no, no importa, pero su nuevo film parece seguir la estela inaugurada accidentalmente por Henrique, es decir: adentrarse en la vida de las personas y comprobar de qué manera las canciones populares se relacionan con sus propias historias (haciendo hincapié especialmente en las historias de pareja), hasta el punto de imbricarse y hacerse básicamente una (“¿cómo es posible tener recuerdos si no es a través de las canciones?” se pregunta uno de los entrevistados, revelando quizás una de las tesis centrales de la película).

Como lo hizo antes Scorsese en la primera parte de “No Direction Home” o Terence Davies en “Distant Voice, Still Lives”, Coutinho se vale de un puñado de anécdotas y canciones para cartografiar la forma en que la música popular influyó en el imaginario y la subjetividad de toda una generación. Sinthome de época, muchas de las canciones elegidas por los entrevistados dan cuenta de una forma de ser, de desear y de padecer de toda una generación. La jerga psicoanalítica no es casual, ya que como si tuviera un verdadero valor terapéutico, la cámara de Coutinho y su austera puesta en escena parecieran invitar a sus entrevistados a revelar a todo, a ir hasta al fondo de sus recuerdos para extraer sus más profundas alegrías y miserias. Del goce doliente femenino al machismo naturalizado y luego arrepentido de los hombres, la selección de entrevistas de Coutinho es evidente (pero sin ser obvia) sobre la forma en la que hombres y mujeres se relacion(ab)an entre sí.

Al final puede que el documental peque de reiterativo y de un enfoque excesivamente melodramático, pero justamente en el recorte, la selección -más que en la puesta en escena- se ve la mano y la mirada de Coutinho, un montaje que revela que el mundo ha vivido equivocado, que la alegría puede ser de todos, pero la saudade es sólo brasilera. 

viernes, noviembre 11

Sin estribos. Crazy Horse, de Frederick Wieseman

1 comentario:
Frederick Wieseman es sinónimo de documental desnudo. Y documental desnudo es sinónimo de Frederick Wieseman. En general nadie tiene necesidad de usar ninguno de los dos sintagmas entonces usted quizás no lo sabe, pero es así. Esta vez Wieseman no filma enfermos terminales o dementes, sino que se da y nos da el gusto de aplicar su minuciosidad al micromundo de Crazy Horse, el club erótico parisiense, según los que saben, el mejor del mundo.

Lo que nos muestra y celebra Crazy Horse durante sus dos horas de duración es ese empeño perfeccionista en busca de la sensualidad perfecta. Crazy Horse es el lugar del sueño y las fantasías, y esto no se logra simplemente con mandar un par de chicas a que se toquen con fingida excitación, sino con un arduo y minucioso trabajo sobre el acto, las luces, la escenografía, las sombras, los vestuarios, las texturas, etc. En un par de entrevistas, el director y el director artístico explican dónde radica su fascinación por Crazy Horse, pero no hace falta. En su entusiasmo endemoniado y la pasión detallista está todo dicho. Conforman entre todos un verdadero ejército erótico, y en el casting se ve que el disciplinamiento de los cuerpos y la supervivencia del más apto son su piedra angular. Ante tanto Do it Yourself y Lo Fi, un momento de perfeccionismo hiperprofesional resulta muy cautivante. El ejército erótico nos trae los mejores culos y las mejores canciones (imposible no salir cantando las canciones) y eso necesita entrenamiento y pasión. Otro tipo de documental hubiera comentado negativamente con foucaultianda o marxista estupidez el casting de culos, tallas, baile y género que se realiza en Crazy Horse. Pero Wieseman no se deja llevar por el igualitarismo deforme y sólo registra la audición con sus chistes, su cotidianeidad y sus comentarios políticamente incorrectos para el mundo exterior. Simplemente nos lo sirve para que nosotros cuestionemos (mal) o también elijamos nuestros culos favoritos (bien).


