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lunes, abril 9

Homeland y el legado de cenizas

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-Te apuesto todo lo que tengo, incluyendo mi “Monk’s Dream” autografiado por el mismo Thelonious.
- Prefiero a Coltrane. No es tan recargado.
Este diálogo no es entre dos amigos de la bohemia neoyorkina o dos melómanos de cualquier parte del mundo, es la conversación entre una agente de la CIA que intenta convencer a su jefe sobre una corazonada. Y no es menor la importancia de este intercambio porque este es el tono en el que Homeland transcurre. Agentes de la CIA, marines y funcionarios que además de lidiar con yihadistas, terroristas y agentes dobles, tienen vida propia, gustos y conflictos personales y siempre están tan cerca del cielo como del infierno.
La construcción de los personajes es una clave de la serie. Carrie Mathison (Claire Danes) es una agente de la CIA en sus treinta años, con pasado oscuro en Irak, fanática del jazz, síndrome bipolar en desarrollo y que llega a introducirse subrepticiamente en la casa de su hermana médica para robarle medicación antipsicótica.
Nicholas Brody (Damián Lewis) es un marine que trata de adaptarse a su antigua vida luego de 8 años en una mazmorra iraquí y a quién el gobierno trata de convertir en héroe de guerra.
El tercero en el par es Saul Berenson (Mandy Patinkin), jefe de división de Oriente Medio de la CIA, antiguo líder y mentor de Carrie, que debe enfrentar una inminente ruptura matrimonial debido a su workahólica dedicación al trabajo.

Todo estos conflictos personales se desarrollan en medio de caza de “terroristas”, cámaras ocultas, escuchas telefónicas, polígrafos y funcionarios de dudosa inteligencia y honestidad. Paralelamente, las variadas subtramas que se tejen en torno a las vidas privadas de los personajes fluyen sin esfuerzo a través de la historia principal, manteniendo el suspenso y el interés intactos.
La tensión que se da entre Carrie y Brody es un punto alto en el clima y la intensidad dramática de Homeland. Ambos están concebidos como anverso y reverso en un espejo que puede devolverles alternativamente su imagen como héroe o villano y es en esa contienda emocional y agonal donde radica lo más interesante de cada capítulo. Siempre está latente la posibilidad de que los personajes estén jugando veladamente en el campo contrario en el que revistan oficialmente. Esta situación genera una permanente imprevisibilidad, cualidad notable si tenemos en cuenta la avalancha de películas y series donde todo está marcadamente preestablecido desde los primeros minutos y uno termina jugando, por falta de mejor entretenimiento, a contabilizar cuantas de las predicciones evidentes que hizo apenas empezado el film se cumplen finalmente.
Quienes disfrutaron de “24” encontraran claras analogías y estas no son casuales: Alex Gansa y Howard Gordon, guionistas de la serie protagonizada por Kiefer Sutherland, son dos de los adaptadores del libro del israelí Gideon Raff en el que está basado la serie. Además, el excelente musicalizador Sean Callery, quien también lo fue de 24, agrega elementos de similitud.
Desde ya, no esperen ninguna autocrítica ni cuestionamiento alguna a la guerra contra el terrorismo. El malo de toda maldad es un tal Abu Nazir, miembro de la ubicua organización terrorista Al-Qaeda. Nada se dirá de Guantanamo, Enron, Abu Ghraib, contratistas de defensa, armas de destrucción masiva inexistentes y otras “hazañas” de la gran democracia del norte. El fantasma apocalíptico del 11/S todavía recorre el espíritu americano con saña feroz.
El imperio tiene claro que debe  presentar y respaldar sus argumentos y posiciones dentro de un formato atractivo. Y con este thriller lo logra absolutamente, aunque su historia oficial sea completamente falsa. Tampoco es casualidad que Barack Obama haya dicho que Homeland y Boardwalk Empire (basada en la vida de un mafioso de los años 20 adscripto al partido republicano) son sus dos series preferidas.
Y si de casualidades y causalidades hablamos, mi paranoia anti imperial me encontró al mismo tiempo que disfrutaba de esta muy buena serie, leyendo “Legado de Cenizas, la historia de la CIA”, el esclarecedor libro de Tim Weiner (escritor y periodista del New York Times y ganador del Pulitzer de 1988). No pude dejar de reparar en el contraste entre Homeland, con sus personajes melómanos, altruistas y sacrificados con los verdaderos miembros de la Agencia. Weiner destroza a la CIA  y a sus agentes describiendo operaciones encubiertas, asesinatos, torturas, sobornos, mentiras, traiciones, falsas revoluciones, organizaciones de cobertura, fraudes, elecciones amañadas, diplomáticos truchos, operaciones desastrosas, golpes de estado y todo tipo de acciones para “defender la libertad” en el mundo.
Solo un ejemplo: luego del desastre de Bahía de los Cochinos (en el que la CIA fue principal protagonista), Bobby Kennedy le ordenó a Ed Lansdale, jefe de operaciones del grupo especial de la agencia, que proyectara el trabajo de la CIA en lo sucesivo para derrocar a Fidel Castro: “reclutar y movilizar a la iglesia católica y a los movimientos clandestinos cubanos, fracturar el régimen desde adentro, sabotear la economía, subvertir a la policía secreta y destruir las cosechas con armas biológicas o químicas”. 
Cada una de las operaciones secretas que Weiner describe está respaldada en un voluminoso apéndice basado en más de 50.000 documentos de su archivo propio y de material  desclasificado del gobierno de EEUU, además de cientos de entrevistas a los principales protagonistas.
Y yo me quedo pensando, quizás alpedísticamente y sin ningún fundamento, que la CIA no sería tan nefasta si sus agentes disfrutaran verdaderamente de Coltrane y del gran Thelonious.

