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jueves, noviembre 15

Corea en Mar del Plata: DANGEROUSLY EXCITED de Koo Ja-Hong

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Dangerously excited de Koo Ja-Hong

"Because something is happening here, but you don't know what it is. Do you, Mister Jones?" le preguntaba Bob Dylan al gris protagonista de su canción Ballad of a thin man. Hay algo de Mr. Jones en el héroe de Dangerously excited. Un gris, ordenado y eficiente empleado municipal que pasa sus días laborales haciéndose cargo de las denuncias de los vecinos por ruidos molestos, hasta que una banda de rock (en su variante indie) se cruza en su camino para cambiar inevitablemente su vida. No es gratuita la mención al cantautor norteamericano, ya que es él mismo en versión coreana (sí, así como suena, un Bob Dylan coreano, rulos incluidos), el encargado de dar la pista necesaria, para poner al tanto a nuestro protagonista de lo que está ocurriendo a su alrededor.                                                                              
El rock (y sus clichés) visto como una forma, ya no de cambios revolucionarios, sino de pequeños turbulencias personales. De eso trata esta rockera (aunque con sordina, aquí el volumen es un tema importante) comedia.

¿Qué te llevó a realizar esta película?
En realidad, soy un fanático del rock. Siempre tuve ganas de hacer alguna vez una película sobre música. Afortunadamente surgió la oportunidad de realizarla con bajo presupuesto, y acepté el desafío porque pensé que una película de este tipo era posible con pocos recursos. Para ser sincero, el mayor impulso para terminarla fue el temor a endeudarme ante el mínimo error.

En una entrevista definiste la película como “anti-música”, algo que me llamó la atención. ¿A qué te referías exactamente?
Esa frase la dije un poco en broma, y un poco en serio. Se hicieron muchas películas con la música como tema en los últimos años, no sólo en Corea sino también en el mundo. En la mayoría de los casos, se aborda la música como algo “bueno”, pero mi opinión es diferente. En ciertas ocasiones, la música puede convertirse en una cosa diabólica que irrumpe en la vida de las personas, quienes quedan paralizadas por excitación sin poder hacer nada. Es decir, la música es capaz de arruinar la paz y la tranquilidad de alguien. Y esto no es ajeno a mi experiencia personal, ya que pasé por situaciones delicadas en la adolescencia, cuando estuve demasiado compenetrado en la música en lugar de atender la máxima prioridad de aquel entonces, que era preparar el examen de ingreso a la universidad. Fue así que pensé en una aproximación a la música algo heterodoxa, en relación a otras películas del tipo.

Dangerously Excited es una comedia, pero bastante contenida. ¿Cuáles fueron los aspectos más importantes a la hora de manejar el clima general de la película? 
Para disimular el escaso presupuesto, lo más importante fue llevar a cabo el rodaje a una velocidad frenética. De ser posible, filmaba las escenas en una o dos tomas, así no quedaba nada relegado para el día siguiente. Creo que la moderación se logró sin habérnosla propuesto, debido a los recursos acotados que no tenían mucho que ver, justamente, con el lujo y la ostentación. Sin embargo, hubo aspectos que tuve en cuenta. Uno fue retratar la profesión del “empleado público” de manera tal que despertara empatía de parte del espectador. El otro punto fue regular la relación entre el “empleado público” y la “banda de música”, para que el acercamiento entre ellos tuviera cierto rigor, pues ambos son figuras demasiado heterogéneas en la vida real con casi nulas posibilidades de cruzarse.

En la película, el personaje de Bob Dylan es interpretado por un actor coreano, Oh Gwang-rok. ¿No pensaste en un actor occidental para el casting?
El asunto fue sencillo. Me pareció que iba a ser divertido ponerlo a Oh en ese papel. La peluca y los lentes oscuros le quedaban bastante bien. Además, él tiene un aire tan especial que no parece coreano. En este sentido, Bob Dylan transmite un aura particular que lo diferencia del típico cantante norteamericano. Lo interesante fue que alguien en internet le puso a Oh un apodo -que personalmente me parece muy bueno- después de ver la película: Bob Gwang-Rok.                                                                                        

¿Qué directores y películas te influenciaron? 
Only Angels Have Wings (1939), de Howard Hawks; There Will Be Blood (2007), de Paul Thomas Anderson; Vengeance Is Mine (1979), de Imamura Shohei; Psycho (1960), de Alfred Hitchcock y otros tantos.

¿Algún proyecto en marcha?
Es cierto que la brecha entre las películas mencionadas y mi filmografía hasta el momento es tan grande como la cordillera de los Andes. La tarea prioritaria para mi próximo trabajo será cómo reducir esta brecha. Me gustaría hacer un remake de El aura (2005), del fallecido director argentino Fabián Bielinsky. Es una película extraordinaria. Espero poder reunirme con las personas a cargo de los derechos cuando vaya a la Argentina.


lunes, noviembre 12

Corea en Mar del Plata: Sleepless Night de Jang Kun-Jae

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En este espacio, que siempre me brindan generosamente los amigos de Encerrados Afuera, vamos a ir presentando uno por uno los títulos y directores presentes en el foco llamado Postales del Sur - Nuevos directores coreanos. Una selección de ocho títulos (todas primeras y segundas obras) que se verán en la inminente edición del 27º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Hoy empezamos con Sleepless night y un breve reportaje a su director Jang Kun-Jae:

SLEEPLESS NIGHT de Jang Kun-Jae

Un escritor norteamericano supo decir que, en la verdadera noche oscura del alma, siempre son las tres de la mañana. En ese lugar parece ubicarse y transcurrir Sleepless night. Sin embargo, también ofrece un remedio para esa tremenda imagen de la soledad. Y es –obviamente- la del amor conyugal.
Alejado de las truculencias a las que nos tiene acostumbrado el cine (no sólo el actual), el director Jang Kun-jae se empeña en realizar algo más difícil de plasmar en imágenes. La descripción de un simple y pequeño paraíso.
Un paraíso que la pareja protagonista recorre (en bicicleta o caminando, conversando o en silencio) durante ese momento al que alude el título; y a los cuales la cámara acompaña con pudor, sobriedad y una sabiduría cinematográfica que funciona, en este caso, como otra forma del amor: del director a sus personajes, a su oficio de cineasta y también al espectador.

¿De qué manera te iniciaste como director?
A los 18 años comencé por casualidad a frecuentar la cinemateca. Hasta ese momento, no iba a la escuela y vivía el día a día sin pensar en nada. En la cinemateca me encontré con obras maestras que no se proyectaban en otras salas comunes y sentí como una especie de curiosidad intelectual. Entonces me di cuenta de que las personas que estaban en el cine conmigo querían (en realidad) hacer cine. Las mismas ganas fueron creciendo en mí y estudié la carrera de cine en la universidad y luego fotografía en la Korean Academy of Film Arts. Más tarde, trabajé como director de fotografía en varias películas independientes. Un día quise contar mi propia historia y así nació Eighteen (2009), mi primer largometraje.

La película parece muy real y natural, como si no existiera un guión previo. ¿Cómo lograste esto?
Al principio el único texto que tenía el guión era: “Es la historia de la cotidianeidad de un matrimonio de treinta y pico de edad”. El casting se hizo a partir de esta frase y conversé muchísimo con los actores. Entonces comprendí que compartíamos los mismos problemas. El matrimonio, los hijos, la incertidumbre acerca del futuro, cómo vivir, etc. Estas largas charlas me hicieron saber cómo hacer la película y, así, comenzamos a filmar. El rodaje se realizó en la casa donde realmente vivo y mi esposa se sumó como productora. Por eso creo que la película muestra de cerca la cotidianeidad y el sudor de mi matrimonio.

¿Modificabas el guión después de ensayar la escena con los actores?                                                        Así fue. Pero más que ensayo, diría que fueron muchas charlas. En este sentido, el guión fue tomando cuerpo con la participación de los actores: yo sólo manejaba el hilo conductor y los diálogos surgieron a partir de las charlas con ellos.

La película habla sobre la felicidad, algo que últimamente ha quedado relegado en el cine. ¿Por qué decidiste contar esta historia?
Un día volvía a casa en bicicleta con mi esposa, a altas horas de la noche, pedaleábamos a través de las calles desiertas, mirándonos cada tanto entre nosotros. En ese momento pensé que sería lindo que alguien dibujara en un papel la escena. Mucho tiempo después le conté a ella que quería hacer una película con las pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana. Mientras preparaba el proyecto mi mente estuvo concentrada en la cuestión de qué es la vida, cómo es vivir sin arrepentimientos. Quise tratar este tema en la película.

¿Cuáles son tus influencias?
Es difícil mencionar a tal o cual persona como influencia. Todas aquellas películas que me cautivaron en su momento, la intensa vida de los artistas, los grandes profesores que conocí estudiando cine, mis compañeros en esta actividad e incluso los hechos cotidianos que me trajeron tantos dolores de cabeza… Todos estos elementos influenciaron mi vida y mi película.

¿Próximos proyectos?
Estoy manejando varias posibilidades, pero nada confirmado aún. Sleepless Night es mi segundo largometraje y me gustaría que el tercero sea el fruto de una larga reflexión previa. Sea lo que sea, espero poder reflejar todos mis pensamientos e inquietudes ante la vida, en mi próxima obra. Creo que, sólo así, puedo crecer como persona junto a la película.


sábado, abril 10

At the end of the Daybreak

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Sin películas asiáticas no hay Bafici. Así que ayer, considerando que era el segundo día y ya había visto cuatro películas con idiomas comprensibles, me embarqué en esta tragedia honkonguesa. Mmm. Está lejos de los grandes momentos que hemos pasado con Johnnie To y tantos otros ilustres nativos del país asiático con volante del lado izquierdo. La trama es tan terrible que, por algún motivo, no emociona nada. Todo parece suceder sin mucha motivación: una de Montescos y Capuletos donde sentimiento es lo único que falta, porque hay alguna pintura de costumbres y vuelan los ceniceros a la Su Giménez. Lo único que me interesó es el paisaje: créanlo o no, me resultó familiar. Las baldosas, azulejos y parqués de Hong Kong son igualitos a los del conurbano. Hay un túnel que yo juraría que es el de Libertador, con la misma curva insensata. Y finalmente hay un embalse que yo he visto en Córdoba alguna vez. Ah, muertes al pedo tenemos acá también. No nos mientan más.