La obsesión por el detalle de Wieseman encuentra una contraparte perfecta en Crazy Horse. Y Crazy Horse necesitaba alguien que lo filmara como Wieseman. En las dos horas de la película somos testigos de este armónico encuentro: el detallismo de Wieseman y la obsesión perfeccionista de los artistas de Crazy Horse. Alguno dirá “un buen culo es un buen culo”. Tras ver esta película, quizás se de cuenta que hay mucho trabajo detrás de un buen culo, pero mucho más de un culo que trasciende, que explota cualquier fantasía y que te traslada a un mundo de sensualidades nuevo y apasionante. Ese trabajo esmerado y su satisfactorio resultado es el cine que esta vez nos regala Wieseman. Y eso es buen cine, porque todos sabemos, parafraseando a Godard, que el cine no es otra cosa que el arte de filmar culos hermosos.

sábado, agosto 6

¡Hacé click ya mismo!

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Si no viste loudQUIETloud el documental sobre la reunión de los Pixies, SnagFilms, un sitio para tener entre los favoritos, lo está ofreciendo de manera absolutamente gratuita para que te lo calces al hombro y lo veas en tu hermosa computadora, teléfono canchero o tv conectada a la web. Vale la pena ver a estos muchachos boludeando entre show y show mientras las hermanitas Deal tejen y fuman sin parar. Pa´verlo, sólo hace falta hacer click donde dice click. De nada, che...

sábado, abril 10

El ambulante

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Sigo cayendo en el truco: me compran con una ruta. Veo la ruta y sonrío. Si viene acompañada por canción alegórica, como Piedra y camino, mejor.
Algún angelito debe estar cuidándome que vi tres argentinas y todavía no puteo. Es más, estoy contenta. El ambulante es el lo que Carlos Sorín hubiera querido hacer y nunca logrará: una auténtica historia mínima en un pueblito perdido, con una alegría y un humor simplón difíciles de igualar. Sé que contado así suena mal, pero está bien.
El ambulante sigue a Daniel Burmeister, un "cineasta artesanal", como él se define, que anda por los pueblitos del interior con un Dodge destartalado y una cámara de vhs, haciendo películas con los habitantes de los pueblos como actores. Repite siempre los mismos cuatro o cinco guiones, en un tono de picaresca costumbrista; pide a cambio alojamiento y comida, todo de lo más humilde. Y es feliz, y sus actores-técnicos-asistentes son felices. Después la película se estrena, él cobra cinco pesos la entrada y se va a empezar de nuevo al pueblo de al lado. Los directores del documental, que lograron invisibilizarse notoriamente, permiten que hasta a nosotros, espectadores de la ciudad, se nos contagie la risa.
Maravillosas son, por ejemplo, la escena del casting, o aquella en la que se improvisa un travelling con unos chicos arrastrando una frazada. Suena ñoño. Está buenísimo.

domingo, noviembre 29

Se viene el Festival In - Edit 2

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Que lindo es dar buenas noticias. Nueve meses después de la primer edición argentina, se viene el segundo Festival Internacional de Cine y Documental Musical In-Edit Cinzano.
En la sección de competencia nacional los títulos confirmados (y que vamos a ver y comentar seguro) son por un lado Buenos Aires Hardcore Punk de Tomás Makaji, donde se podrá poguear al ritmo de bandas como Los Testículos, Los Baraja y Los Laxantes, entre otros nombres que hicieron la historia del jarcorpank porteño. La otra es Subdesarrollo Capítulo I, de José María Lartirigoyen, que presenta a El Mató a un policía motorizado, Los Peyotes, Prietto viaja al Cosmos con Mariano y unas cuantas bandas más de las de ahora. Esta no sabemos muy bien de que se trata porque el texto que hay sobre ella en la página del festival tiene mucha poesía pero no dice nada.
Así que ya veremos y contaremos que tal está.
Lo que no sabemos por ahora es si habrá más pelis en competencia, teniendo solo dos es más bien un mano a mano, ¿no?
Fuera de competencia se presentará Kapanga Todoterreno, uno de las tres estrenos 2009 de Farsa Producciones. A esta la vimos en la función estreno en La Trastienda, un día de semana al mediodía, una de las experiencias más extrañas del año sin dudas. Kapanga Todoterreno, un improbable mix de a Hard Day's Night con Todo x $2, hará reir a todos los que busquen humor absurdo, con resabios de argentinidad al palo. Además marca el regreso de Pedemonti a la actuación. No es poco.
Las propuestas nacionales se completan con Ellos son Los Violadores, de Juan Riggirozzi (que rescata al mítico Hari B., conocido por ser el primer punk argentino) y Miranda directo, de Iván Vaccaro (que algo rescatable debe tener, pero es poco probable que nos animemos a comprobarlo).

