miércoles, noviembre 16

The Nostalgia

Mientras escribo estas líneas estoy viajando en tren hacia Constitución, en un servicio modesto pero digno, que le agrega espacio y comodidad a la siempre gratificante experiencia de dejarse llevar por el arrullo ferroviario. Además me permite saciar un nuevo vicio, el de ir haciendo “refresh” en la lista de redes wifi disponibles cada cierto rato, para divertirme con los nombres que van apareciendo. Así se suceden un “Magdalena Virtual Ferreyra”, un “Gomería Gómez”, un “ClaudiaLinksys”, dándome pequeñas infomaciones sobre vidas que no conoceré jamás. Pero basta de este derrape futurista y soñador, hablemos de lo que fue el festival. Bueno, yo hablo, ustedes escuchan. Ya saben cómo es.
Gracias a la gigantesca infraestructura de Encerrados Afuera, y especialmente a las secretarias, los abogados, arquitectos, coachs ontológicos y robots asesinos que forman parte de su staff finalmente pude hacer mi debut en Mar del Plata. No sólo en el festival, sino en la ciudad que a pesar de mi larga edad nunca había visitado. Acostumbrado a la furia del Bafici, el mardelfest se me presentó apasionante pero amable, bucólico, casi comunitario. Sin salas llenas (salvo los últimos días), sin locura fraticida en las boleterías, ni corridas para tomar subtes, colectivos o taxis que te lleven a la otra punta de la ciudad (todo está cerca), con la tranquilidad que dan las varias pasadas por película, el MDQFEST transcurre sin que cambie mucho la vida de la ciudad ni de sus habitantes, siempre entregados a bailar wachiturros en la rambla o a comerse un cagnoli ahí en la heladería Italia. Por mi parte, entre las ojotas, la playa, la comida rápida, los boulevares, la sensación fue muy vacacional. Agregarle lo extraño y efímero de los viajes al ritual cinéfilo convirtió la experiencia festivalera en una muy placentera suspensión de la realidad. Y no es justo decir que toda suspensión de la realidad es placentera. Si no pregúntenle a Keanu Reeves. Y no estoy hablando de películas.
Lo que me dejó el festival
Primero que nada una gran cantidad de papeles y entradas usadas que atesoraré junto a miles de folletos de rotiserías chinas y apuntes que nunca leí , y que conforman mi dote de ropavejero de clase media. Pero además me dejó encontrarme con muchos amigos, el recuerdo de 2 o 3 películas fascinantes (Gremlins 2 que no recordaba para nada, The Future, Crazy Horse), conocer maravillosas salas (Básicamente el Ambassador 1. Me gusta que tiene nombre de Superhéroe o de figura que infunde respeto. “Es una tarea para The Ambassador”), cabecear los centros que me tiraron Chantal Akerman o Sokurov, dormir mal en una bolsa de dormir en un departamento vacío, ir a la playa los días nublados, hacer amigos nuevos, hacerme el boludo con viejos conocidos, llenar baches, escribir párrafos interminables para este blog, etcétera.
Pasó un sólo día, y si bien los últmos días ya estaba cansado y me dolía la espalda y quería volver y mamá no quiero ir a la escuela, ahora extraño. Extraño, entre otras cosas, esa sensación de que todo se vuelve cinematográfico. Admito que es algo que no desaparece por completo fuera de la temporada de festivales, pero durante esta época se potencia a niveles exasperantes. Estar tranquilamente en la playa semivacía, comiendo un sanguchito y oyendo el murmullo lejano de los pibes jugando a la pelota significa estar por un rato en una de Agnés Varda. Los diálogos torpes, que incluyen intentos frustados de resumir tramas y polémicas interminables, anuncian lo obvio, que estoy dentro de una mumblecore. Conversar a las siete de la mañana con un policía marplatense sobre la suerte de un hurón agredido por los perros es un momento medio rejtmaniano. Asesinar prostitutas sádicamente significa que Sono Sion se hizo cargo del rodaje. En fin, todo lo que uno hace cotidianamente adquiere una sensación cinematográfica, y está buenísimo, claro.
Y sí, es así como usted está pensando. Los viajes y sus regresos te ponen así, te vuelven un pelotudo, pero hay que saber aceptarlo, no es tan grave. Yo simplemente quería compartir con ustedes algo de la ilusión cinematográfica que implicó para mí participar de este festival, saludar a todos los que me conocen y decirles que si no van el año que viene, aunque sea un fin de semana, son unos soberanos forros.

1 comentario:

e dijo...

voy, el año que viene voy seguro