miércoles, noviembre 9

Diarios del futuro. The Future, de Miranda July.

El futuro es ese lugar aplastante en el que habitan muchas calamidades. Está la muerte sí, pero también hay cosas importantes, que de verdad asfixian, que provocan pánico, vómitos y diarrea. El futuro es el lugar de la responsabilidad, del abandono de los sueños, del asentarse, de la cotidianeidad ad infinitum. Cuando Sophie (Miranda July) y Hamish (Hamish Linklater) oyen, como hipótesis poco probable pero no por eso menos sentenciadora, que el gato enfermo que van a adoptar podría vivir hasta cinco años más, el futuro se les cae encima. Tienen 35, cuidan al gato cinco años y ya tienen 40. Los 40 son los nuevos 50. Y ya está, el tiempo se acabó. Pero gracias a la burocracia de la adopción de mascotas con capacidades diferentes aún tienen un mes para lograr todo lo que no lograron en su vida hasta entonces. No va a ser fácil, los sueños son difíciles de cumplir, más en un mes y más si uno no tiene muy en claro cuáles son esos sueños.

La pareja protagónica de The Future es algo extraña. Parecen exasperantemente excéntricos, pero no son hipsters queriendo ser originales. Son niños. Juegan, pierden el tiempo, no sientan cabeza pero tampoco se niegan a hacerlo. Simplemente viven y dejan las horas pasar. Hasta que ese gato del futuro los manda inesperadamente a la adultez, la vejez y la muerte.

El gato es un personaje importante de la película. Tanto que de alguna manera él ES el futuro. Narra en off, en una absurda voz temblorosa e infantil perpetrada muy obviamente por la misma Miranda July, su ilusionada cuenta regresiva para la adopción. Sus nuevos dueños y las nuevas caricias que no vienen, pero que están ahí, está todo ahí, al alcance de las manos o en todo caso de sus patas (de las sanas al menos). ¿Es un gato tierno, el gato de la esperanza? Sí, pero también es el gato bomba de tiempo, el gato de la muerte. Hermoso.

En la vertiginosa carrera por darle sentido a sus vidas, probarán distintas estrategias. Atender los golpes de suerte o “señales” y seguirlas ciegamente, abandonarse y armar una familia o mejor aún, agregarse a una ya armada, hacer algo por los demás e incluso detener el tiempo literalmente, hasta comprender que si bien el paso del tiempo angustia, el tiempo detenido es aún peor.
(Algo que quizás desagrade a los indies más cerrados, a los vigilantes del realismo yanqui mumblecoriano es cierto derrape mágico. Pero es un derrape válido, el derrape del tremendismo y las soluciones mágicas que marcan la imaginación y realidad del obseso que no puede creer que ya se esté por morir (aunque falten 50 o 60 años), que no tiene lo que quiere y que encima puede perder lo que tenía).
The Future es una obra imposible de desentrañar por entero. Es una obra maestra de una verdadera genia. El universo de la película es viscoso e inasible, se forma a partir de una confusión de miedos, certezas, pensamientos mágicos y tiene como pobladores a unos personajes que llevan la desesperación con ternura, como si comprendieran el absurdo que los contiene pero no pudieran dejar de habitarlo. Como en Me, and You and Everyone We Know, Miranda July elige el humor como forma. Comprende que hay obsesiones que son muy serias como para tratarlas en serio. El humor le permite tomar distancia, ser conciente de su absurda lógica, pero sin perder una fuerte empatía con el sufrimiento de los personajes. Son patéticos y geniales al mismo tiempo y el mismo absurdo de sus obsesiones nos conecta con ellos, nos los hace más humanos.
Por supuesto que la película no nos propone autoayudas para sortear estos sufrimientos. En realidad no sólo no nos brinda respuestas, sino que tampoco nos deja preguntas. Sólo nos deja una sensación de perplejidad y melancólico desamparo ante la irremediabilidad de nuestros tiempos. La única cura para el futuro parece ser su muerte, su anulación. Pero éste se reinventa, nos ilusiona y angustia al mismo tiempo, y nos vuelve a romper el corazón. Es como canta Antolín en “Diarios del futuro”: “El futuro ya pasó. Y ahora estoy esperando que vuelva”.

#Para ver el futuro no necesitás bola de cristal. Podés hacerlo el miércoles 9 a las 17.45 en Paseo 3 y el sábado 12 a las 0.30 horas en la misma sala.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

The future de Miranda July me pareció un fiasco (nena indie pseudo conflictuada q se hace la rara pero no dice nada)Realmente me enojo esperar hasta las 24hs mas 20 minutos de atraso; para ver a esta amelie indie.

pd; Ideal para todo indie hypser que quiera diferenciarse de los demas y que se identifique con pose neurotica y mensaje idiotizante.

Fritz

Juan Upma dijo...

Es bastante fascista decir que algo es para (coloque aquí una descripción peyorativo o insultante). Pero todos lo hemos hecho alguna vez, así que te perdono (?)

Creo que hay mucho más detrás de eso,o sea sí son preocupaciones indies (e igual yo no te quiero asustar pero los que saben quiénes son indies o hipsters no son precisamente "del pueblo". Andá a compartir tu furia contra Miranda july con un grupo de camioneros de la matanza, te vas a sentir sapo de otro pozo de aviso) pero la cuestión es lo que hace con eso, y creo que se burla sin dejar de empatizar, dejándo esas obsesiones en evidencia, en todo su absurdo pero sin por ello dejar de reconocer que duelen. Por otra parte, no creo que el miedo al futuro sea una sensación poco comun y de todas maneras tampoco creo que todas las películas deban hablar de Grandes Preocupaciones del Mundo Mundial. Saludos