Dentro de la Sección Oficial Internacional se amontonan una veintena larga de films. Hay para todos, desde la historia de Dr. Felgood, registrada por Julien Temple hasta la biografía de Los Blue Splendor, que dicen que era la banda number one de Valparaíso en los sixties, pasando por Shadow Play: The Making of Anton Corbjin, un retrato del director de Control (si, la de Ian Curtis).
Además, hay pelis dedicadas a Scott Walker, Johnny Cash, R.E.M., Patti Smith y un largo etc, que pueden ir revisando acá.

Les dejamos el trailer de una de las perlitas del festival, One Fast Move or I'm Gone: Kerouac's Big Sur, que como su nombre lo sugiere nos muestra la historia de la novela de Jack Kerouac contada por compañeros de ruta del escritor (Lawrence Ferlinghetti, Carolyn Cassady) y fans de su obra (Sam Shepard, Patti Smith, Tom Waits). La música aquí es de Jay Farrar (Son Volt, Uncle Tupelo) y de Ben Gibbard (conocido por ser el líder de Death Cab For Cutie y The Postal Service, y muy admirado en los últimos tiempos por haberse levantado a Zooey Deschanel)



Info útil:
Site Oficial: http://www.in-editcinzano.com.ar/
Fecha: 10 al 14 de diciembre
Lugar: Atlas Recoleta y en el Atlas Santa Fe 1 y 2 de Capital Federal
Precios: $12 por función y además habrá un abono de $36 válido para cuatro pelis.
Para las películas nacionales en Competencia el precio será de $1,20.
Unos días antes habrá funciones especiales en Rosario (el 4 de diciembre) y Córdoba (el 6).

lunes, marzo 30

Food Inc., de Robert Kenner

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Dicen los que vieron el documental de Al Gore que este está cortado por la misma tijera. Dicen los que vieron Fast Food Nation que esta es en serio, que esta es mejor. Yo no vi ninguna, así que sólo puedo decir que es un muy buen documental, que sería excelente si no resultara tan molesto su extremo didactismo yanqui, su bajada de línea sin metáfora y sin pudor.
Robert Kenner investiga todo el circuito de producción y consumo de los alimentos en Estados Unidos. A través de una impecable estructura de capítulos, va rubro por rubro -carne, vegetales, maíz, soja- demostrando hasta qué punto hoy la producción de comida es una industria creciente y cada vez más concentrada, cada vez más alejada de lo natural e interesada únicamente en ampliar las ganancias, a costa de la salud e incluso la vida de los consumidores.
Resulta bastante impactante saber, por ejemplo, que hoy el 70 por ciento de la producción de carne de Estados Unidos está en manos de la misma empresa; que las vacas son alimentadas con cosas especialmente diseñadas por ingenieros, que se las meten directamente en el primero de sus cuatro estómagos a través de un agujero que les hacen para eso en el lomo (oh sí); que las vacas ya no comen pasto sino maíz, porque es más barato; que los pollos crecen tanto y tan rápido que no pueden sostener su propio peso con sus patas; que los granjeros tienen prohibido guardar las semillas, y que Monsanto, todopoderoso dueño de la patente del poroto de soja indestructible, envía matones a controlar que esta prohibición se cumpla.
Después de verla, queda una pregunta flotando: el hecho de vivir en un país subdesarrollado, ¿nos jugará a favor o en contra en esta pesadilla de la tecnificación alimenticia? Al fin y al cabo, es el tema político central del último año.