Gonzalo Castro sigue igual a sí mismo, con ese cine seudo naturalista y esa autoexigencia de estrenar una peli por Bafici, cual Woody Allen. El que va cambiando es su objeto. Así, Resfriada, la primera, era su película más personal, quizás porque era más difícil de encasillar, o porque costaba más adivinar (creer que se adivinaban) los límites entre realidad y ficción. En la segunda, Cocina, se iba acercando al documental al restringirse a una persona. E Invernadero ya podría ser tomada por el espectador distraído como "un documental sobre Mario Bellatin". Encima Bellatin es un escritor relativamente famoso -todo es relativo-, y un tremendo personaje en sí mismo. Quiero decir: Bellatin no necesita de la película de Castro para ser un personaje.
Castro hace lo suyo: los encuadres a distancia media, los tiempos relajados, los canturreos, las mascotas, las maneras de seguir las conversaciones sin rumbo aparente. Esa forma oblicua de captar algo de la vida. Lo gracioso es que, tal como declara el mismo Castro, la película es ficción: la hija no es la hija, la asistente no es la asistente. Y, siguiendo esta línea, Mario Bellatin no es Mario Bellatin, sino una puesta en escena de un supuesto Mario Bellatin. Algo que, en el fondo, ya deberíamos saber: que todos somos puestas en escena. Y si no pregúntenle a Borges en "El otro". Lo dicho, esa forma oblicua de captar algo de la vida. Como decía la fórmula mágica de Kerity, que algo sea inventado no quiere decir que no sea verdadero.
Algo que me gusta de las películas de Castro es que siento que no exigen nada: más bien ofrecen, ofrendan una cierta intimidad. Uno puede aburrirse, sí, o también puede agradecer la invitación. O un poco y un poco.
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domingo, abril 11
sábado, marzo 28
Cocina, de Gonzalo Castro
Archivado como:
bafici 11,
Cocina,
Gonzalo Castro,
Ron Mann
en
2:31 p.m.
por
marcela basch
4 comentarios:
Lo mío es un apostolado: dos días de bafici y ya vi tres argentinas. Con lo de Gonzalo Castro estaba avisada, porque ya había visto el año pasado Resfriada (¡que ganó un premio!). Todo muy simpático, pero no es mi idea de cine (tengo ese prejuicio con el guión). Igual, una película que no va a ningún lado puede ser muy liberadora -en tanto uno lo sepa-: no hay nada que perderse, por lo tanto no hay culpas con los cabezazos... Igual, lo que vi era muy simpático: todo el relato del sonambulismo, por ejemplo, donde ella cuenta que baja las escaleras en mitad de la noche porque tiene que revolver el arroz, o las muy serias disquisiciones acerca de las diferencias entre una cucharada y una cucharita. Anyway, no pasaba mucho más. Crítico estrella invitado a Encerrados Afuera: Ron Mann, sentado a mi lado in this very moment, dice "I didn`t get the movie". Ah, y también dice "they cooked mushrooms!". Gracias Ron, sos un grande.
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