txt: Hochimilk (@Hochimilk)

martes, abril 26

Todos somos Michael Scott

3 comentarios:
The Office es una de las comedias más amargas que conozco. Ever. Verla es una adicción difícil de describir. Una mezcla de ternura con malestar estomacal. Vergüenza ajena constante y empatía hasta la risa convertida en lágrimas. Un exceso de humanidad también. No vi la versión inglesa que solo imagino, conociendo un poco a Gervais, solo despiadada. Todos somos el pibe que se las sabe todas. Prefiero ser labrador en la tierra a monarca en el Hades. ¿Quién lo dijo? ¿Ulises? ¿Aquiles? ¿Dwight? No, lejos de eso; Dwight es quien lucha para ser rey en el inframundo. No se puede no admirar su perseverancia y método. Algunos luchan timidamente para escapar de él y la mayoría solamente quiere no hundirse en esas agua profundas. La galería de perdedores pop es tan larga como la lista de nuestros amigos (una lista en la que estamos todos). La vida está en otra parte; lugar común a esta altura, sin embargo nunca llevado adelante con tal evidencia. Michael perdido en el bosque; Michael en Nueva York; Michael tiene un hijo; Michael juega al basquetbol. Todo es de mentiritas. Michael es un personaje entrañable enfrascado en sus límites, siempre queriendo ser más de lo que es y mucho más de lo que jamás podría ser. Es admirable la evolución del personaje (si, Michael a su manera madura). Los golpes que recibe no podrían ser más dolorosos; directamente proporcional a su ceguera estructural (jua, parezco salido de un seminario de Lacan). Círculos concéntricos de ignorancia; laberintos de dudosas salidas. Humano, demasiado humano.

Santiago B.

jueves, abril 22

La vida en Marte.

1 comentario:
¿A qué famosa serie norteamericana corresponde alguna de las siguientes preguntas?
¿Dónde está es mi hogar? ¿Por qué me siento, de qué soy culpable? ¿Por qué enfermamos? ¿Qué es estar sano, qué es estar enfermo? ¿Por qué no encajo? ¿Por qué me siento un monstruo?
Respuestas: Terdex/ roeshe/ stlo/ Sehou D.M
Podemos agregar la siguiente pregunta cartesiana: ¿Qué es real? O la versión sartreana: ¿Cuál es mi auténtica vida? O la versión vitalista: ¿Qué es estar vivo? O la versión ciencia cognitiva a lo Daniel Dennett: ¿Por qué despierto cada mañana en este cuerpo y no en otro; por qué despierto cada mañana en esta mente y no en otra?
Toda esta última serie de preguntas corresponde a la serie inglesa Life on Mars, descubierta y sponsoreada por mi amiga Miriam.
El folletín clásico de aventuras en un loop enorme y de muchos muchos años se ha convertido en existencial sin que lo sepamos o apenas lo intuyamos en la oscuridad. Por eso amamos/odiamos esos folletines; porque en medio de tiros, viajes en el tiempo, habilidades extraordinarias, inteligencias inigualables, peripecias increíbles, personajes inolvidables, nuestras ansiedades básicas de cuando andábamos por las selvas y sabanas primitivas cazando y recolectando son traídas a la luz, puestas en cuestión. Preferimos la revelación de estas preguntas en forma de entretenimiento porque las respuestas nunca son muy alentadoras: no hay tal hogar; soy un asesino en serie; siempre seré un freak; mi inteligencia es la de un autista, todos somos estamos enfermos; estoy muerto. Cualquier final feliz, ya lo sabíamos del buen cine y la buena literatura; no es más que alucinación, cuento de hadas, un paleativo que dura lo que la palabra fin. Estos cuentos de hadas que nos entretienen lo hacen mientras las preguntas se sostienen. Después las tramas decaen; los personajen se idiotizan, se desdibujan y desaparecen como rostros dibujados en la arena, nos empezamos aburrir, el clisé invade.
Mi nombre es dj malhumor; solía trabajar en un hospital, dar clases en la universidad, tuve un accidente corriendo a un paciente que escapaba y aparecí montado en una bicicleta pedaleando en las montañas a través de abras y valles, abras y valles. No se sí estoy loco, sí viajé en el tiempo o estoy en coma. Solo se que necesito encontrar la respuesta para poder volver a casa.

¿No sienten algunas mañanas que han despertado en otro planeta?

Dj malhumor

jueves, julio 31

This is the end, beautiful friend

7 comentarios:
Así es. Este es el fin. Se termina. El lunes próximo (¡ya!) el canal BitBox deja de existir para darle paso a Quiero, una señal diametralmente opuesta, como habrán notado entre video y video. Es una lástima, entre otras cosas (como bronca e impotencia, por ejemplo). Pero así es la vida, that´s life, c´est la vie. BitBox fue un pequeño proyecto que nació con los días contados y que sin embargo se las arregló para gustarle a mucha gente. A los pocos que trabajaron en ese proyecto, los llenó de orgullo. Aún los pone contentos saber que a más de uno le sirvó para conocer nuevas bandas, para comprobar que todavía existen los videoclips y que la búsqueda y la innovación siguen presentes. Algo que notó hasta la madre de Víctor. No es broma.
Quizás este no sea el verdadero fin de BitBox. Puede que haya algún proyecto dando vueltas. Apenas nos enteremos les contamos por acá. Por ahora, sólo queda disfrutar de este fin de semana largo, en el que pueden ver cosas tan dispares e interesantes como Xiu Xiu, Low, Pixies o ese video de Six Organs dirigido por Cam Archer. El lunes, la realidad vuelve a la tele. Que no nos atrape con la guardia baja.