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miércoles, junio 12

It's been a long time / a real long time

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Slowdive es Ushuaia, música que escuchaban algunos amigos, que me llegaba de rebote y heredé cuando se fueron yendo de la isla. Mojave 3 es el final de los 90, cds copiados y una cabaña rodeada de nieve. Y después es Buenos Aires, un discman mp3, trasnoches volviendo a casa en bondi. Siempre canciones que eran nuevas pero ya venían con recuerdos precargados. Halstead es el tipo que estaba detrás de todo eso. Una voz que aparecía cuando no estaban las chicas. Música para escuchar solo, medio alejandose. Una presencia inimaginable, nunca pensé como se vería el tipo, nunca busqué fotos de esas bandas ni recuerdo haber visto videos. Por eso al tenerlo a dos metros no me impactó tanto al principio. El tipo se sentó, se dio cuenta que hacía calor, se sacó el saco, afinó la guitarra. Y cuando empezó a cantar llegó el golpe. Esa voz cansada, amistosa, ese sonido dulce de la guitarra, la química de los pedales y las canciones como abrazos al alma. Y en el show recordé que estamos hechos de distorsión, ironías, chistes malos, cámaras que se mueven y también de canciones tristes.
Jota Pérez

martes, junio 11

In a Neil Halstead State of Mind

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Estábamos muy cerca suyo. Quizás por eso entrar en trance no nos costó mucho. No nos costó nada. Escuchar cómo su guitarra empezaba a tejer mundos, texturas, climas meteorológicos, miles de imágenes que tomaban forma fantasmagórica encima de su cabeza. Escuchar su partida quebrada rota autoexpiación. Escuchar sus confesiones, no en palabras, sino en notas musicales.
Neil Halstead estaba acá y nos decía, con la misma perplejidad que sentíamos nosotros, que nunca se hubiera imaginado que iba a terminar tocando en Argentina. Visitando Argentina. Hipnotizando a Argentina. Lo último no lo dijo, lo hizo.
Estaba acá y su presencia servía de salvoconducto para que volvamos a Slowdive y a Mojave 3, sus extensiones límbicas, sus hijos, sus otrosyos, sus aliases. Nuestras extensiones límbicas.
Neil Halstead se sentó -muy cansado, después nos enteraríamos- con su guitarra, su gorra de béisbol y su barba. Se sentó con absoluta humildad a abrir esos mundos. Se sentó con la paz absoluta y la seguridad del que sabe cuál es su misión. Preguntó con parsimonia cómo había salido un partido de fútbol y confesó lo leve, alegremente intimidado que se sentía. Después, con una cerveza de por medio y todo el cansancio, nos contaría que estaba acostumbrado a tocar en lugares bulliciosos, con gente hablando a todo volumen. Lo nuestro había sido raro: decenas de ojos mirándolo, silencio espectante y expectante. Eso fue antes de que una de nosotros -bella, misteriosa- le contara que había elegido su casa por culpa de él: de todas las opciones, sólo optaría por la que mejor funcione con su música como banda sonora. Y eso fue lo que hizo.  
Fue Neil el que abrió el juego, pidiéndonos que sugiriésemos temas. Return to Sender, gritamos, sin dejarlo terminar. Y así abrió un zigzagueante recorrido por toda su carrera, con alguna parada en estaciones ajenas, como DamienJurado-landia.
Fue Neil el que hizo que nos sintiésemos en comunión, como una unidad compacta, como una tercera persona del plural. Y no, no éramos nosotros contra él. Éramos nosotros con él.
La noche terminó en otro lado, en un bullicioso bar mexicano, con algunas cervezas de por medio. Neil estaba cansado pero quería hablar al menos un poco, preguntarnos por los que le hablamos al final del show, escuchar nuestras impresiones sobre lo vivido. No nos quedó otra que sacarnos una vez más el sombrero. No nos quedó otra que decirle todo lo aquí escrito. No nos quedó otra que agradecerle, profundamente, por una noche distinta. Tan distinta que sólo los que la vivimos -los de la tercera persona en plural- sabremos de qué se trata. Como verdaderas extensiones límbicas...

Neil

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Ahí estaban los tres CEOs de Encerrados Afuera en una noche esperada por años viendo a unos de los músicos más importantes de nuestras vidas. Como decíamos en un asado anterior sin siquiera sospechar que Neil nos vendría a visitar; Halstead es el músico que año tras año y renovación tras renovación del Mp3 o el formato que sea siempre está. Hace unos 15 años o más. Nuestro pulso. Slowdive; Mojave; Neil. Un concierto que recordaremos por años. Eramos menos de cien personas. Llevarla a Silvana era un poco hacer trampa; aprovecharme de la magia de otro. Hay muchas probabilidades de que me quieras un poco más después del concierto le advertí peró. And she did. Cómo no. Excusas para viajeros; durmiendo por los caminos; durmiendo con los ojos abiertos. Algunos nombres. Llegamos temprano y Neil, guitarra en la espalda, salía a buscarse un bar a dónde ver el partido; cómo es que no ganaron nos preguntó mientras afinaba. Una guitarra, unos pedales y una armónica que se le enredaba en la barba. Y allí, en ese eco, estaba Slowdive y los sonidos que nos hacen volar sin drogas. Aunque se habrá dado sus buenas biabas. Entonces el Mantra de Martha es mucho menos romántico y más duro: Lo único que le pregunté es si tenía un remedio para mi dolor/ oh, el dolor/ el cielo es el único lugar abierto cuando todos los bares de la ciudad están cerrados/ el cielo es el lugar que nunca encuentro. Eramos unos pocos afortunados. ¿Para qué más?? ¿No es acaso perfecto? Si; el lugar es chico y acogedor (salvo los precios de la carta que dan risa); somos un grupo de amigos; una reunión de egresados. ¿Puede ser mejor? Una tras otra las canciones que queríamos escuchar y pedíamos. Todavía no salgo del efecto residual de esa puerta abierta por un tipo que hace canciones y tiene una voz que viene de otro lado. Y que un tipo que no puede no gustarte y tan importante por lo que significó y significa para tantos otros músicos (la indietrónica nació de un homenaje a Slowdive escribió un crítico americano) pase tan desapercibido para la mayoría me deja sin palabras; me gusta y me asusta. ¿Cuál es el verdadero mundo? Si Neil Halstead llega casi a mi puerta, si nos podemos tomar un trago a la salida del concierto, si veinte años de una carrera que se reinventa cada vez y algunos podemos ser testigos; algo bueno, muy bueno; está sucediendo.
Dj malhumor.